Apenas tuvo el reconocimiento de su triunfo, apenas alcanza la  legitimidad  y,  antes, durante y después de la contienda interna del Partido Republicano, se creyó ser ya el presidente de los Estados Unidos y se comportó como tal desconociendo el protocolo de Estado al relativizar la autoridad del actual presidente Barack Obama, con sus acciones en paralelo. Comportamiento este, sin lugar a dudas y de manera particular,un fenómeno inaudito en la tradición y la cultura política norteamericana de toda  etapa de transición gubernamental.

Lo excepcionale inusual ha sido de estas elecciones de Estados Unidos de América, el cuestionamiento de Donald Trump  a la credibilidad de las estructuras consideradas en el mundo de la inteligencia militarmás allá de lacategoría de lo mitológico,    las llamadas  agencias de seguridad,  que desde la II Guerra Mundial hasta la era Trump eran invulnerables, incuestionablesy  el predilecto Caballo de Troya sobre el que ha galopado  el poder político, económico, ideológico y militar de dominación de  Los Estados Unidos de América  sobre el  Mundo, categorizada por José Ortega y Gasset como la homogeneización o americanización del mundo(en La Rebelión de las Masas, 1929…).

No sólo la extracción social y el mundo económico empresarial del que procede  el nuevo incúmbete de la Casa Blanca,resulta desconcertante; sino, su estilo impropio, su lenguaje, pensamiento y, sentido de las cosas y de ver el mundo, que  en nada se corresponden con su nuevo oficio político de jefe  de la Unión de Estados más poderoso del planeta.

Ante el escándalo probado de robo de documentos  y complicidad del presidente  Richard Nixon en los mismos, no le quedó otro camino que renunciar y dejar en su lugar al vicepresidente Gerald Ford, quien posteriormente  concedió el perdón presidencial al presidente renunciante.

La tromba Trump, ha puesto en ascuas el formalismo de demócratas y republicanos, que para los fines de una presunta  crisis de la esencia de valores en el convencionalismo político de la sociedad norteamericana ha generado una tormenta de incertidumbres. Trump todo lo despacha y resuelve con un desparpajo que espanta y mete miedo.  Todo  apunta a convertirse en un PUTINGATE el robo de información en los servidores de la campaña del Comité Demócrata, y de igual manera se enrumba a reeditarse el escándalo del pasado con los mismos  actores de víctimas y victimarios del Watergate de la década de 1970, coincidentemente con circunstancias muy análogas. Ante el escándalo probado de robo de documentos  y complicidad del presidente  Richard Nixon en los mismos, no le quedó otro camino que renunciar y dejar en su lugar al vicepresidente Gerald Ford, quien posteriormente  concedió el perdón presidencial al presidente renunciante.

La encrucijada republicana ante la imposibilidad de parar a quien primero pasó el rodillo y arrolló a todos los candidatos internos en sus primarias, combatiéndolos con el clásico método Trump y las mismas armas con que destruyó a Hillary Clinton, su contrincante Demócrata;asumieron los republicanos  la estrategia del  “Mal Necesario”. Mal Necesario de un populismo proteccionista que les  permite hoy tener un poder casi que  absoluto en todos los estamentos del primer Estado Capitalista del Mundo y la Democracia cuasi perfecta que Trump ha puesto en telas de juicios.  El desparpajo de Trump y su desprecio por las agencias de seguridad tanto internas como geoestratégicas,  y la forma en como las   ha ridiculizados ante los ojos  de sus homólogas del mundo, colocándolasde forma despampanante al nivel de Haití o de Burundi, esto es: Fallidas, incapaces, mentirosas e ineficaces, pone al presidente electo irremisiblemente  más temprano que tarde,  a las puertas de un probable Impeachment.