Al iniciarse el lunes la Convención Nacional del Partido Demócrata, dos hechos prevalecían en la noticia. La renuncia de la Presidenta del Comité Nacional de ese partido, la congresista floridana Debbie Wasserman Schultz y el anuncio de la selección dell Senador por Viginia Tim Kaine como candidato vicepresidencial demócrata.

La renuncia de la congresista Wasserman Schultz se produjo por una serie de correos electrónicos que indicaban que el Comité Nacional, bajo su dirección, había favorecido la nominación de la exsecretaria de Estado Hillary Clinton. Curiosamente, algunos líderes demócratas acusaron al gobierno ruso de Vladimir Putin de haber “hackeado” los correos para favorecer la candidatura del magnate Donald Trump. No debe olvidarse que ambos políticos han intercambiado elogios.

Pero ese no es el tema principal de este artículo. Existe una larga historia de problemas en las convenciones de los partidos en Estados Unidos. La de los republicanos, celebrada la semana pasada, se caracterizó por todo tipo de problemas, hasta por gritos estentóreos, que se repetían a cada instante, solicitando encarcelamiento para la señora Clinton, lo cual me hizo recordar los gritos de “Paredón, Paredón” que repetían las multitudes en mi país natal después del triunfo de una revolución. Ojalá no se produzca algo parecido en la convención de esta semana.

La gran noticia del fin de semana fue el extraordinario discurso del recién anunciado candidato vicepresidencial demócrata Tim Kaine. Fue una sorpresa para todos. Se conocía de su impresionante curriculum vitae y de la simpatía y aprecio de que disfruta en su estado de Virginia y entre miembros de ambos partidos en el Senado. Pero su carisma y su fabulosa oratoria no eran de conocimiento general.

El discurso de este político moderado, misionero laico católico en Honduras durante su juventud, cuando trabajaba allí para una misión jesuita, fue probablemente el mejor que se ha pronunciado hasta ahora en esta campaña electoral. La candidata Clinton lo presentó en un acto masivo en la Universidad Internacional de la Florida (FIU) en Miami el sábado.

La forma en que Kaine enfrentó los argumentos del candidato Trump, las críticas que le hizo sin acudir a la ironía o a las ofensas, su dominio del español, su compenetración con los hispanos, su defensa de la legalización de los inmigrantes indocumentados, la historia misma de su vida y su compromiso social, muy bien explicado, lo convirtieron en una de las más potentes armas a que cualquier compañero de candidatura puede aspirar.

Kaine señaló la importancia de su fe católica en su vida y en su carrera política. Con gran efectividad relacionó la fe metodista de la señora Clinton con su propia experiencia personal como católico, entendiendo que ambos han practicado las enseñanzas tanto del metodismo como del catolicismo a favor de los pobres.

Un momento emocionante para los hispanos lo constituyó su declaración de que los inmigrantes hispanos merecían respeto y agradecimiento por haber escogido a los Estados Unidos como su nuevo país, lo cual, según él, honraba a los estadounidenses. Declaraciones muy diferentes a las hasta ahora hechas por sus rivales del otro partido.

Bueno, en política se dicen y prometen muchas cosas y falta mucho terreno por recorrer y demasiados temas que tener en cuenta en la polémica e inusitada campaña electoral. Pero resalta el hecho de que se ha escogido quizás al candidato ideal para acompañar a la que hasta ahora parece favorita para las elecciones de noviembre. Asunto este último sujeto a coyunturas e imponderables.

Mucha controversia, polémica, ataques, sorpresas, revelaciones, exageraciones y hasta un lenguaje poco respetable ha sido utilizado por algunos durante estos días, pero Tim Kaine, senador, exgobernador y vicegobernador de Virginia, exalcalde de Richmond, exmisionero bajo el patrocinicio de los jesuitas, amigo de protestantes y judíos y de clara tendencia progresista, no llena los requisitos de los más liberales en su partido, pero reúne la condición más importante de un candidato vicepresidencial, la de no hacerle daño a la aspiración de su compañera en el “ticket”.

No me hice ilusiones con Trump y no quiero hacérmelas con Kaine y su colega de aspiración. La vida me ha enseñado a no creer en caudillos providenciales, “salvadores de la patria”, “máximos líderes” de derecha e izquierda, demagogos y políticos o revolucionarios profesionales. Lo que escribo sobre el senador Kaine es con un carácter muy preliminar, sujeto a los inevitables cambios y decepciones que caracterizan a la política.

Es temprano para estar seguros de algo en particular, mucho menos de quién resultará victorioso o de quién será el mejor gobernante del futuro, pero la de este fin de semana parece haber sido una selección interesante..