No me agradan los concursos de belleza, ni sus conceptos, ni sus funciones, ni sus manejos.

Cuando comencé a trabajar como periodista en Santiago -hace varios siglos- me tocó cubrir algunos, porque en esa época yo era la única mujer en la redacción de Ultima Hora y por alguna razón -que jamás llegué a desentrañar- como que se sobreentendía que cuestiones relacionadas con reinados de belleza, modas y “sociales” -que no me interesaban ni siquiera por mal- eran asuntos que me concernían a mí. No me opuse explícitamente a ello, pero de todas formas el mal entendido no duró mucho tiempo.

La última vez que me mandaron a cubrir un concurso de belleza fue cuando “coronaron” “Miss República Dominicana” a una chica llamada Carmen Rita, quien años después se casaría con Álvarez Renta, detalle del que me enteré hace poco, leyendo el expediente delincuencial de Álvarez Renta. Era la época en que el entonces dueño del concurso, el hoy desmantelado Leonel Almonte, andaba llevándose el mundo por delante -y al país entre los dientes- con un primoroso peinado, moldeado a blower y sellado con tanta laca, que parecía poder resistir los embates de un tifón.

De la noche del concurso, celebrado si no me equivoco en el “Centro Español”, de Santiago, solo recuerdo que los vestidos de las concursantes me parecían atroces (como armaduras recubiertas de lentejuelas) y que las preguntas que las veteranas periodistas de “sociales” le hacían a la “reina”, me dejaron atónita.

La primera que se abalanzó sobre la recién “coronada” jovencita le espetó : ¿Qué tú opinas sobre la vida? Esa es una pregunta que ni Einstein habría respondido sin reflexionar un poco, aún cuando no estuviera encaramado en unos tacos de un metro de alto y su pensamiento no estuviera obstaculizado por unos aretes de 15 libras de peso cada uno y una corona de 8 libras extras, que amenazaba con derrumbarse de la cabeza de la elegida cada medio segundo.

Y el interrogatorio seguía -conmigo en el medio, arrastrada por el molote, incapaz de decir ni esta boca es mía-. ¿Te sientes identificada con las características de tu signo zodiacal?  ¿Es verdad que has avistado Ovnis?¿Qué es lo primero que le vas a un hombre? ¿Cuál es tu cantante favorito?¿Qué número de zapatos usas?

No recuerdo cómo la chica salió de ese atolladero y no sé exactamente lo que escribí yo sobre aquél despelote surrealista, en el que me sentía como un náufrago en medio del océano de lo absurdo.

Sí recuerdo que el reportaje tenía un tono un poco sarcástico… y que jamás fue publicado. Al día siguiente salió una crónica con mi firma, que aunque tenía los datos que había enviado, como el día, la hora, el lugar, el nombre de los protagonistas, los artistas participantes, el nombre de los integrantes del jurado, etc., no incluía ninguna de mis agudas observaciones sobre la atmósfera y el espíritu de evento. Dania Goris -siempre encantadora, condescendiente, comprensiva y amable, quien dirigía La Tarde Alegre, de Ultima Hora, no volvió  a enviarme más nunca a cubrir concursos de belleza. Jajajajajajaja!

Tuve la buena fortuna de perder de vista esos acontecimientos, aunque creo que se volvieron más opresivos y discriminatorios cuando los "arreglaron" y comenzaron a insistir en que ya no solo medían la belleza, sino las "prendas morales", la “desenvoltura”, el “potencial artístico”  y la "inteligencia" de las concursantes.

La evaluación de esta última parte la hacía habitualmente un conductor engalanado (aunque creo que los shows han evolucionado un poco y han integrado alguna presentadora) y que con aires de condescendiente autoridad, de capataz benévolo arreando vacas,  evaluaba a las candidatas preguntando sandeces, que solían y suelen responderse de una forma que combina inmejorablemente con las preguntas:

¿Cuál es el personaje histórico que más admiras? Trujillo;¿Cuál es tu escritor favorito? (Hasta ahora ha sido García Márquez, pero estoy segura de que van a cambiarlo por Paulo Coelho). ¿Cuál es el libro que más te gusta de tu escritor favorito? La Biblia. ¿Cuáles son los padres de la patria? Juan, Pablo y Duarte. ¿Quién descubrió América? El Papa. Si ganas este concurso, ¿A qué dedicarás tu reinado? A luchar por los niños pobres.

En una ocasión, una de las candidatas a miss República Dominicana, por cierto una muchacha de Santiago, muy agradable y tímida, hizo algo realmente memorable, tal vez afectada por un ataque de nervios: se despojó de la parte superior de su atuendo, dejando los senos al aire, lo que desencadenó un escándalo de dimensiones bíblicas.

La misma sociedad gazmoña, que propiciaba y aplaudía la cosificación femenina, repudiaba  que una de las cosas, uno de los objetos, una de las vacas, saltara la cerca y se saliera del guión.

Hace poco llegué de visita a una casa donde tenían puesto uno de esos concursos en uno de esos canales  horrendos de la televisión “hispana” en Estados Unidos y el segmento que vi, era tan humillante, insultante y violento para las participantes, que tuve que despedirme precipitadamente y salir huyendo.

No sé cómo un público y unos medios, directivos y jueces que se escandalizan, censuran y excluyen a quien enseña las tetas o a quien aparece desnuda en unas fotos, tolera con tanta insensibilidad los comentarios abusivos e hirientes, o las actividades ridículas y humillantes a que son sometidas las muchachas, concurso incluido.

Ahora he visto algunas observaciones que me parecen de matices racistas, con relación a la joven que hace poco fue electa “miss República Dominicana”, Yaritza Reyes, quien participó en ese concurso como candidata de Elías Piña.

Yo siento, porque es mi experiencia personal, que la gente, cualquier gente, al margen del color de su piel, de la forma de sus ojos, de si es gorda o flaca, de si es joven o vieja, de si es alta o baja, de si pone o se quita una u otra ropa, nos parece bella cuando la queremos. El amor embellece a quien sea sobre quien se pose. Y también el simple respeto.

Al margen de eso, sin embargo, la joven Yaritza Reyes es preciosa, en su magnífica afro-dominicanidad negra, con la belleza y gracia de una pantera, con su encrespada y ensortijada melena, con sus ojos deslumbrantes y sus rasgos dulces y enigmáticos.

No me gustan los concursos y menos los de belleza, pero me agrada Yaritza y considero auspicioso que República Dominicana se reconozca en su negritud. Y que se guste a sí misma y que se encuentre magnífica y bella. ¡Porque efectivamente lo es!