El tiempo que me ha tocado vivir

Las rigideces en el presupuesto del 2014, 1 de 2

Por Isidoro Santana

Todas las discusiones que se están presentando en torno al presupuesto del 2014 ponen de manifiesto que el dinero no alcanza. Las discusiones en el proceso de formulación comenzaron hace mucho y hacían ver desde un principio que el dinero no alcanzaría. Y ahora las discusiones en el proceso de aprobación congresional muestran lo mismo. Parafraseando la canción aquella “no hay cuartos para tanta gente”.

Tantas reformas tributarias realizadas para incrementar impuestos y el dinero no alcanza. Tantos esfuerzos de tecnificación de la administración tributaria, para hacerla eficiente; normas y procedimientos para evitar la evasión y mejorar el cobro de los impuestos, y el dinero no alcanza.

Y no voy a hablar de que aún con todas las reformas hechas, la carga tributaria siempre se mantiene en torno al mismo nivel, porque no creo en esos datos, de lo cual he escrito y hablado mucho, hasta cansar.

Tantos reclamos de la ciudadanía por servicios, y el dinero no alcanza. Tantos reclamos de las comunidades por obras públicas, y el dinero no alcanza.  Tantos requerimientos de mejoramiento salarial para algunos segmentos de los servidores públicos, como policías, médicos, agrónomos, etc. y el dinero no alcanza.

Tantas necesidades insatisfechas, y el dinero no alcanza. Y no va a alcanzar. Todos los datos disponibles conducen a pensar que vendrán más reformas tributarias en el futuro, y el dinero no va a alcanzar.

Aún para la educación preuniversitaria, sector al que se han dedicado recursos como nunca antes lo había hecho ningún gobierno, el dinero no alcanza.  A principios parecía que le sobraría presupuesto, pero no era así. De lo que se trataba era de un espejismo, por desfases en el tiempo y la necesidad de adaptar a administrar “muchos” recursos una maquinaria ineficiente, acostumbrada a mal administrar miserias.

Pero una vez que se va entrando en la nueva dinámica el dinero no alcanza. Para el 2014 se requirió hacer milagros para “bajar” el  presupuesto del sector educativo a sólo el 4% del PIB, pues los nuevos programas y necesidades estaban demandando mucho más. La construcción de aulas, el equipamiento, la jornada extendida, la atención a la primera infancia, la alimentación escolar, la formación y contratación de maestros de la mejor calidad, todo eso  requiere mucho más que el 4%.

Pero vamos a concentrarnos en el gráfico siguiente. En cualquier país del mundo, lo fundamental que se espera del Gobierno es que provea servicios públicos e infraestructura para los ciudadanos y las empresas. Sin embargo, para esos dos conceptos en el presupuesto del 2014 se dispone de menos de la mitad de todos los recursos públicos, pues la mayor parte se va en la deuda pública y en subsidios y transferencias.

Para hacer el gráfico, tuvimos que tomar los datos de la contabilidad gubernamental de modo de adaptar todas las partidas a esos cuatro conceptos. Por eso algunas partidas que en la contabilidad se registran como transferencias, tales como a los aportes municipios o a las entidades descentralizadas de servicios los reubicamos como “servicios públicos”.

Pero lo más importante, en el componente denominado “deuda pública” incorporamos todos los intereses pagados por el Estado, aunque no se registren en la contabilidad del presupuesto, como los que paga el Banco Central, pues los mismos son gasto público como cualquier otro. Sobre esto abundaremos en la segunda parte de este artículo. Esto explica que el monto total que aparece abajo es superior a lo que se registra en el presupuesto.

Ahora bien, lo que se quiere destacar es cómo las transferencias y la deuda pública se están tragando los impuestos que pagan los contribuyentes. Todo el mundo tiene derecho a decir que el problema no es ese, sino lo mal que se usa el dinero público. Lo cual es verdad en gran medida. En cada uno de esos cuatro componentes hay muchísimas irracionalidades, ineficiencias, clientelismo y corrupción, a lo cual hay que hacerle frente. En cada uno de ellos se pueden hacer recortes o tomar decisiones que permitan bajarlos, si no en lo inmediato (intereses de la deuda  pública), por lo menos en el futuro cercano.

Aún haciendo todo lo que se debería hacer, la situación real es la gran rigidez presupuestaria que se ha alcanzado.

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