Una manera significativa de comprender el alcance del desarrollo de una sociedad, está determinada, en gran medida, por las diferencias que existan entre la Constitución Formal y la Constitución Material. Esta determinación de menos a más, nos indica la congruencia entre lo normativo y lo real, entre lo que debe ser y lo que es, entre lo escrito y la realidad. Estamos en presencia de una fortaleza institucional cuando lo legal, lo normado guarda una estrecha relación con lo accionado, que no es otra cosa que lo establecido.

Es también, lo que ocurre cuando las  decisiones de las altas instancias del poder no están en correspondencia con las expectativas de lo creado, de lo fundamentado en la regla; cuando las decisiones no responden a los anhelos colectivos, sino particulares, corporativos e individuales, en detrimento de las aspiraciones societales. Nos encontramos con una ausencia de legitimidad y a menudo de una legitimidad  deformada.

El Estado nuestro actúa como un OGRO cuya base primordial es la de comerse a sus hijos, para permanecer sin bases reales y por lo tanto, en su accionar, sus directivos actúan de manera contradictoria sistemáticamente. Sus sueños no encuentran eco en la realidad y por lo tanto las singularidades de las necesidades de la población se encuentran en una agenda que logra aglutinarse en dos siglos en una sola pasión: El poder por el poder mismo, para enriquecerse, para la ostentación y para una nueva simbología.

Es un poder con parálisis paradigmática, que no desean articular una ruptura que posibilite resolver los problemas estructurales de la sociedad dominicana. Un poder que bloquea la más mínima agenda social–institucional, que nos llevaría a una mejor y mayor felicidad y bienestar social. Una legalidad  truncada, en medio de una legitimidad deformada, da pauta para una crisis de legitimidad, que se constituye en la antesala predilecta de una crisis política y en consecuencia de una difusa gobernancia, que  es la alteración del cuadro, sin llegadas seguras.

La legalidad truncada en su arduo proceso  de dilatación, va generando al interior de la sociedad misma una constelación de individuos contestatarios, empero, al mismo tiempo, individuos que buscan las respuestas a través del comportamiento desviado, merced a la compleja patología social que se desliza de manera gravitante en todo el tejido social de la sociedad dominicana. Estamos llegando, pues, al tiempo de la subjetividad política, que no es otra cosa que una “renovación continua de las pasiones y de los proyectos, ella es una metamorfosis permanente de los cuerpos, es precisamente un hacer. Se abren las pasiones y con ella, la Asunción de decisiones, de acciones. Esa necesaria subjetividad, es lo que nos conexiona con el compromiso y con ello, con la ruptura.

La legalidad truncada impide el necesario Capital Institucional, que es la sumatoria de la Efectividad Gubernamental, de la Calidad Regulatoria del Estado, del Imperio de la Ley y del Control de la Corrupción. Ese profundo déficit del Capital Institucional es lo que nos ha llevado a perder 15 puntos en Competitividad y 28 puntos en Corrupción. El Capital  Institucional, significa los elementos sistémicos de una sociedad, más allá del Mercado, la Tecnología y los Negocios. Por eso, una vez Willian Easterly, se preguntó ¿Si hubiera que elegir un solo indicador para saber si un país es desarrollado o no, cuál sería el indicador infalible? Los más responderían  el Ingreso Per Cápita, pero no es cierto. Otros tantos, dirían que la Educación. Es súper importante, pero tampoco es la respuesta más pertinente. Entonces, cual es la respuesta que encierra las demás  respuestas y al mismo tiempo las trasciende: Justicia, Respeto a la Libertad y a la Propiedad; en otra palabra, el Imperio de la Ley, que es la concreción de la legalidad y la legitimidad. La legalidad en su verdadero origen y la legitimidad, por los resultados y por la participación y el consenso.

Esta  LEGALIDAD  TRUNCADA y LEGITIMIDAD DEFORMADA se expresa, en los últimos días, así: Decisión Tribunal Constitucional con respecto al PNVC; Decisión Tribunal electoral con relación al PNVC y al PRI; Decisión de la Comisión de Observación Electoral y los “188” objetados; Rueda de Prensa del Procurador y el Canciller acerca de un “atentado”; Rueda de Prensa de dos diputados para decir algo… que no puedo escribir, donde públicamente admiten una ilegalidad. El espionaje telefónico a la orden del día. Rueda de prensa del Senador Wilton Guerrero, donde el mismo no se creía lo que decía. Había que verle el rostro. ¡Toda la solemnidad de un Senador! Aprobación de un presupuesto (2012) con un déficit para todo el año de 22,300 millones, y ya van alrededor de 40,000 millones en cuatro meses y no hay repudio a todo esto.

Es el drama de la POLITICA del espectáculo donde los protagonistas somos los dominicanos y que por ello, tenemos la misma agenda ciudadana de hace 30–40 años, añadidos a otras más perniciosas. En La Civilización del Espectáculo, último libro del laureado escritor y Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, nos da luz al decirnos “… para ayudar a los lectores a entender mejor la complejidad humana, mantenerse lúcido sobre las deficiencias de la vida, alertas ante la realidad histórica circundante e indóciles a la manipulación de la verdad por parte de los poderes constituidos”.