Una de las técnicas más útiles para conocer la calidad del conocimiento de un autor sobre un tema, es leer lo que escribe sobre un asunto en el cual uno tenga un buen conocimiento. Esto permite calibrar no solo el juicio del autor analizado sobre ese tema sino que puede llevar a aumentar, o no, la credibilidad de lo que dice sobre otros asuntos.

Este método o técnica mí nunca me ha fallado. Su pertinencia es tal que uno puede detectar los errores o el arrojo de autores al pasar de temas en los cuales son realmente especialistas o grandes conocedores, a otros donde demuestran ser unos aficionados. Sobre todo, si tratan de sacar conclusiones generales basadas en un hecho mal conocido o erróneamente analizado.

Hay una tendencia muy humana, en los que tienen notoriedad en un área de conocimiento, a tener la audacia de pasar de las fronteras en las que son "autoridades", a otras en las que son, digamos, menos aptos. Uno puede reconocer a una autoridad científica en el campo de la medicina pero eso no implica que sus juicios sobre arte tengan que tener el mismo grado de autoridad.

En las ciencias sociales, como todo está tan imbricado, hay una mayor tendencia que en las ciencias "duras" o físico-naturales, a traspasar esas líneas rojas. Son muy entendibles los intentos totalizadores y generalizadores, y no hay que llevarse las manos a la cabeza por ello. Todos los que escribimos sobre temas sociales y políticos hemos caído y caemos en esa trampa espiritual.

Pero depende de quien lo haga las implicaciones son más o menos graves. Una cosa es lo que escriba un modesto analista y otra cosa es que lo haga quien se autotitula, en su página web, con razón, como un conocido y prestigioso internacionalmente analista y publicista, que escribe en diarios de Europa y América, donde sus escritos son reproducidos.

Moisés Naim escribe desde Los EE.UU., dirige una prestigiosa revista de temas internacionales, y no me cabe duda de que goza del apoyo de todo un equipo para documentar sus trabajos y ya sabemos la calidad de las bibliotecas norteamericanas y de sus fondos bibliográficos. Por mi parte lo leo habitualmente y, muchas veces, coincido con algunos de sus análisis, en otros discrepo, en todo o en parte.

En un reciente  artículo utiliza la República Dominicana para comparar ciertos fenómenos que ocurren allí con fenómenos similares en América Latina. Es realmente interesante ver sus punto de vista, pero es decepcionante –al menos para mí-, lo alejado que se encuentra de lo que verdaderamente ocurre en la realidad política dominicana.

Hipólito Mejía.
Fuente externa

Creo que Naím es un analista que trata de ser lo más serio posible, por ende, con lo que escribo a continuación, no quiero ni intento invalidar el resto de sus análisis pero si trataré de exponer por qué, en su artículo Llegó Papá http://internacional.elpais.com/internacional/2012/02/05/actualidad/1328398069_617593.html incurre en errores de calado.

El lema de campaña de Hipólito Mejía, ¡Llegó Papá!, se puede ver como una muestra de personalismo y, si se riza el rizo, de discurso machista, pero lo cierto es que los lemas de campaña siempre se han caracterizado por tocar las fibras sensibles no las racionales. Y este lema ha sido un éxito. No toca ahora analizar las posibles causas de su suceso, pero los hechos hablan por sí mismos. Prueba al canto. Se ha querido imitar con un eslogan descafeinado: "Llegó Mamá", que no mueve a nadie.

Dice Naím que el eslogan va acompañado de una campaña populista. Seguramente. Al menos en República Dominicana casi todas las campañas desde el 1962 hasta ésta de 2012 se caracterizan por un fuerte marchamo populista. ¡En todos los partidos! Dónde comete un desliz analítico, presumo que porque le han proporcionado datos erróneos, es en decir que "Hipólito Mejía aparece en los barrios pobres repartiendo dinero, ropa o comida".

Los dominicanos saben muy bien, porque lo ven a diario, que el principal distribuidor de dinero y regalos de todo tipo, incluyendo comida, es el presidente Leonel Fernández. Quien incluso dijo en un acto público en New York que iba a disponer de 40 mil millones de pesos extras para ganar las elecciones y que los emplearía, entre otras cosas, en dar decenas de miles de raciones de comida.

En diciembre, con motivo de las fiestas navideñas, fue un espectáculo vergonzoso ver a multitudes reunidas para obtener una caja de dádivas que venían con foto de Fernández en el recipiente. Las fotos de todo esto son asequibles para cualquier interesado.

Hasta ahora el PRD, el partido al cual pertenece Mejía, ha sido el más consecuente luchador por los valores políticos democráticos en Santo Domingo, desde la caída de Trujillo hasta ahora. Eso se puede comprobar en cualquier historia dominicana que no sea una falsificación de los hechos políticos. Y aunque  en el PRD pueden existir atisbos autoritarios, éstos  son más acentuados en el partido de la competencia, el PLD. Si de algo ha "pecado" el PRD, es de un democratismo, a veces cuasi anárquico, que le ha llevado a varias divisiones en su larga historia (fue creado en el exilio durante la dictadura de Trujillo en 1939).

Respecto a la acusación que hace Naím sobre la reelección, Mejía cayó en la inconsecuencia –contra los principios del PRD- de postularse a la reelección. Ha hecho  auto crítica pública de ese acto y ha reconocido que fue un grave error político de su parte, además, fue derrotado en las urnas y hubo traspaso democrático de poderes sin traumas.

¿Qué decir de Leonel Fernández? El también se ha reelegido con éxito. Y aunque renunció a reelegirse para el 2012, debido a que la Constitución prohíbe la reelección sucesiva, agotó los plazos para anunciar, como si fuera una concesión graciosa de su parte, que no se presentaba, y para ello, presentó esa renuncia como un gran sacrificio personal de su parte, ya que, dijo, algunos juristas interpretaban que sí podía hacerlo. Por ejemplo, un jurista colombiano fue invitado al país y lanzó la soberana tontería – sin rubor alguno de su parte-, de que impedir la reelección iba contra los Derechos Humanos.

No voy a entrar a polemizar sobre su idea (de Naím) de que en América Latina se reelige a los malos… ¿Esto ha sido así sólo en AL? ¿Acaso en Europa y en los EE.UU. no se han reelegido gobernantes no siempre ejemplares o modélicos? Es cierto que se necesita más educación política y menos lavado de cerebro por parte de los principales medios y de algunos creadores de opinión, pero es un fenómeno universal que se debe corregir. Muchos demócratas de todos los países estamos enfrascados en dicha tarea, Naím entre ellos, no me cabe duda.

Voy a concluir con el asunto que ocupa a Naím en el último párrafo de su análisis, el ¡Llegó Mamá!, como una especie de contrapartida de todo lo anterior: populismo, machismo, autoritarismo, reelección… A diferencia de otras dirigentes mujeres latinoamericanas como Cristina Fernández o Dilma Rousseff, que antes de llegar a la presidencia tenían una larga trayectoria de lucha y accionar político, la Primera Dama dominicana, independientemente de sus méritos personales o profesionales, que no voy a escamotear –ya  que no es mi estilo menospreciar a nadie-, no se puede ni de lejos comparar con las mencionadas.

Moisés Naím, analista político venezolano
Fuente externa

El caudal político que pueda tener la Primera Dama dominicana lo ha adquirido por simbiosis con su pareja, es decir, por el prestigio, poder y recursos, que ha podido obtener y manejar en función de su estatus legal como esposa del Presidente. La oficina de la Primera Dama ha fagocitado miles de millones de pesos para suplantar funciones que le atañen orgánica y funcionalmente a otros ministerios (Salud, Educación, etc.). Lo ha hecho eficazmente para sus intereses políticos personales pero ha hecho esta tarea en forma de  clientelismo hiper populista, dando al pueblo de manera asistencialista, lo que un estado democrático e institucionalizado debe proveer como parte de una política social bien programada.

Estoy de acuerdo con el llamado final y lo comparto: más mujeres al poder en todo el mundo, esa es una tendencia que se impondrá mientras más  avance la democracia, pero mi deseo  es que lleguen al poder mujeres luchadoras no simplemente trepadoras sociales y políticas. Y eso es aplicable también a los hombres, naturalmente.