Estas escasas letras de fin de año,

que darán también la bienvenida al próximo;

pretenden rendir homenaje de perpetuidad

a la solidaridad, a las amistades y a los familiares.

Una vez dijimos que la vida es una epidemia,

que nacemos y de inmediato empezamos a morir;

pero que por encima de todo, lo que hay que hacer es

disfrutar la enfermedad… porque todo perece por ley universal !!!

Un año es eso, una vida, una nacimiento, una enfermedad, una muerte…

Una vida es eso, uno o decenas de años.

Y uno cree estar al borde del precipicio.

Las alertas advierten con malos presagios.

Fue entonces cuando la noche del 29 de diciembre,

escaso de ánimos, te llaman y tocan a la puerta del lugar donde vives.

Entran seis angeles terrenos. No nos conocemos…

Otros seres terrenales estaban ya antes allí.

Una guitarra, cantos de fuerza espiritual, voces de matices cristianos.

La fe, el amor, y la poderosa presencia de una santidad, cayó sobre el ambiente austero del pequeño apartamento donde vivimos.

Las emociones llenaron aquel espacio.

Las lagrimas incontenibles cayeron rodando.

La alegría regreso cargada de una extraña sensación de seguridad.

Por eso, estas letras, de la Columna Estriada de esta semana, última del 2011, serán las mismas letras de la primera semana del 2012…

Y tras ellas correran teclados de agradecimientos eternos como en la plegaria tomista a la que ahora apelo:

"Dame penetración para comprender, capacidad para retener, método y facilidad para aprender, sagacidad para interpretar, y una gracia abundante para expresarme. Dispón el comienzo, dirige el progreso, corona el término…"