El expresidente Leonel Fernández es el político dominicano más exitoso tras la muerte del tirano Rafael L. Trujillo (30-5-1961), según los parámetros vigentes en el mundillo donde le ha tocado lidiar.

Presidente tres veces (1996-2000; 2004-2008; 2008-2012); pilar de la victoria del actual mandatario Danilo Medina y la vicepresidenta Margarita Cedeño, su exprimera dama; presidente del gobernante Partido de la Liberación Dominicana (PLD), luego de morir el fundador Juan Bosch; y con reconocimiento internacional, muy joven, ha alcanzado la cima a la cual todo político aspira.

Pero a lo largo del camino como jefe de Estado,pese a ser repetidamente advertido por críticos mediáticosno desafectos acusó tres debilidades inesperadas por el pueblo que le dio el voto, las cuales, hoy, fuera de Palacio, le representan un potente dolor de cabeza difícil de calmar hasta con la más delicada combinación de analgésicos:

Reacio extremo a cambiar sus jugadores aun en las peores condiciones de cansancio, con el juego casi perdidoy la fanaticada en contra; poco vigilante, si no consentidor, del quehacer de sus funcionarios y de la desconexión de las instituciones con las comunidades; y “criador de cuervos” por excelencia.

Fernández daba la impresión de que solo se preocupaba por llegar a Palacio para luego soltar las riendas de los subalternos de modo que actuaran conforme sus pareceres. Por lo menos, algunos sus ejecutivos provocaban esa percepción al jugar los tres partidos del “béisbol”del Gobierno completos (a veces solo cambiados de posiciones en los tres cuatrienios) con un desandar sobre sus pifias, arrogancia hasta por los poros, nepotismo descarado, enriquecimiento veloz y displicencia con las responsabilidades consignadas en sus funciones.

Tal vez él pensó que tales tachas no serían parte de su vía crucis. Y menos tan temprano como el tramo de los primeros cien días del gobierno de Medina, quien no ha podido despegarse de los bomberos debido a los recurrentes conatos de incendio social registrados en su rancho herido.

Es que ante la parsimonia, la ceguera y la sordomudez de Fernández frente a algunos funcionarios solo preocupados por sonar en los medios, mucha gente, al sentirse despreciada,coció el sancochoamargo de la impotencia, caldo de cultivo especial que la agitación política opuesta (PRD a la cabeza) convertiría después con facilidad en explosión social.

Un hándicap más pesado que un bate 36 cuando el bateador está fuera de forma, fue también la designación en cargos importantes en sus gobiernos de una serie de amigos y amigas del partido de la “sociedad civil” (paquete con empresarios incluidos) que, al echarse las palomas, han terminado como sus más enconados enemigos y enemigas.Y, en términos comunicacionales, la creencia de que dos o tres deslenguados mediáticos pagados, interpretarían el sentir de la población olo re-direccionarían a su favor si era contrario.

Algunos consideran a Fernández, además de hombre frío, calculador y con sobradas destrezas políticas, como meritorio criador de “cuervos” bravos. Carroñeros que él nunca ha podido, sin embargo, domesticar (fidelizar). Por ello no solo sus ojos estarían en peligrode ser sacados en la actual coyuntura de reforma tributaria y acuerdos con el Fondo Monetario Internacional. También el cuerpo social.

Lástima que con esta experiencia tan fresca, algunos funcionarios del gobierno actual repitan los mismos errores

ESO ANDA: LA CENSURA

El intento de criminalización de los delitos de opinión denominados difamación e injuria, por parte del Congreso, debería quedarse ahí: en un intento vano y loco. Por extemporáneo y por revelar el afán de algunos por crearse escudos de terror legales que los conviertan en impermeables a los ataques públicos.

El Colegio de Periodistas, por ley, tiene una función de asesor del Gobierno y debería ejercerla ahora, yendo al grano. Debe reclamar un diálogo con los legisladores para eliminar el adefesio citado.

Pero no olvidar que aquí sufrimos un grave problema de censura hijo de un proceso de corporativización de los medios reflejado en creciente info-xicación, exclusión o achicamiento de los espacios para las informaciones y opiniones adversas; ocultamiento de verdades, diseño de campañas de descrédito en contra de terceros, bajo nivel de crítica; cero intento por buscar y airear las causas reales de los problemas socioeconómicos y de la corrupción; subida de comentarios destructivos por parte de supuestos lectores si convienen a intereses corporativos o personales, en el caso de los digitales …

En los medios televisuales y radiofónicos la anarquía es bochornosa y parece invencible. Es una verdadera apuesta a un cóctel de improvisación,  corrupción y bulla que secuestra de entrada la información veraz en desmedro de una sociedad sana y democrática.

El término auto-regulación para respetar la honra de los demás y el derecho a ser informado, es de uso precario en la mayoría de nuestras empresas mediáticas.

Reclamemos con todas las fuerzas las pretensiones del Congreso de querer limitar la llamada libertad de prensa. Pero aprovechemos para echar una mirada total.

PASION POR MATAR

¿Qué piensa usted de un agente del orden que mientras trata de controlar unas protestas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, activa su arma y grita feliz: ¡Coño, le di a uno en la cabeza, ese no se levanta más?

¿Qué de otro que dispara y dispara su escopeta doce hacia los manifestantes, mientras se desgañita desafiándolos a avanzar hacia él para fulminarlos?

¿Qué de un encapuchado que le dispara sin rubor a un policía como si éste fuera una hojalata, y no un ser humano dominicano agobiado también por las precariedades?

¿Y qué de un oficial indiferente ante la brutal escena?

¿Qué de un oficial que tras perseguir y reducir a la obediencia a un condenado a 30 años por asesinato, rastrilla su pistola y le pega un tipo en la cabeza, como si fuese un muñeco?

¿Y qué de quienes solo observaron?

¿Qué de unos policías que permiten que un reo acusado de mil y una estafas acribille con su pistola al fiscal que lo fue a detener?

¿Es imposible resolver muchos de los conflictos sociales y delitos, sin matar?

¿Provocaría la situación un indeseado estado de odio entre policías y civiles que termine en una carencia de credibilidad y anarquía generalizadas?

Quiero creer que cuando las crisis alcanzan su pico más alto, las soluciones de fondo andan cerca, si hay voluntad. Policía y civiles se necesitan, y mucho. Échele ganas, ahora, Presidente. “Las oportunidades son calvas y hay que agarrarlas por los cabellos”, dice el pueblo sabio.