Me decía alguien que eso de creer que nos hemos convertido en una ciudad de infinitas opciones era una hipótesis bastante divertida. Todos queremos gastar a diestra y siniestra. Pero no todos calificamos para el codiciado despilfarro navideño, argumentaba.

Al hablar del espejismo del entretenimiento criollo, otros argumentan que hay que manejar un presupuesto que muchas veces deja fuera el turismo gastronómico. Aun así, el carácter de los dominicanos es de tanta fiesta, que muchos quieren decir que “se la están comiendo” en sus viajes citadinos a bares, restaurantes y conciertos. Existe la percepción –en consumo del presupuesto mensual y la salud de las tarjetas de crédito– que hay que “andar” en una ciudad que “no es más linda que Miami”, argumento que sacó de debajo de la mesa una tipa obsesionada con Kim Kardashian y el color de su pelo (caoba como tirando a ébano, según ella).   

Me hablaba de esto cuando me informaba de uno de los mejores pianistas de los últimos años. La crítica que leímos en el Times nos lo advertía: el artista es un especialista en su infatigable instrumento. En algunos de sus videos en YouTube, queda evidenciado su magnífico arte musical y su prodigiosa maestría: quedaba claro que el tipo sabía lo que tenía entre manos, el piano, nunca mejor dicho. Encontré su disco Destination Rachmaninoff, grabado con The Philadephia Orchestra y que saliera al público este 12 de Octubre. El crítico de los conciertos de Trifonov –que nació en la Unión Soviética en Nizhny Novgorov y que estará el 13 de diciembre en la sala Eduardo Brito– decía que uno no podía creer lo que veía en concierto. Y era cierto: este músico nació para interpretar a Bach o a Chopin, así como quizás Marilyn Monroe –digamos– nació para ser seductora o frágil. 

Aclaraba la chica de la postura cinética con gran satisfacción: “Mi esposo le va como al Real Madrid, al Escogido”, terminaba sin el más mínimo remordimiento. La tipa tiene –o tenía, la gente cambia de opinión– la creencia discutible de que este país no es aburrido. Según ella aquí “todo es una chercha”. Y ahí venía la respuesta de cajón, siempre algo un poco siniestra: “este país no es aburrido, lo que hay que tener es cuarto”, frase que encajaría en el arsenal ideológico de un importador dispuesto a ofrecerte todas las facilidades con amables cuotas y grandes ofertas.   

Por su lado, el Banco Central de la República Dominicana instala bombillitos en uno de los árboles de navidad más grandes de la zona del Caribe: “una maravillosa fantasía de colores”. La gente interpreta que la ciudad debe estar revestida de luces como se reviste un biscocho con su cherry. Más conscientes de lo que la gente piensa, los ciudadanos descifran de manera prolongada –y a su modo– una economía que muchos consideran estable y otros desguañangada en los indicadores del World Economic Forum: 82 de 137 países en el ranking de esta organización en la que no todos los economistas confían, sea dicha la ocasión por aquello de que la fuente son los mismos empresarios capaces de decir cualquier cosa.    

Narraba el amigo del bartender que en una tímida y afásica declaración que debió haberse hecho meses antes, la oposición decía que entraríamos el año con más deuda y más intereses. En una hermosa acrobacia hurtada al Cirque de Soleil, la “oposición” había hablado con algunos periodistas para que dijeran lo que se había dicho esa tarde. Trabajaban –según ellos– para “beneficio de las grandes mayorías nacionales”. Pero esto no era suficiente. Necesitaban que la gente supiera que estaban haciendo algo por la patria y se entendiera –de una vez y por todas– que no eran unos impostores. No se habían olvidado del pueblo. Muchos considerarían el argumento como algo tardío y bastante desabrido. Consideran algunos que resultó un discurso manufacturado sin esos tablazos necesarios que espera la sedienta multitud de espectadores dominicanos. Aquí no se le da piña a nadie, decía otro. Se hereda el karma histórico del temor al poder, continuaba de manera lúcida y citaba al trujillismo donde no se podía hablar nada. Asimismito estamos, continuaba.

Un tipo que le iba al Arsenal de toda la vida, expresaba que existía una clara capacidad del Congreso para hacer comisiones de trabajo. No importaban las innumerables críticas de gente que dice que no hacen nada en favor de las comunidades que los eligieron (a los diputados nacionales). Pensaba en un proyecto de Puerto Plata. El plan está en la página web de la Cámara de Diputados. La iniciativa busca resolver un problema del alcantarillado de la novia del Atlántico. Fue cuando pensé en Sosúa, Costámbar, Cabarete, Playa Grande y Playa Dorada, y en los municipios de Altamira, Villa Isabela, Guananico, Imbert, Los Hidalgos, y nuestro recordado Luperón. Cómo olvidar los viejos días de Cofresí?, tuve que preguntarle mientras en el bar proyectaban un juego del Manchester y se ofrecían las mejores bebidas de la noche.    

Que beberás esta noche? Le recomiendo un Martini especial. 8/10 de Ginebra. 2/10 de Vermut seco, dijo el bartender.