Los productores de arroz atraviesan una situación financiera difícil. Según  afirman, sus costos de producción se han incrementado y los precios en finca generan poco o ningún beneficio, desestimulando la producción de ese cereal.

Luego de la discusión del Acuerdo de Libre Comercio de República Dominicana, Centro América y Estados Unidos (DR-CAFTA), una comisión de connotados representantes de los productores agropecuarios sometió a la consideración de la Organización Mundial de Comercio (OMC) un listado de productos agropecuarios denominados sensibles que debían protegerse de la competencia internacional. Como resultado de tal solicitud se aplicó un arancel-cuota a la importación de los productos sensibles, creando diferencias de precios entre importación y producción local de arroz.

Desde el 2007, se aplica a la importación de arroz un arancel-cuota de 20%, si las importaciones no exceden el contingente aprobado. Las importaciones podrían pagar un arancel de 99% en el caso de que excedan el contingente de importaciones acordadas. Los precios de importación del arroz se fijan agregando a su costo de producción el arancel sobre el precio CIF (costo, seguro y flete) más un ITBIS de 8%. Las ventas internas del arroz importado tienen precios superiores a los precios en finca. Cabe destacar que la comercialización del arroz no la realiza el productor sino el comerciante de ese cereal. Cabría preguntarse a ¿quién protege el arancel-cuota? Los productores nacionales de arroz se quejan de que sus costos son muy elevados.

La Rectificación Técnica supuestamente protege a los productores de bienes primarios clasificados como sensibles; pareciera -sin embargo- que el consumidor transfiere recursos, por el diferencial de precios en finca y del arroz importado, a través de los precios de venta finales. Los beneficios de la supuesta protección quedan en un segmento del mercado que tienen poco interés en el incremento de la productividad y de la competitividad del sector arrocero.

Efectivamente este sector necesita de cambios significativos en su estructura de costos, la que ha sido afectada por la variación de los precios de los combustibles (excesivos impuestos), el costo de la mano de obra, el uso ineficiente del agua, la excesiva demanda de insumos y las elevadas tasas de interés que aumentan obligaciones financieras como proporción del costo total.

En efecto, según el Foro Económico Mundial (FEM) la RD ocupa la posición 129 de 142 países en lo que respecta a la calidad de la oferta de electricidad. El servicio eléctrico no es confiable y resulta caro para los usuarios, incluyendo a los productores de arroz.

También, el agua se usa ineficientemente en la producción de arroz, debido a la nivelación inadecuada de los predios agrícolas dedicados al cultivo del arroz (Mayol, 2010), lo que incrementa los costos de producción, pese a que el gobierno subsidia el costo del agua.

Figura 1. Costo por Libra de Arroz en CA, EU y RD


Fuente: Virgilio Mayol, IICA, Santo Domingo, julio 2010, página 10

Por su parte, las tierras mecanizadas en la producción de arroz son insignificante (alrededor de 33,521 tareas para el 2009, es decir el 2.2% respecto a la superficie sembrada de arroz en el 2009), aunque durante los últimos cuatro años  promediaron 15,970 tareas. En el 2010, el país no reportó costos de mecanización, lo que sugiere que el uso de mano de obra en RD fue más intenso (12.8%) frente a sus competidores del DR-CAFTA Estados Unidos (11.2%), Nicaragua (7.4 %) y Costa Rica (3.8%).

Figura 2. Mecanización de los Predios Agrícolas


Fuente: Ministerio de Agricultura, Estadísticas Agropecuarias 2006-2009

La producción nacional de arroz tiene elevados costos por el uso de insumos y servicios. Ese costo representó 70.6% del costo total en el 2010. No obstante, los insumos y servicios fueron menores en nuestros competidores, un 42.7% en Estados Unidos (EU),  de 55.7%, 33.6%, 23.7% y 18.48% en   Nicaragua, Costa Rica, El Salvador y Honduras, respectivamente. A partir de estas informaciones parece claro que la matriz tecnológica del sector arrocero tiene costos más elevados con respecto de nuestros competidores en el marco del DR-CAFTA. Asimismo, las tasas de interés son muy elevadas para evitar inflación, provocada por el PIB que calcula el banco central y el producto corriente, lo encarece el crédito al sector agropecuario.

De manera que, las políticas agropecuarias que han sido tradicionalmente dirigidas a proteger la producción de arroz de la competencia internacional debería reorientarse. A fin de que el aprendizaje del productor sobre competitividad y productividad no sean limitados.

Debe abandonarse el asistencialismo y la protección sin rumbos delimitados a los productores agrícolas. Se necesita una dirección gubernamental que facilite o promueva la competencia, la productividad, la investigación y se abandone la práctica clientelar anidada en el asistencialismo estatal.