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Las medicinas: un dolor de cabeza

Por Arismendi Díaz Santana

Los medicamentos continúan siendo un fuerte dolor de cabeza para los dominicanos. Estudios y múltiples evidencias empíricas demuestran que sus precios están muy por encima de los países de Centroamérica, Estados Unidos y Europa. Es que aquí las medicinas han sido reducidas a una mercancía cualquiera, dejadas a la libre manipulación de minorías que controlan este vital recurso.

Lizania Batista de Diario Libre señaló que los mayores aumentos recaen sobre las medicinas de uso común y gran impacto en la salud. Cita el Alplax y el Enopar, contra la esquizofrenia; el Ilimi, para las convulsiones; el Cardilat plus, el Candersaltán y el Vasocal recetados a los hipertensos; el Divar, en los tratamientos neurológicos; y el Metforal, para la diabetes. Éstos y muchos otros registran alzas entre un 10% y 25% en los últimos meses. Los reporteros de Diario Libre constataron aumentos de hasta mil pesos en fármacos esenciales para la vida.

“Esa situación provoca que algunos pacientes descontinúen sus tratamientos o los interrumpan por falta de recursos para pagar los nuevos aumentos, mientras no se escucha una voz oficial referirse al tema”. El consumo, sí o sí, de estas medicinas por los envejecientes llega a representar entre el 40% y el 80% de la pensión mínima que reciben. Recordemos que los “viejitos” están excluidos del Plan Básico de Salud (PBS), a pesar de que en esa edad su vida depende de la atención médica y del consumo regular de medicamentos.

Resultan dramáticas, aunque no sorprendentes, las declaraciones de Rafael Brito, Procurador Especial de Crímenes y Delitos contra la Salud: “se han hallado pastillas contra el dolor menstrual o cualquier dolor, que no son más que ácido bórico, tiza para escribir en los pizarrones con algún tipo de colorante. Antibióticos que adentro no tienen más que harina”.

Todos los años los precios de los medicamentos se elevan a un ritmo mucho mayor que la   inflación reportada por el Banco Central, ocupando un lugar más importante en el costo de la canasta familiar. Y como los salarios e ingresos crecen muy poco, este renglón junto a los copagos ilegales, erosiona el presupuesto familiar, generando mayor estrechez. La venta pública de fármacos vencidos, inocuos y falsificados completa el cuadro que explica por qué las medicinas constituyen un dolor de cabeza.

En las farmacias resultan muy comunes las expresiones de asombro de los pacientes al conocer los nuevos precios. Los reportes de los medios de comunicación indican que desde noviembre las alzas han sido mayores, ya que se le agregó un plus, aprovechando el  aumento de 3,000 a 8,000 del límite de los medicamentos ambulatorios del Régimen Contributivo.

Gobiernos vienen y gobiernos van. Autoridades vienen y autoridades van y el problema, lejos de resolverse, se agudiza. Lo más preocupante es que las autoridades no reaccionan ante los reclamos de la población y las evidencias de los medios de comunicación. Ocasionalmente hacen un “operativo” contra traficantes y falsificadores de poca monta, que la gente  califica como “una nube pasajera”.

Alguien dijo que la suerte de los pobres dura muy poco, pues después de esperar ocho años para que les eleven el límite ambulatorio de los medicamentos, apenas unas cuantas semanas después, y todavía sin haber disfrutado del mismo, los grupos farmacéuticos han comenzado a hacer su agosto. Ojalá esta vez, como dice la gente, “las autoridades tomen carta en el asunto”

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