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Viajando hacia USA

Aunque habíamos estado después de la Era Trump en Puerto Rico, precisamente para la fecha de las fiestas de Independencia, antes de la debacle del huracán María, no era lo mismo estar en territorio continental.  Sin embargo, cuando no se tienen problemas con las visas y los pasaportes, el asunto es suave. Hicimos escala en Borinquen a la ida y a la vuelta; hubo problemas al regreso el pasado domingo, arribando el lunes en la madrugada.

Esta vez iría a Brandon, Tampa, donde vive mi sobrina Vilma Alicia y su esposo José Ramón; además de la ciudad principal, visitaría a Orlando donde mis sobrinos Manuel, Esperanza, Adela y Sophie, y a San Petersburgo, invitado por Giocondo el incógnito escritor y su esposa oriental.

Disfruté en los muchos centros comerciales de Brandon adquiriendo por los precios especiales de la fecha algunas cosas útiles; deambulamos por esas praderas hacia los outlets; fuimos a esos pequeños supermercados de los latinos, a La Bodega de unos paisanos, en esos sitios se consiguen frutas y verduras criollas, especialmente cilantros de los dos, yautía, plátanos, yuca, etc. Naturalmente, no había mangos banilejos que son las nostalgias más grandes de nuestra gente que suspiran esperando no morir sin oler y degustar esa maravilla nacional. Para alimentar sus nostalgias tomé una fotografía de esos maravillosos inventos de la naturaleza tropical poniéndolas “de maldad” al final para los demás que siguen estas ocurrencias mías.

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Retrato de Salvador Dalí por Phillipe Halsman

Salvador Dalí

Salvador Felipe Jacinto Dalí i Demenech, nació el 11 de mayo de 1904 y murió el 23 de enero de 1989 en Figueres, provincia de Gerona, Cataluña. España. Desde niño tuvo afición por la pintura, y rebelde e iconoclasta como fue toda su vida, al terminar sus estudios en 1926 en la Real Academia de Bellas Artes San Fernando,  en Madrid,  fue expulsado antes de que presentara sus exámenes finales al declarar que “no había nadie en la Academia en condiciones de examinarlo”.

Luego se fue a París donde se encontró con Pablo Picasso, Joan Miró y el resto de rebeldes artistas y escritores. Así conoció al poeta Paul Eluard, casado con Gala (Elena Ivanovna Diakonova) que terminaría siendo su musa por excelencia y con quien casó en 1934 bajo la protesta de su padre de quien terminó distanciándose. Al llegar a París estaba en boga el dadaísmo y fue dadaísta, pasó por el cubismo y concluyó siendo el surrealista por antonomasia, al extremo de que cuando Andre Breton lo expulsó, declaró que él era el surrealismo, y ha seguido siéndolo.

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El Museo Dalí y San Petersburgo

En nuestra inolvidable visita al Museo Dalí de San Petersburgo, esperamos a las cinco de la tarde donde hay un especial para la entrada, de diez dólares hasta las ocho de la noche de ese jueves doce de julio, ya que antes de esa hora es veinticinco por persona.

La experiencia es mágica, inolvidable, sobre todo cuando se anda con personas cultas y enteradas como mis anfitriones, que me buscaron en Brandon y me llevaron luego de cubrir todos los gastos de la estancia hasta el siguiente día. La alegría de estar con el Giocondo que es mi amigo desde que era un niño, de modo que como hace muchos años que no viene al país le puse al día con anécdotas y recuerdos hasta altas horas de la noche, compartiendo deliciosos vinos y tapas y las experiencias culturales de los dos, sobre todo de los viajes a Grecia que hacen con cierta frecuencia.

En cuanto al museo, además de las muestras que se encuentran, algunas de obras de gran formato y otras de algunas de las clásicas suyas, hay una visión desde sus inicios en una naturaleza muerta a sus 17 años, alguna cubista, otras de influencias directas de otros pintores y naturalmente, las surrealistas puras, como una versión de su famosa Persistencia de la memoria con sus relojes flexibles y sus insectos devoradores del tiempo.

Vista original del Museo Dalí de San Petersburgo, Florida

Como aprovechamos para hacer una especie de pequeña muestra de algunos cuadros que allí se exponen, diremos que San Petersburgo es una ciudad sureña americana que me encantó. Si bien hay como en todas partes esas horribles concentraciones de apartamentos con una misma arquitectura, San Pete tiene en sus limpias y rectas calles una variada muestra de viviendas y edificios bellos, todos diferentes. Amén de lugares de alojamientos económicos y acogedores que lo hacen sentir a uno como en su casa y donde nadie interfiere. Ni en esa ciudad ni en lugar alguno que vimos desde las calles y carreteras, hay esas rejas de hierros tras las cuales vivimos encerrados en este país. Habrá ladrones, pero las puertas de cristales o de maderas simples denotan la confianza, por lo menos en esos pueblos del interior; al extremo de que las llaves de los apartamentos que ocupamos dejamos en una mesa.

Además uno viene encantado del viaje por el respeto de los conductores, sobre todo frente a los peatones, la ausencia de motores, el orden en todo sentido, sobre todo para no arrojar desperdicios en las calles, penado gravemente, y en sentido general la cortesía y la ausencia de manifestaciones raciales, me hizo sentir tan bien, que salvo algunas protestas públicas contra Trump, parecería que no había un gobierno por no ver policías en las calles o carreteras… Aunque no sea Suiza…

Concluyo, no mostrando las verdes praderas y las aguadas permanentes por todas partes en esos rincones por donde anduve, sino de las cosas del Museo Dalí con muestras de las que están allí, invitando a los que vayan a esas zonas a disfrutar de esa experiencia cultural única.

El descubrimiento de América
Naturaleza muerta pintada a sus 17 años

 

Homenaje a su hermano muerto
Esos deliciosos mangos banilejos