Desde la Comunidad

Los campesinos de El Seibo: desalojo, abuso y esperanza

Por Rafael Nino Féliz

Los últimos hechos ocurridos y que afectan a los campesinos desalojados de sus propias tierras en El Seibo por parte de un terrateniente en aquella provincia, que es una de las más pobres del país, deben llamar la atención a toda la nación. Frente a los ojos de todo el mundo, una monja es arrastrada sobre el duro pavimento, mientras caminaba junto a otros ciudadanos en una marcha pacífica del Parque Enriquillo hacia el Palacio Nacional, por agentes policiales. Otros integrantes de dicha marcha fueron heridos de manera abusiva. La imagen de la monja María Toribia recorre el planeta.

En el mismo acto, la policía agredió a la hermana dominica, Maritza Folgado, para quitarle la cámara con la que la religiosa recogía las escenas de su hermana maltratada, también dominica, en el más reciente de los tantos abusos contra los sufridos hombres y mujeres arrancados con violencia de las tierras en las que -con amor y sudor- trabajaban antes del cruel desalojo. Ellos quieren y necesitan seguir trabajando para alimentar a sus familiares con el sudor de su frente. Es un drama terrible. No tienen otra salida que no sea volver a la tierra, que es, en otras palabras, volver a la vida.

El hecho narrado llama profundamente a la sospecha, si partimos de que, hace apenas dos semanas, los mismos campesinos fueron asaltados a las tres de la madrugada en el lugar donde permanecían en protesta, en las cercanías del Palacio. En esa ocasión, el absurdo y abusivo pretexto fue el de que los despertaban, a esa hora de la mañana, para llevarlos a examinar, sin que ellos solicitaran tal "servicio". En aquel lugar donde dormían esperando el día, fueron agredidos, montados a la fuerza en camiones; llevados y distribuidos por diferentes

lugares hospitalarios de las dos provincias. Sencillamente querían un desalojo, como siempre, igual al que les hicieron en sus propias tierras.

Luego de una larga lucha durante mucho tiempo, y sin que autoridad oficial alguna de la provincia solucionara el problema, los campesinos desalojados de sus predios buscaron la vía en el Palacio Nacional, donde se encuentra la autoridad máxima del país con los principales funcionarios que administran la cosa pública. Están totalmente conscientes de que el Estado, con una justa decisión, garantiza la devolución de sus tierras. Después de un largo tiempo, un funcionario de los principales del Palacio, los recibió. Cosa que pudo haber ocurrido antes. El hecho de recibirlos alberga la esperanza en el pueblo de que haya una solución al grave problema social y humano.

"No hay de otra". Esta bella expresión creativa del lenguaje popular de nuestro pueblo es uno de los más abarcadores enunciados del nivel de lengua coloquial para expresar, en su pluralidad de sentidos, que estamos frente a una situación difícil, cuando sólo nos queda un único camino, decisión o salida ante la fuerza ineludible de la inevitabilidad de los hechos. El Palacio debe darles una respuesta a los campesinos después de haberlos recibido hace unas cuantas semanas. Eso espera todo el país!

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