Cuando hablamos de ventilación natural, tema que ya hemos tratado en nuestra columna otras veces y que también se encuentra esbozado en nuestro libro Acentos Sobre Arquitectura Bioclimática y Eficiencia Energética (https://www.amazon.es/ACENTOS-ARQUITECTURA-BIOCLIM%C3%81TICA-EFICIENCIA-ENERG%C3%89TICA/dp/1090336497), y ampliado en las referencias bibliográficas del mismo,  tenemos la idea de que con la simple abertura de una ventana es suficiente para conseguirla. Esto no es del todo incorrecto pero es algo más que eso, para conseguir el efecto deseado, es decir la ventilación natural de los espacios, hace falta cierta pericia en cuanto a la configuración de los huecos, sus características en cuanto a dimensiones y orientaciones, entre otros detalles que citaremos, so pena de no alcanzar un desarrollo completo en esta serie de artículos.

Antes, nos gustaría aclarar que cuando nos referimos a ventilación, lo hacemos pensando en la renovación de aire, mediante algún tipo de corriente (aun sea esta mínima), y/o al intercambio de masas de aire entre dos espacios que al estar en contacto, buscan equilibrarse en cuanto a presión se refiere, por ejemplo un espacio interior con respecto a un espacio exterior. La ventilación efectiva se produce, cuando movemos el aire entre ambientes, pero a la vez cuando conseguimos sustituirlo o lo que es lo mismo decir, renovarlo.

La ventilación natural puede ser directa o cruzada,  o bien puede ser ventilación natural forzada.

La ventilación directa es la más simple de todas, es, más o menos,  la descrita en el párrafo anterior y que se puede producir incluso con un solo hueco en una misma fachada, por un tema simple de diferencia de presión entre el exterior y el interior y la evacuación/circulación del aire según cambia su temperatura, tomando en consideración que el aire caliente tiende a subir.

Cuando hablamos de ventilación cruzada ya nos referimos a algo más efectivo, que el simple hecho de esperar que el intercambio de aire, o la ventilación propiamente dicha, se produzca a su albur por un cambio de presión no muy marcado,  o incluso de temperatura,  por producirse el fenómeno en una misma fachada. Para producir una ventilación cruzada hace falta colocar huecos en fachadas distintas, opuestas o incluso adyacentes, pero que permitan el recorrido del aire, entre dos fachadas que sí tendrán una diferencia de presión mayor; en una se crearían presiones y en otras depresiones. Si a esto añadimos diferencias de tamaños y de altura entre los huecos la ventilación cruzada puede llegar a ser más efectiva.

Un buen ejemplo, puesto en práctica por el autor con contundente éxito ha sido colocar huecos, al sur,  de dimensiones menores a los de sus opuestos al norte y que además estén, los primeros,  casi a la altura del techo. Esto produce un “tiro” que va desde los huecos  norte hasta los huecos más pequeños al sur, o lo que es lo mismo aprovechando el régimen de viento imperante en la zona y el calentamiento natural de las masas de aire en la parte superior del edificio, las cuales tienden a salir. Con esto sí que nos podemos economizar unas cuantas horas de climatización mecánica, sobre la cual sostenemos , que su uso no es pecado capital si se optimizan demandas, consumos y fuentes de energía renovables…Esto da para más que una columna dominical;  hasta la próxima.