En el diseño de las políticas económicas suelen predominar los economistas que responden a cierta ortodoxia o ideas dominantes. Rara vez en nuestro país cuando se elige un formulador de política económica se razona sobre las ideas que puede tener, y mucho menos se reflexiona sobre cuáles han sido sus propuestas académicas o políticas.  Las mismas escuelas de economía de las universidades no reflexionan sobre el tema de las ideas que quieren proponer, las ideas que asumen  o  las ideas que ponen en vigencia.

Fue Keynes quién habló de la importancia de las ideas en todo esto, cuando decía: “Las ideas de economistas y filósofos políticos, cuando tienen razón o cuando se equivo­can, son más poderosas de lo que generalmente se cree. En realidad, el mundo es gober­nado por algunas de ellas.” Pero esto no es un asunto exclusivo de los economistas.En la selección de los jueces, en este país, a nadie le preocupa las ideas de los candidatos o sus posiciones sobre diferentes temas, sólo se discute de si los candidatos a jueces son miembros o no de un determinado partido político, pero si uno ha sido juez no hay una revisión de sus sentencias para ver cuales han sido sus fallos, cómo han sido sustentados y las ideas dominantes en ellos.

Tampoco se revisan las posiciones y los grupos de intereses a que pertenecen los abogados candidatos ni los dictámenes de los fiscales que se proponen para ser jueces.En sus ideas, nuestros economistas son más sensibles a las ideas de eficiencia que a las razones de equidad y muchas veces son muy dados a la consecución de un objetivo a cualquier precio en dolor humano, porque los instrumentos elegidos para obtenerlos responden a las ortodoxias ideológicas dominantes.En las escuelas de economía hoy no se habla de ser justo sólo se habla de ser eficiente. Pero la eficiencia es un objetivo que carece de valor en sí mismo.

Cuando alguien habla de eficiencia no es un ejercicio racional si no se define el objetivo. La referencia de los economistas es el mercado, hablan de la eficiencia de los mercados, tanto en plural como en singular, y acuden a una batería de modelos matemáticos y ecuaciones de las que se excluye la sensibilidad humana y todas las variables que se refieren al dolor ajeno.  Ahora no se discute el antiguo tema de la posibilidad de que los mercados no sean tan eficientes, como se han estado discutiendo en los últimos años los fallos del sector público.En esto es fácil excluir cualquier idea justa pero vieja. Cuando se tiene como motivo dominante para la existencia de las cosas lo nuevo, lo reciente o lo último es fácil la exclusión de cualquier idea calificándola de obsoleta  porque no entra en el campo de la novedad teórica dominante. Entonces hay temas vedados y se vigila su exclusión para que no perturbe el fluir natural de las cosas.

En un discurso como Presidente de la Asociación de Economistas de los Estados Unidos John K. Galbraith decía: “Los hombres de negocios y sus acólitos políticos e ideológicos vigilaban los departamentos de economía y reaccionaban prontamente ante la herejía, es decir, ante cualquier cosa que pareciese amenazar la santidad de la propiedad, los beneficios, la política arancelaria adecuada, el presupuesto equilibrado, o que implicase simpatía hacia los sindicatos, la propiedad pública, la regulación pública, o los pobres en cualquier forma organizada.”Las ideologías excluyen la noción de fracaso, todavía hay especímenes de la ortodoxia marxista hablando de lo equivocada que ha estado la realidad frente al fracaso en la práctica, madre de la verdad, de los modelos socialistas, y se agarran de una o de otras de sus ortodoxias para explicar el  descalabro de los otros, nunca el suyo.

Para nada se replantea en el esquema ortodoxo de la función del Estado frente al fracaso de las propuestas económicas de los últimos años, fracaso expresado en la crisis de 2008. Esta crisis sólo se explica en señales y expectativas que indujeron desde el Estado a los agentes económicos al desastre, para de ningún modo establecer que las políticas económicas respondieron a un esquema de propósitos deliberados propuesto por los que hoy explican la crisis en fallos del Estado. Amarrados a una ideología se asumen políticas e instrumentos que desde el punto de vista de su eficacia operativa no se corresponden con los objetivos de política económica que se han enunciados a través de los años. Tenemos la costumbre de apuntar para un lado y disparar para el otro y hacemos lo mismo, aún después de la evidencia y del descalabro económico en otros lugares.

Observando la propensión de los economistas al fracaso recurrente en todos los gobiernos, quizás los ciudadanos que no sabemos de economía cuando nos la expliquen los reputados académicos que han estado en todas las posiciones gubernamentales deberíamos hacer como hicieron en Harvard los alumnos del profesor de economía Gregory Mankiw, pararnos e irnos al mismo tiempo que indiquemos: “Nos estamos retirando de su clase este día, tanto para protestar por la falta de discusión de la teoría económica básica y como para dar nuestro apoyo a un movimiento que está cambiando el discurso estadounidense sobre la injusticia económica”.  Mutatis mutandis.