Dedico este artículo a las víctimas  de los irresponsables y anónimos en las redes sociales.

Introducción

1.-   Ha sido un gran logro de la especie humana conquistar el espacio sideral, y con sabiduría, conocimientos y alta preparación poner a su disposición todo lo que se puede obtener de la tecnología llevada a su más alto grado.

2.- Es indudable que va en favor de las personas físicas saber, entender, estar al tanto del progreso del pensamiento a nivel universal y de lo que es su materialización y uso para satisfacer la alimentación, la salud, la educación  y todo cuanto  vaya  a ser fructífero para la preservación de una vida feliz.

3.- Lo que hace posible que las ideas de los demás se conozcan, hay  que darlo por bienvenido; recibirlo con beneplácito, algarabía, bien humorado; con una salutación que salga de lo más profundo de nuestros corazones. Lo que viene a salvar hay que reverenciarlo; aplaudir lo que trae avance, progreso y grato vivir. Debemos dar el visto bueno  lo que hace acto de presencia en procura de la vida llevadera, armoniosa y tranquila.

4.- La existencia en el medio social de órganos que permiten difundir ampliamente el pensamiento, estamos en el deber de protegerlos y garantizarles su funcionamiento; asegurarnos de que nada llegue a entorpecer su desarrollo hasta lo más profundo y con nitidez.

5.- Todo aquel que se preocupa por los cambios sociales, y  lo que se obtiene a nivel científico, ha visto como altamente positivo la llegada de herramientas tales como el internet, twitter,  instagram, facebook, whatsapp y otros, para el individuo expresar libre y sanamente su pensamiento.

I.- Debemos garantizar la libertad de expresión

6.-  Lo que se alcanza en base a esfuerzo y padecimientos;  desprendimiento y entrega, necesariamente es valorado, estimado y debidamente reconocido. De ahí la valoración de la libertad de expresión como  conquista de valía lograda con entusiasmo, fervor y calor humano para disfrute de todas y todos.

7.- Algo tan hermoso, esplendido y maravilloso como es expresarse con libertad, y que tanta energía, empuje y entereza ha costado, debe cuidarse con esmero, extrema sinceridad y minucioso celo.

8.-  Aquel que mucho ama la libertad de expresión está en el deber de convertirse en su protector; encargarse de que nadie la ofenda; procurar que se mantenga viva; andar con cien ojos para que se conserve sin limitaciones caprichosas; ser diligente para que lo mejor de la sociedad la goce satisfactoriamente; ser su supervisor y estar atento para que nadie la prostituya, degrade, deshonre, vulgarice, convirtiéndola en pendanga, en una capulina.

9.-  Ante la prepotencia, la arbitrariedad y la ilegalidad para impedir que el ser humano se exprese libremente, con autonomía y sin cortapisas, se han levantado en distintos periodos, millones y millones de mujeres y hombres exigiendo el respeto de  su derecho a expresar de diferentes formas sus ideas y creencias.

10.-  Los pueblos con su accionar, por su lucha tesonera, han afianzado el derecho a expresarse, llegando a obligar a los gobernantes de turno a que concreticen, puntualicen, individualicen y materialicen la libertad de expresión en Constituciones políticas y leyes especiales.

11.-  Lo que evidencia la historia de la lucha por el derecho a la expresión libre, es que su realidad no ha sido una concesión, dádiva, gracia, favor ni privilegio, sino un esfuerzo, el sacrificio audaz, intrépido, resuelto y valiente de los que en cada etapa de las luchas políticas han sabido interpretar el sentir de sus respectivas comunidades.

12.- La libertad de expresión y difusión del pensamiento debe ser garantizada; preservada, pero reconociendo que ella tiene su línea de demarcación; que está sometida a reglas y que, por tanto, no puede llegar al colmo, a rebasar los límites para  el que haga uso de ella saciar su voluntad difamadora, calumniadora y descalificadora.

II.- El uso abusivo de las redes sociales daña a las personas

13.- Si es cierto que la libertad de expresión debe ser protegida en lo absoluto, no es menos cierto que también la honra tiene que ser garantizada, asegurada en toda su extensión. Una seguridad total deben tener las personas de bien de que su buen nombre no va a irse al garete, porque así lo decidió un sinvergüenza que se ha extralimitado en su libertad de expresión.

14.-   Absolutamente nadie debe abusar de su libertad o excederse en el ejercicio de un derecho para fastidiar a los demás, propasándose, translimitándose, pasándose de la raya para golpear el honor de otro. El comedimiento debe  tomar su imperio para que el vagabundo no imponga sus designios atropellando, haciendo gala de sus desmanes.

15.- El uso abusivo de las redes sociales la hacen  estorbos, un lastre para las personas de vida ejemplar. Se convierten en rémoras, en lugar  de contribuir al más amplio ejercicio de la libertad de expresión. Nada bueno trae lo que llega para lastimar y disgustar, y no complacer y agradar.

16.- El individuo de baja estofa, el desenfrenado, el impúdico, no está en condiciones de comportarse con decencia al utilizar las redes sociales, porque confunde la libertad con el libertinaje, obscenidad, y licencia para darle riendas sueltas a sus perversidades.

17.- Las redes sociales vienen a ser  exquisiteces para los vulgares que solo se manejan bien con las banalidades, chabacanerías, trivialidades e insignificancias.  El  que se forma para contravenir, conculcar, está a su anchura haciendo diabluras con la libertad de expresión.

18.- Resulta saludable para el desarrollo del pensamiento democrático del país, que las masas populares actúen, desempeñen y hagan de sus derechos y libertades una habitual  dedicación; que apliquen sus conocimientos desplegando acciones que les permitan incidir en el debate político nacional. Para tal fin las redes sociales son un gran soporte, por lo que hay que cuidarlas de la mala práctica  que de ellas hacen uso los desaprensivos.

19.- El rastrero, vagabundo, deslenguado y terrible, pasa de pobre diablo, de insignificante, mediocre y don nadie, a  reseñable una vez por las redes sociales pone en ejecución su mentalidad diabólica, horrible e infernal. Cualquier desventurado logra hacerse el simpático ante los que disfrutan lo morboso,  dañino e insano. El ambiente mugre favorece a quien carece de honor y cultiva la difamación y la chismografía.

20.- La utilidad, lo beneficioso y el gran servicio de las redes sociales hay que garantizarlo para que sigan siendo instrumentos de rendimiento y conveniencia para el desarrollo colectivo de la libertad de expresión y, además, sirvan para que hombres y mujeres del pueblo ejerciten su derecho a manifestarse con relación a los temas más variados.

21.- A los difamadores profesionales que han encontrado en las redes sociales un campo ideal para cometer sus tropelías, hay que objetarlos, impugnar su participación por la vía legal. Aceptar, apoyar y aplaudir a quien daña a otro es  contribuir a que la sociedad siga de mal en peor, de tropiezos en tropiezos; fomentando conflictos, enfrentamientos y discordias.

22.- Mientras más se formaliza el uso de las redes sociales, más provecho saca de ellas lo mejor de nuestro pueblo, a la vez que se aíslan los ofensivos, irrespetuosos, ignominiosos, infamantes e indecorosos, que lo único que hacen es afearlas, deslucirlas, desgraciarlas y estropearlas, perjudicando a quienes denigran con sus infamias, infundios y cuantas habladurías alojan en su cerebro.

23.- Los temerarios, irreflexivos y alocados no pierden la más mínima oportunidad para imponer temor, hacer que la gente buena viva con el alma en un hilo, ante las bellaquerías que hacen por las redes sociales. Hay que cerrarle el paso a aquellos que su pobreza de espíritu la dejan ver cuando ejecutan sus sinvergüencerías y vilezas ofendiendo, insultando y denigrando a quien solo es merecedor de elogios.

Reflexiones finales

24.- La dinámica de como llevamos la vida,  el incansable accionar y lo resueltos que actuamos, a veces nos impiden analizar detenidamente diversos asuntos que por su propia naturaleza nos atañen, y su  delicadeza debe impulsarnos a tomar partida demostrando así que no somos indiferentes a lo que nos incumbe.

25.- En el medio donde habitamos cada quien actúa conforme lo que le dicta su conciencia, y su proceder  lo hará merecedor del respeto o la desconsideración de sus conciudadanos. El que mal se  comporta debe estar  separado de quien es acreedor de respetabilidad

26.- Toda sociedad civilizada debe contar con mecanismos legales  para preservar la grata imagen de que goza una persona fruto de la opinión sensata de la generalidad de los integrantes de la comunidad. El prestigio, la buena reputación, la fama no  debe estar a merced de   lo que se le ocurre  decir a cualquier maleante que hace uso de un  medio de comunicación.

27.- Por muy debilitado que esté un país en el orden institucional, algún  instrumento regulador debe funcionar para ponerle freno a los que no están calificados, mentalmente  equipados para  convivir con decencia, ni aptos para ejercer  sus derechos y libertades. El  incorregible, incurable, al recalcitrante hay que buscar la forma de aplicarle un correctivo para que no siga cometiendo sus groserías.

28.- Por más que proliferen los indecentes, inmorales y los sin escrúpulos, las personas correctas, educadas e íntegras no pueden arrinconarse y dejar el espacio libre para que los malandrines sigan actuando como chivos sin ley, porque entonces  aceptamos sucumbir ante la basura social hecha persona o la enfrentamos con la ley.

29.- Aquellos que están preparados para actuar dentro de los marcos legales, no se  sentirían afectados si se legisla para el buen uso de las redes sociales.  En la ilegalidad bien se mueven los que no tienen el menor sentido de lo que es respetar la honra y la dignidad de los demás.

30.- Ha de ser preocupación permanente de los demócratas sinceros que aquello que contribuye a la correcta orientación, a la instrucción adecuada, no llegue a convertirse en algo dañino y perturbador para personas de bien. La tranquilidad espiritual no puede depender de la voluntad de un desaprensivo que con sus inconductas quiera lesionarla.

31.- El hombre o la mujer decente merece que su integridad, probidad y honradez no sea afectada o de cualquier manera dañada. Los miembros de la comunidad necesitan tener garantizada la correcta actuación que han exhibido y que lo hacen merecedores de gran estima.

32.-  El ser humano reconocido como honesto no debe ser víctima de la impunidad que cubre hoy al irresponsable y anónimo en las redes sociales. La ley debe amparar a quienes han llevado una vida correcta y, de igual manera, sancionar a quienes  abusan de los medios de comunicación para herir, fastidiar y deshonrar. La indiferencia no cuadra en los ciudadanos y las ciudadanas que aspiran a vivir en un ambiente  de legalidad y con honra.