Mundo de la Vida

Los esquemas de la colonialidad

Por Roque Santos

Acogiéndonos a la acostumbrada distinción entre colonialismo y colonialidad quisiera hablarles hoy de los esquemas mentales que heredamos y reproducimos a través de diversos dispositivos y prácticas individuales o colectivas. Recordemos que el colonialismo es un modo histórico de dominación mientras que la colonialidad es la continuidad del colonialismo una vez que las colonias logran su independencia a través de ideas, creencias, prácticas, imágenes, cosmovisiones, maneras de ser… Si bien la situación histórica del colonialismo ha mermado o se ha transformado en nuevas relaciones de dependencia cultural y económica, sus rasgos más patentes perduran como condiciones hegemónicas de saber, de poder, de ser y se perpetúan por la transmisión y reformulación de los antiguos dispositivos en nuevas formas de colonialidad.

Uno de los primeros esquemas mentales heredados del colonialismo es la idea de una diferenciación social y moral ligada a las condiciones “raciales” de los sujetos. El color de piel supone ya unas situaciones históricas fruto de relaciones de poder amo-esclavo que discrimina sustancialmente a los que se aproximan al color del esclavo. Bajo esta lógica resulta claro que la tipificación gradual del color de piel sea un esfuerzo de clasificación en la que el sujeto se concibe en términos de su cercanía o no con el amo blanco o, en su defecto, con el esclavo negro. Miremos el refranero criollo y constataremos expresiones que encarnan y reproducen este esquema: “El negro la hace a la entrada o a la salida”, “Es negro, pero con un alma blanca”, entre otros.

Bajo esta montura de diferenciación racial aquel que tiene la piel blanca se sitúa en una estética superior al de piel negra, por tanto, los rasgos de la belleza natural del colectivo se reducen a los rasgos tipificados del grupo racial dominante. En esta asimilación estética y social de los rasgos dominantes como rasgos de la población blanca emanan las prácticas y dispositivos recurrentes para la “blanquerización” de las costumbres y del propio cuerpo en términos del aparecer ser. No se sorprenda usted si en el más caluroso domingo de un verano tropical cualquiera observa a más de uno con saco y corbata en misa y a más de una con el pelo lacio. El esquema mental de la blanquerización de la raza y las costumbres ordena que se mejore la descendencia en los casos en que el hombre es negro y si es blanco está vetado el casamiento con una negra.

Nuestro celebrado complejo de Guacanagarix es un esquema mental que permea la vida social y profesional en el país. Los saberes nos vienen de forma pasiva de los distintos centros de producción de conocimiento, así ha sido por siglos. En la medida en que podemos captar al otro no-nuestro frente al profesional nacional (sin importar que esté mejor preparado) lo percibimos como una doble ganancia que legitima la propia práctica profesional. El extranjero siempre está mejor capacitado que el profesional criollo, por tanto, para darle validez al proyecto académico nacional este debe estar tutelado por asesorías de un profesional extranjero.

Una de las razones claves para comprender las dificultades atravesadas en el orden democrático no solo en nuestro país, sino en toda América Latina es la ambigüedad frente a la ley y la asociación de su cumplimiento al ejercicio legitimado o no de la violencia. La ley debe ser aplicada al otro distinto a mí y para hacerlo es necesario la mano dura. De lo contrario, trabajo arduamente para “chancear” lo establecido legalmente. Este esquema estructural de ambigüedad frente a la ley se forja en el hecho de que nacemos a un estado-nación débil por la carencia de un proyecto nación unificado.

Estos tres esquemas mentales que he trabajado anteriormente no son los únicos. El mundo cultural de los pueblos es complejo y diverso, por lo que es posible descubrir más esquemas mentales ligados a nuestra condición histórica heredada. Podemos rápidamente agruparlos ligados al catolicismo, al patriarcalismo y al desarrollo, de un lado más formal en términos conceptuales, y los ligados al juego, al arte en general por el lado más práctico y cotidiano.

Estos filtros deben ser estudiados y contrarrestados por un pensamiento crítico que surja de una perspectiva decolonial e intercultural.

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