Cuando Joaquín Balaguer retornó al poder el 16 de agosto de 1986 marcó su ruta: continuar su programa de construcción de obras de infraestructura (hidroeléctricas, escuelas, hospitales y carreteras), que era la segunda parte de su criticada política de “varilla y cemento” entre 1966 y 1978.

Aunque la economía venía sacudida por los desaciertos y la corrupción del gobierno de Salvador Jorge Blanco, quien además había desbordado la represión con un muy alto saldo en muertes, heridos y encarcelamientos masivos, Balaguer decidió construir las presas de Jigüey y la de Aguacate en el curso bajo del río Nizao sin recurrir a financiamiento externo.

En el caso de Leonel Fernández, a su llegada al gobierno en agosto de 1996, inició obras de “modernización urbana” principalmente en Santo Domingo (túneles y elevados) sobre la base de financiamiento externo y un paquetazo impositivo que doblegó a grandes masas de la población.

Hipólito Mejía, al asumir la Presidencia el 16 de agosto de 2000, prefirió impulsar pequeñas obras en gran parte del territorio nacional, pero igualmente financiadas esencialmente por préstamos externos.

Aunque la característica de Mejía, su sello particular, fueran las extravagancias incluso contra ciudadanos muy respetables a los que cogía “de relajo” en los actos públicos y frente a la televisión, su recuerdo lo asocia con la estampida de precios (de alimentos, servicios y divisas) que siguió al manejo de la crisis bancaria que sacudió el sistema financiero nacional y que estalló en mayo de 2003 con la quiebra de Baninter, para poco después dar paso a las de Bancrédito y Mercantil.

El regreso de Fernández al poder en 2004 llegó acompañado por un incremento significativo de las grandes obras urbanas (tren subterráneo, más elevados y túneles -ahora llamados corredores-) y algunas autopistas (con cruces a nivel) principalmente en el Este, Nordeste y el Sur.

Naturalmente, esas construcciones las hizo el gobierno con financiamiento externo y soportando la crítica constante de los más diversos sectores nacionales que consideraron que ese dineral debió ir como prioridad a la educación, a la salud y a la inversión en la agricultura.

Para costear las megaobras urbanas como prioridad, el gobierno de Fernández llegó a extremos como el de buscar un financiamiento por 130 millones de dólares sin presentarlo a la aprobación del Congreso Nacional, lo que provocó un escándalo que se conoce como “el préstamo de la Sun Land”, que lanzó al “estrellato” al hoy senador de San Juan, Félix Bautista, y puso en evidencia dependencia del Poder Judicial de las arbitrariedades del Poder Ejecutivo.

El presidente Danilo Medina se juramentó hace cinco semanas y por lo visto hasta ahora, su énfasis va enfocado a problemas sociales propios del feudalismo: enfrentar el analfabetismo y la mala calidad de la educación, titulación de tierras y asistencia para poner a producir el campo.

Es como si el Nueva York Chiquito visto por Fernández desde helicóptero en la pasada campaña electoral fuera un diamante en el basurero en que sigue viviendo la gran mayoría de los dominicanos.

Al nuevo gobernante le será muy difícil proponerse objetivos y metas que impliquen una sangría de dinero como hizo Fernández en el tren subterráneo y los “corredores” porque la situación fiscal que hereda parece ser una cuesta muy empinada que un gobierno como el suyo no puede subir al trote.

La decisión de Medina de impulsar las Pymes con un nuevo marco institucional (creación del Ministerio de Industria y Pymes), la capacitación y un sólido financiamiento, deben provocar un despertar de los pequeños negocios en el país siempre que estos no se vean obstaculizados por la barbarie que significa comenzar a pagar impuestos antes de estas empresitas hacer su primera venta como sucede ahora.

El hecho de que Medina está, y muy probablemente estará durante su gobierno, impedido de buscar una reelección presidencial, le suelta las manos para hacer por su pueblo lo que no hizo Fernández. Atacar realmente algunos puntos de la deuda social pendiente.

Es increíble que después que Joaquín Balaguer (muy lúcido) y Juan Bosch (afectado de Alzheimer y medicado) levantaron la mano del candidato Fernández en 1996 para declarar que “el camino malo está cerrado”, su única razón de ser es gobernar a este país aunque en la foto quede de espaldas a su generación, a su formación inicial y a la esperanza de los sectores que originalmente lo convirtieron en un dirigente político y luego en gobernante.

Ojalá que Medina logre modificar en algo este cuadro que hoy convierte a cada empresa y a cada vivienda en un Estado en pequeño porque cada una tiene que garantizarse individualmente electricidad (mediante la instalación de un generador y un inversor en unos casos, y foco y velas en otros); agua (compra de agua embotellada, tinaco y cisterna), seguridad (verjas, guardián armado y con comunicación, alarma y perro) transporte propio (no porque pueda sino porque el público no es aceptable y el motoconcho peligroso).

Tremenda tarea para el presidente del país de más sólido crecimiento…según el Banco Central, y de las mayores deudas, según el resto de la población.