¡Qué quieren que les diga! a mí me encantan, es más, me fascina tragarme enteritos los discursos que dan los presidentes en las tomas de posesiones, o cuando rinden cuentas de lo que han hecho durante sus gobiernos. Son como unas enormes inyecciones de optimismo para levantarle las defensas a los ciudadanos que generalmente las tenemos estar bajas por las dificultades del diario vivir.

Es más, hasta deberían ser recetados por los médicos y vendidos en las farmacias y boticas populares contra los casos de desmoralización severa, y también deberían elaborarse en forma de tabletas para poder tomarlas a cualquier hora del día, cuando, por ejemplo, uno está capturado en un tapón de la 27, o cuando recibimos la factura de la luz, una de las pocas cosas que aquí llegan con cruel puntualidad.

Esos discursos, son verdaderos y potentes antidepresivos que, además, resultan gratuitos, basta con conectar la radio y televisión, poner la mente en blanco y recubrirla con varias capas de la más ingenua y alienante credibilidad.

Hay disertaciones de los altos mandatarios que son auténticas obras maestras del género de las utopías que ya quisieran haberse inspirado en ellos Campanella en su famosa Ciudad del Sol, o losmismísimos Aristóteles y Platón cuando escribían sobre estos temas del idealismo. La pastoril Arcadia de Sannazaro, ese remanso de tranquilidad donde se refugió el joven Sincero en la región del Peloponeso, buscando la paz espiritual por sus desdichados amores, es una chivita jarta e´ jobos si se la compara con los paraísos que prometen los altos dignatarios cuando, también por ejemplo, dicen que eliminarán con mano dura  la violencia en el  este país, que para muchos de sus hijos es un valle de lágrimas debido a la criminalidad.

Los presidentes al ponerse la banda, siempre dicen que todo lo de antes ha funcionado de maravilla, si el pasado dignatario era del mismo partido, y que ellos, los ganadores, los grandes césares,en los próximos cuatro años los perros se atarán con longanizas, y el maná caerá del cielo los lunes, miércoles y viernes, con tanta abundancia, que serán necesarios dedicar los martes, jueves y sábados para recogerlo con palas y carretillas, dejando el domingo para disfrutarlo a manos llenas, a su lado, los fabulosos cuentos de las Mil y Una Noche se quedan chiquitos.

Y si el que se pone la ñoña es del partido contrario, entonces lucharán contra los enormes déficits heredados en todas las áreas del gobierno,  producidos por la impericia y la corrupción de los anteriores dirigentes. Recordamos, de nuevo como otro ejemplo, aquel Nueva York chiquito que se nos trató de vender en su momento, una propuesta que más parce el fruto del delirio de una resaca mariguanera, que un pensamiento de un político al que se le debería suponer medianamente inteligente. Más le hubiera valido pensar en un Santo Domingo Grande, que nos convenía y necesitamos.

Dicen que el titanio es uno de los materias más resistentes que existen, pero no es cierto, si se coloca una barra de ese metal de 10 pulgadas de diámetro resistirá muchos quintales encima, pero con más peso se llegará un momento que se doblará sin remedio, sin embargo una simple hoja de papel aguanta todas los miles de toneladas de disparates que le escriban encima y ni siquiera se produce la más leve arruga, por eso dicen con toda razón que el papel lo aguanta todo, incluso el peso los pesados discursos presidenciales.

Y después de leerlos o recitarlos vienen los comentarios de los partidos y líderes opositores, que si es lo mismo de siempre, que se quedó corto en este o aquel punto tan importante, que repitió el mismo rollo adormecedor de costumbre, que el nuevo gabinete formado son los mismos perros con distintos collares…

En fin, lo dicho, nada como engullirse una perorata presidencial como para subirle a uno la moral, la autoestima y hasta la bilirrubina, pues el futuro a partir de esos momentos estará lleno de vinos y rosas. Claro que, los primeros, los caldos, se pueden subir a la cabeza, y las segundas, las flores, están llenas de espinas.