El lucro de filmes que se han acogido a esta ley siempre estará por debajo del dinero recaudado para sus respectivas producciones. Un ejemplo es la retribución que hubo de hacérsele a El rey de Najayo, donde el Estado tuvo que reembolsarle lo gastado, mientras el lucro fue inferior.
El Estado se está desprendiendo de cientos de millones de pesos, y de millones de dólares en divisas, y eso no es atractivo para el fisco. Ese dinero es dejado al sector privado para que lo gaste a su antojo, y por supuesto disfrute de algo que deje la taquilla y que no hay que reembolsar a nadie.
El único sector que se ha beneficiado con o sin ley de cine es el exhibidor. Con la ley, sectores como bancos y centros comerciales, telefónicas, y otros comercios se benefician de la publicidad, y sus inversiones no tienen riesgo, pues no son productores, lo mismo le viene bien publicitarse en un filme que invertir en tv, una bachatón, un rapeo, o un reality show.
Hay dos casos de filmes dominicanos que sí han dejado beneficios en todos los sentidos: La Lucha de Ana, y El Hoyo del Diablo. No se hicieron con los incentivos fiscales de la ley de cine; dejaron lucro porque el dinero de sus respectivos presupuestos no vino de las arcas nacionales, y además se movieron con cifras reales y comedidas. En el caso de La lucha de Ana, el filme se hizo con inversión mayoritaria venida del Programa Ibermedia, mientras que El Hoyo del Diablo se realizó en una peculiar forma de cooperativismo en fuerza de trabajo y equipamiento técnico.
Esas producciones nos dicen que el Estado no tiene que despojarse de impuestos para dejarlos en manos del sector privado quien ha demostrado incompetencia para manejarse en producciones cinematográficas cuando en casos como el citado. Asimismo esas producciones nos dicen que se puede producir buen cine de calidad con menos de 250 mil dólares.
Como se sabrá la receta de la boletería no va completamente para el productor. 50% va a manos del exhibidor, que casi siempre es también el distribuidor. De lo que vende una sala de cine en cocalecas y refrescos no le toca ni un chele al productor. Un combo hace mas en un fin de semana en bailes que lo que hace una película dominicana: algunos cobran por la puerta, o simplemente viene patrocinado.
El mal manejo de la Dirección General de Cine.
El Estado destinó 125 millones de pesos para FONPROCINE, un órgano de la DGCINE. Con el 90% de ese dinero no se ha producido absolutamente una sola película dominicana, solo ha servido para el gasto, por ejemplo, de viajes promocionales a festivales donde no se ha llevado películas dominicanas, se ha destinado dinero para dotar a esa entidad de una parafernalia improductiva que si hubiese sido invertido en filmes, tal cuales los citados como exitosos, se hubiese ampliado la base productiva de la incipiente industria, se hubiese abierto plazas de empleo bien remunerado, y hubiésemos tenido al menos diez películas con potencial económico y alto impacto local e internacional. Es decir, si se hubiese tomado 90 millones para producir 10 películas, es casi seguro que cada película hubiese producido lo suficiente para establecer igual número de pequeñas empresas del sector audiovisual. Pero no, hoy tenemos 90 millones de pesos menos y ninguna empresa nueva.
Eliminación de la ley de cine.
En cualquier actividad económica, o usted crea condiciones para que una actividad sobreviva o crea incentivo fiscal, que siempre será un paliativo nunca una solución para implantar un quehacer productivo. El sector que se supone ampara la ley de cine bien puede subsistir debido a que existen las condiciones para establecerse, lo que falta es regulación de distribución y exhibición. La producción de filmes nacionales bien puede sustentarse con ciertos estímulos de Fonprocine, racionalmente administrados. En lo particular estoy de acuerdo en que se deje para después cualquier incentivo fiscal para el sector. Todos tenemos que pagar y que sea el Estado que decida cómo administrar ese dinero, que no lo administre quien ya tiene suficiente para comer y beber en un resort.