Opinión

Las empresas bien gobernadas

Por María A. Pezzotti H.

  • ¿Por Qué Hablar de Buen Gobierno?

En el marco de las crisis financieras que azotaron en las últimas décadas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) indagó en las razones que las desencadenaron y, entre sus principales conclusiones, se destaca la falta de un marco eficiente de gobernanza interna en las entidades, en tanto que las mismas no contaban con estructuras fortalecidas de gobierno corporativo.

Entre los temas que obtuvieron una mayor relevancia, resaltamos los siguientes: deficiencias en los sistemas de administración de los riesgos; falta de independencia de los auditores internos y las áreas de cumplimiento; un esquema de incentivos que motivaba la adopción de riesgos desmedidos; inexistencia de canales oportunos de comunicación a los más altos niveles de mando; entre otros.

Todo esto arroja una conclusión general destacada por los organismos internacionales en estas materias, y redunda en la importancia del rol del Consejo de Administración en lograr una supervisión efectiva de la empresa. Es por esto que, en la actualidad, los primeros tres principios de gobierno corporativo aceptados entre las mejores prácticas internacionales se centran en: 1) Responsabilidades Generales del Consejo; 2) Aptitudes y Composición del Consejo; y 3) Estructura y Prácticas del Consejo.

  • Recomendaciones de Gobernanza.-

Como resultado de dicho análisis, la OCDE ha desarrollado diversas recomendaciones que, poco a poco, se van convirtiendo en principios rectores e imprescindibles para el buen gobierno de las empresas, más allá de considerarse como sugerencias de buenas prácticas. A continuación subrayamos las algunas:

  • Se requiere el establecimiento de líneas claras de responsabilidad para la Gerencia;
  • La empresa debe trazarse el objetivo de lograr un balance apropiado entre la estimulación de su apetito de riesgo y apropiados controles para la adopción del mismo;
  • Existen áreas, sobre todo en las entidades financieras, que deben ser independientes de la Gerencia, tales como cumplimiento, gestión del riesgo, auditoría;
  • Debe implementarse un régimen sancionador eficaz, que promueva el cumplimiento de las normas internas, legales y regulatorias;
  • Es imperativo que exista, tanto en las normas como en la práctica, una clara definición y distribución de funciones a lo largo de la entidad, procurando la necesaria separación de los poderes y delegación de responsabilidades.

Es preciso subrayar que las lecciones aprendidas e identificadas por la OCDE aplican a casos tanto del sector financiero como del no financiero; y es que la buena gobernanza es una necesidad que tienen todas las empresas, sin importar su tamaño o actividad. Esto así porque toda sociedad tiene partes interesadas que velan por su buen funcionamiento, en la medida en que la empresa tiene efectos y consecuencias sobre ellas. En efecto, el enfoque actual de quienes gobiernan las empresas debe ser: nos debemos a esta empresa, y nos debemos a todo el que es afectado por ella.

No obstante, para las entidades financieras el concepto adquiere cada vez mayor relevancia, por encontrarse la atención de los organismos reguladores y supervisores cada vez más enfocados en su gobierno interno. Esto se evidencia en normas recientes, tales como el Instructivo de la Superintendencia de Bancos que establece la obligación de evaluar y monitorear la idoneidad de los accionistas, consejeros, alta gerencia, personal clave y personal general, para asegurar una correcta adopción e implementación de “sanas prácticas de gobierno corporativo”.

  • Conclusiones.-

Por todo lo anterior, hoy día contamos con un concepto evolucionado de gobernabilidad empresarial, y sobre todo del término “partes interesadas”. Anteriormente, se medía el gobierno interno de una empresa en base a los intereses de sus accionistas/socios; mientras que, hoy día, se ha comprendido que las empresas tienen un impacto mayor al de sus accionistas o socios, teniendo sus operaciones efectos sobre sus empleados, el sector empresarial, la sociedad, y un sinnúmero de otros actores que, dependiendo de la naturaleza de la empresa, puedan relacionarse.

Todo esto ha conllevado a que hoy día contemos con una concepción moderna del gobierno corporativo. Justamente, a través del buen gobierno, se trata de promover el uso eficiente de los recursos de la empresa, a los fines de exigir de la misma la rendición de cuentas sobre la administración de estos recursos (Cardbury). Se trata, pues, de hacer las compañías más responsables, mediante un sistema eficiente y transparente que genere confianza hacia el público (OCDE).

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