Opinión

Las tres perspectivas del cine dominicano

Por Etzel Báez

Primera. Hacer cine, por muy difícil que sea, poco a poco se está convirtiendo en una realidad como industria. Tenemos la inversión del Estado dominicano con la Ley para el Fomento de la Actividad Cinematográfica en la República Dominicana – Ley 108-10. Y eso deja una puerta ancha para el cine independiente dentro de un proceso visceral que se vive. Las producciones se organizan, tienen un departamento de contabilidad, poco a poco se va implementando un plan maestro para distribución y elaboración de estrategias de mercado. Los monopolios de grupos que tienen la sartén por el mango y el mango también están destinados a desaparecer o se malogrará la producción y el público emigrará de vuelta a la tv que en un futuro (no más de 5 años) tendrá Internet con un 10% del valor actual. Esto ya es posible mediante diferentes plataformas de comunicación como la llamada Transmidia.

Segunda. El guión es el punto de partida. Sin historia no hay filme. Y gracias a los adelantos tecnológicos será posible cualquier tipo de filme. Historias simples en escenarios seductores con visual de alta calidad, todo realizado a bajo costos. Seguido en importancia viene la etapa de la dirección que brinda la estética, responsable por cada plano, cada detalle visual y sonoro.

Tercera. Una de las profesiones nuevas es la de gerente de proyectos. Es quien se ocupa del cine con una visión de negocios. No es que el cine debe ser “comercial” para ser rentable, lo que lo hace rentable por siempre son las historias bien mostradas que son inherentes a cualquier persona. La primera condición de un producto cinematográfico, su potencial comercial, radica en que este pueda ser vendido, que pueda alcanzar diferentes públicos a partir de que pueda convertirse en un producto físico y en algo intangible al mismo tiempo.

A la fecha podemos decir que la Ley de Cine ha sido piedra angular para levantar una esperanza que que dependerá de la sociedad misma que esta sea un factor de desarrollo de una industria cultural y no una fábrica de millonarios a costa del erario público en detrimento del bien común. Es una oportunidad, la ley de cine dominicana, y merece que se le dé continuidad con total transparencia.

 

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