República Dominicana ha sido bendecida con el recurso natural más preciado e indispensable para vida: el agua. Muestra es que cuenta con grandes afluentes, tales como los ríos Yaque el Norte, Yuna, Yaque del Sur, Ozama, Camú, Nizao Mao, San Juan, Soco, Artibonito y Macacía.
Sin embargo, el agua es limitada e insustituible, y por tanto corresponde al Estado garantizar su suministro en calidad y cantidad a todos los usuarios, debiendo para ello proteger y conservar las cuentas hidrográficas, acuíferos, cauces y demás fuentes de agua.
Considerando la importancia del agua, fue sometido al Congreso Nacional un proyecto de Ley de Aguas, el cual crea la Autoridad Nacional del Agua (ANAGUA), en sustitución del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI), y también crea órganos regionales con funciones ejecutivas y consultivas denominados Distritos de Agua y Consejos de Cuencas.
La pieza legislativa además consagra el aprovechamiento de las aguas de dominio público mediante concesiones privadas, establece la necesidad de un Plan Hidrológico Nacional a 10 años, un catastro de registro de usuarios, un régimen de sanciones, entre otros aspectos.
El proyecto de Ley de Aguas es conveniente y necesario, y merece la atención de todos.