Opinión

Los acuerdos ACP-UE y su contribución en las relaciones RD-Haití

Por Renso Herrera Franco

Introducción

La adhesión de la República Dominicana y Haití a La Convención de Lomé IV y a los sucesivos acuerdos de ACP-UE ha tenido impactos importantes para ambos países en forma de cooperación al desarrollo, comercio internacional y de relaciones exteriores. De esa manera pasamos de una cooperación europea al desarrollo casi insistente a finales de los 80’s a entrar al esquema de cooperación considerado modelo en las relaciones norte -sur. El acuerdo asigna recursos de cooperación a nivel bilateral y de igual manera apoya nuestra participación en el programa regional para el caribe, que incluye la posibilidad de proyectos conjuntos entre la República Dominicana y Haití.

Por otro lado, pasamos de tener una participación limitada en el mercado de los países de la Unión Europea, a un acceso libre de impuestos y cuotas para casi el 99% de nuestros productos. En este artículo voy a concentrar más la atención en el proceso de adhesión al acuerdo y su impacto desde la perspectiva de las relaciones internacionales.

Es importante en este momento presentar el contexto histórico de las negociaciones de adhesión a estos acuerdos. Si tomáramos una fotografía de finales de los 80’s, que es cuando logramos firmar nuestra adhesión a Lomé IV, en Togo, vemos un mundo en plena ebullición, con la caída del muro de Berlín, y una presión internacional acentuada hacia la democratización de los países del bloque del este, y de los países ACP, sobre todo de los países africanos, en su mayoría con gobiernos autoritarios y dictatoriales.

La República Dominicana y Haití de la época, eran dos países aislados el uno del otro, y de los esquemas de integración regional, del CARICOM en el Caribe, y en el de Centro América. En ese contexto, para la República Dominicana y Haití realizar una negociación que implicaba lograr el apoyo de 67 países ACP y 12 países de la UE, no se veía nada fácil.

Era evidente entonces que para que la República Dominicana pudiese entrar a Lomé, tenía que desarrollar una estrategia conjunta con Haití, de la misma manera para Haití. Además, los dos países tenían que lograr en primera instancia el apoyo en su proceso de su región, el Caribe, pues de acuerdo a la tradición en los ACP para que un país fuera aceptado tenía que tener primero el apoyo de su región. Del lado Europeo era fundamental tener el apoyo y acompañamientos de las antiguas potencias coloniales, en este caso de España y Francia.

Todo lo anterior, visto desde la realidad internacional de la República Dominicana de hoy parecería relativamente fácil. En aquellos momentos teníamos una relación de tensión permanente con Haití. Nuestras relaciones con CARICOM eran casi inexistentes, y más bien se nos veía como que vivíamos de espalda al Caribe. Inclusive, nuestra relación con Europa se limitaba a muy pocos países de ese continente, en particular, relaciones estrechas con España y casi nada con el resto de la Unión Europea. ¿Cómo pudimos superar todos estos problemas para lograr nuestra adhesión al Convenio? A través de la “Convergencia” de personas y circunstancias en cada etapa del proceso.

Menciono aquí a Maryse Pénette, una persona extraordinariamente importante en todo este proceso. Era Jefe de Misión de la Embajada de Haití en Bruselas y responsable de las negociaciones por su país. Maryse y yo nos convertimos en los mejores amigos y aliados durante todo el proceso de negociación. Intercambiamos información, estrategias, trabajamos muy unidos durante todo el proceso, pues comprendimos desde el primer momento que para tener éxito nos tocaba trabajar completamente integrados. Atando nuestras candidaturas se obligaba que quien quería dar su apoyo a Haití lo tuviera que hacer también a la República Dominicana y viceversa.

El Proceso y su contexto:

Haití tenía el apoyo histórico y solidario de los países africanos, del Pacifico y del Caribe. Nosotros teníamos el apoyo decidido de España, que planeaba que la República Dominicana se convirtiera en su caballo de Troya para lograr el ingreso a la cooperación europea de sus excolonias de América latina.

Francia e Inglaterra eran las ex-potencias coloniales más influyentes en los asuntos ACP, pues la mayoría de sus miembros habían sido colonias de una o de la otra. El contexto histórico de la época con la caída del muro de Berlín y la presión internacional para la democratización de los países del bloque comunista y de la región africana dentro de los países ACP, favoreció a la República Dominicana que representaba un país modelo por su estabilidad democrática. Haití por su lado representaba la solidaridad internacional y también un país en vía de comenzar su proceso democrático, ya se veía llagar la elección de su primer presidente democráticamente seleccionado, Jean Bertrand Aristide.

Hay que reconocer que a pesar de las difíciles relaciones históricas entre la República Dominicana y Haití, la mayoría de los participantes en el proceso de negociación de ambos lados de la isla comprendieron la necesidad de trabajar juntos para lograr la adhesión al acuerdo. Las expectativas de obtener las ventajas económicas y de cooperación que implicaba el acuerdo facilitaron el intercambio iniciar que se profundizó cuando logramos entrar al acuerdo y comenzamos a planificar el desarrollo de los proyectos conjuntos que implicaba una multiplicidad de reuniones técnicas en sectores tales como: comercio, turismo, medio ambiente, agricultura, transporte e intercambios frecuentes entre autoridades gubernamentales, municipales, las iglesias y las ONG.

Logramos con el tiempo transformar una relación de confrontación en una de cooperación, en ese sentido, recuerdo un momento culminante de esta transformación cuando estábamos negociando el diseño del programa transfronterizo de medio ambiente. Llegamos a la mesa de negociación con la idea de que el proyecto reproduciría las diferentes actividades de manera que a cada país le tocara la mitad, para que la distribución de los recursos fuera equitativa, pero resultó que el representante de la Unión Europea en la reunión nos informó que ese no era el diseño que tenía en mente la Unión, habría un centro de interpretación en la frontera y que los dos países debían decidir donde estaría ubicado. De inmediato pedimos un receso para coordinar nuestras posiciones y presentar una propuesta. Después de discutir entre nosotros decidimos que tenía más importancia en ese momento el desarrollo de una relación armoniosa con Haití y nuestro voto unánime fue que el Centro estuviera del lado haitiano de la frontera. Regresamos a la mesa y la delegación de Haití habló primero, para nuestra sorpresa su propuesta fue que se hiciera en la República Dominicana.

Esto tuvo un impacto extraordinario entre los participantes, le dimos una lección a la Unión Europea de que estábamos seriamente interesados en trabajar juntos. Esta anécdota circuló entre otros negociadores de otros proyectos transfronterizos e influyó muy positivamente en esas otras negociaciones. También nos ayudó en las difíciles relaciones con los países del CARICOM por la distribución de los fondos regionales, pues la unidad entre Haití y la República Dominicana permitió lograr que se nos asignaran mayores recursos a las relaciones bilaterales.

La cooperación Europea es segura y generosa, pero lenta y burocrática en la ejecución de los proyectos, pero para el caso de las relaciones entre República Dominicana y Haití hasta eso fue favorable, pues hizo multiplicar las reuniones y esfuerzos de cooperación, creando muchas oportunidades para trabajar juntos en sectores fundamentales para nuestro desarrollo y fue ayudando a desarrollar confianza entre los diferentes actores, cimentando así mejores relaciones bilaterales. Durante este proceso se realizaron reuniones además de nivel técnico a nivel político. En ese contexto, se organizó la visita al país del Presidente René Préval y la creación junto al Presidente Joaquín Balaguer de la comisión mixta bilateral, y mucho más adelante la visita histórica del Presidente Leonel Fernández a Puerto Príncipe, marcando la primera visita de un presidente de la República Dominicana a Puerto Príncipe en más de 60 años.

Conclusión:

Desde mi punto de vista, la adhesión a los acuerdos ACP-UE marcan un antes y un después en las relaciones internacionales de la República Dominicana. Gracias a nuestras ahora extraordinarias relaciones con el grupo de África, el Caribe y el Pacifico y la Unión Europea ampliada nos demarcamos de los demás países latinoamericanos pues contamos de manera exclusiva con relaciones institucionales de coordinación, como las reuniones regulares a nivel de Embajadores, de Ministros y de Jefes de Estado ACP-UE, y de la Asamblea Paritaria ACP-UE, que reúne a representantes del parlamento Europeo con un número igual de representantes parlamentarios ACP. Tenemos además una relación estrecha e institucional con el Grupo ACP en Bruselas, con capacidad de promover iniciativas de largo alcance que requieran el apoyo de las regiones representadas en el grupo ACP que se pueden reflejar positivamente en negociaciones en Naciones Unidas o en la Organización Mundial del Comercio.

Los esfuerzos de cooperación con Haití no deben parar, debemos asumir esta experiencia positiva para seguir fortaleciendo las relaciones bilaterales con apoyo de la Unión y también invitando a otros actores, en este momento debe promoverse la creación de programas tripartitos ( Haití-RD-otros países amigos) bajo el argumento de hacer más efectiva la cooperación de estos países con Haití, con la asignación de recursos adicionales para la cooperación transfronteriza, tomando en cuenta que tenemos problemas comunes y que en algunas áreas nosotros hemos logrado avances importantes, que con el apoyo de esos países se puede ayudar a nuestro país a cooperar con nuestro vecino. Hay potencial de cooperación y desarrollo económico en áreas tales como medio ambiente, agricultura, control de plagas, industria de zonas francas, turismo, educación, energía y minas para solo mencionar algunas.

La República Dominicana es quien está más interesada en el desarrollo económico, social y democrático de Haití por sus efectos positivos en la migración, el medio ambiente, comercio, y en la estabilidad de la isla en general.

Vale la pena recordar al finalizar este artículo que aunque la República Dominicana esta mejor que Haití en varios aspectos, seguimos siendo un país muy vulnerable. Ambos países figuran entre los más frágiles del mundo en el Índice de Riesgo Climático 1994-2013, Haití ocupa el tercer lugar entre los Estados más vulnerables, y la República Dominicana ocupa el lugar número 8, razón para preocuparse y para parafrasear al Presidente Emmanuel Macron de Francia, “No existe un planeta B “o lo que es lo mismo una Isla Quisqueya B.

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