Acostumbramos escuchar que si alguien esta pegado de la teta del Gobierno, es que se beneficia de alguna prebenda, canonjía, privilegio o chanchullo que por lo general y en realidad no se merece.  Los gobiernos, dominicanos, cualquiera que sea su color, son económicamente bipolares, por un lado nunca tienen dinero suficiente para cosas tan perentorias como la educación, la sanidad, las pensiones, la invalidez, etc., y para otras como los viajes oficiales o privados, los sueldazos, los barrilitos, y las exoneraciones de los legisladores, los otros sueldazos y yipetas de los altos funcionarios, el pago en dólares a personas que no trabajan o acuden a las embajadas o consulados, para las innumerables botellas de los compañeritos de partidos, o las campañas de esto, aquello o lo otro, y ni digamos para las tarjetas de solidaridad o mejor dicho tarjetas compravotos, para eso siempre aparecen los cuartos de manera fácil, rápida y generosa.

En este país donde las empresas y los negocios correctos pasan malabares para lograr beneficios por los altos precios de las materias primas, de los servicios básicos como la luz o el transporte, para luego ser finalmente remachados por los numerosos y continuos impuestos,  demasiados queremos acercarnos en calidad de integrantes, socios, o proveedores a la teta del Gobierno, si queremos que la cosa prospere, ¡Guau! Nos dieron una contratita de esto o de aquello, ¡Guau! Les suministramos materiales de oficina, ¡Guau! Le haremos publicidad a tal ministerio o dependencia!, y  todos los ¡Guaus!  habidos y por haber, porque ahí tenemos asegurados la mayoría de las veces pingues beneficios. De ahí salen cuartos aunque haya que repartir las boronas correspondientes a los que están en el negocito, o a los que pagan los cheques para que salgan rápidos, ahí se pueden inflar las cotizaciones, y muchas otras truchimanerías que todos conocemos por referencias o experiencias directas.

Ahí está los números para corroborar lo dicho, nada menos que la cuarta parte del padrón nacional está conectado directa o indirectamente con el  Gobierno actual en calidad de funcionarios de todos los rangos y especies, o de subvencionados con alguno de los métodos clientelistas que se dispone. Tremenda ventaja electoral con los bueyes de trabajo amarrados por la nariz. Las tarjetas de solidaridad que se han reproducido como la verdolaga en los gobiernos del PLD –cientos y cientos de miles-  porque se han convertido en una moneda fuerte de cambio para  comprara los más débiles. Te doy algo para el gas, la luz, la comprita, o el colegio, pero a la hora de votar, ya sabes quiénes son tus papás y hay que corresponder marcando tal número en la papeleta, y como decía aquel político con toda la razón del mundo, el mal comido no piensa y además, añadimos nosotros, quiere seguir comiendo porque vivir o sobrevivir es su principal meta existencial.

De esta manera, estamos haciendo más patente el dicho ya tan conocido de dar el pescado en lugar de enseñar a pescar, que sigue siendo en versión moderna, el método feudal del señor que lanza desde su corcel mendrugos de pan a sus vasallos en premio a su fidelidad. Para el colmo, el líder de la oposición promete, en caso de ganar las elecciones, dar dos pescados en lugar de uno,  es decir, doblar el monto del valor de las tarjetas. Si la cosa sigue así, en aumento sobre aumento, a muchos nos va convenir meternos a pobres, tremenda bicoca, y hasta es posible que en un futuro cercano den una tarjetita para la gasolina del yate y otra para el mantenimiento de la mansión en la Romana.

El gobierno, pues, no tiene una teta donde agarrarse para crecer y engordar rápido, sino mil tetas para amamantar a millones de sus ciudadanos. Si usted, lector, quiere beneficiarse de las multitetas estatales, por favor coja un número como en los delicatesen de los supermercados y póngase en turno, que no obstante haber legiones haciendo fila, tarde o temprano y si es paciente, tendrá su recompensa. Por cierto, yo ya he tomado mi número para estar en el globo. ¡A ver si toca!