“…Ingrata, aunque quieras tú dejarme

Los recuerdos de esos días, de las noches tan oscuras

Tú jamás podrás borrarte

Por eso ahora tendré que obsequiarte

Un par de balazos pa' que te duela

Y aunque estoy triste por ya no tenerte

Voy a estar contigo en tu funeral”[1]

 

“Yo soy una perra en calor
'Toy buscando un perro pa' queda’no' pegao'
Ey, eres una perra en calor (ajá)
Que está buscando un perro pa' quedarte pega'
Yo soy una perra en calor
'Toy buscando un perro pa' queda’no' pegao'
Ey, eres una perra en calor (ajá)
Que está buscando un perro pa' quedarte pega' (ja, ey, ey)”[2]

En la primera estrofa Café Tacvba afirma que va a asesinar a una mujer. Y nos sigue pareciendo hasta “intelectual” mostrar nuestro gusto por este cuarteto mexicano. En la segunda estrofa Tokischa hace una alegoría cruda en donde se nombra perra, ya la Pau (Paulina Rubio) en una canción había pedido a los hombres que sean más perros “Perrea, perrea. Vamo' ahí, vamo' ahí. Vamo' ahí, vamo' ahí. Perros, un poquito más perros, perros. Deberían, deberían ser ellos. Un poquito más perros, perros[3]”. No recuerdo que se produjera un escándalo y que nos desgarráramos las vestiduras. Todo lo contrario, fue un éxito en el festival de Viña del Mar.

¿Molesta la afirmación de una humana que se identifica como perra o molesta que lo haga evidenciando el placer que le produce ser perra y disfrutar del sexo? Les recomiendo buscar la propuesta performática de la peruana Natalia Iguiniz, “Perrahabl@[4]”, que, en 1999 empapeló Lima de afiches, impactando con el mensaje “si te dicen perra, tienen razón…” con frases que denunciaban los estereotipos contra las mujeres y una perra realenga, viralata y no en muy buen estado, pero impúdicamente feliz. Este trabajo puede ayudarles en la comprensión y aprehensión de que no siempre la discusión es sobre la “imagen”, lo importante debería ser construir vías para incidir en las transformaciones sociales necesarias.

Ya la Toky aclaró que ese no es su rol educar, (¿Por qué tendría que serlo?). Lo que sí es cierto es que su puesta en escena ha generado una discusión que debería convertirse en una reflexión sobre la sociedad que queremos. ¿O queremos continuar en la del allante y la vitrina que oculta el “bajo mundo”?

El sábado pasado escribí una carta que despertó muchas simpatías y visceralidades. De las empáticas, la más genial fue la de mi mamá de 84 años, su reacción fue, soy fan número 1 de tu carta, cuántas verdades mi hija ¡¡¡Muy bien!!!

En las viscerales, hubo una expresión que me llamó mucho la atención: ‘necesitamos menos Tokischa y más Marileydi’. una comparación innecesaria, arbitraria y, sobre todo, muy cómoda.

La verdad es que adoro las hazañas de Marileydi, me encantan sus logros y la felicito. Lo que detesto es que quieran usarla para continuar validando la exclusión. Es muy fácil escudarse en las Marileydi para exculpar de responsabilidad a un Estado corrupto que propicia un sistema excluyente, abusador y prevaricador; que se regodea ante la historia de la chica sin comida, sin pasaje y sin apoyo que sigue adelante y logra medallas, para presentarla como heroína; sin hacer un mea culpa y reconocer que eso no debería ser así. Y sobre todo que no va a volver a pasar, porque va a establecer políticas tendentes al desarrollo de los talentos, para que además del esfuerzo individual, se cuente con el apoyo institucional.

Quienes se escandalizan con Tokischa, ¿Tienen presente que este país se ha dado el lujo descarado de entregar del presupuesto público en 2017, RD$805,043,462; en el 2018 RD$1,260,400,000; en el 2019 RD$1,506,000,000; y en el 2020 RD$3,014,000,000 para financiar a los partidos políticos? Y más, ¿Que a pesar de recibir este caudal inagotable e indecente de dinero hacen una política tan vil, que también buscan y reciben financiamiento del narcotráfico? Que indecencia tan atroz.

Por favor solicitemos a los partidos políticos que acaben con esta vulgaridad procaz, mendaz, violenta y desvergonzada, que cada vez se hace más evidente. (Caso Falcón es un buen ejemplo en este sentido). Quizás ese es uno de los catalizadores para que las y los artistas del género urbano usen cada fibra de su ser para ganar a la mayor brevedad, la mayor cantidad de dinero que puedan. Porque desde ese tener, sienten que consiguen ese “poder” que les hace visibles. Pero, ojo, eso no le pasa solamente a este grupo poblacional, ese es el pan nuestro de cada día. Desde esa lógica se manejan las empresas, los bancos, las industrias… solo que esos grupos siempre han sido visibles y sus actuaciones se han naturalizado y “bendecidas” como legítimas[5].

Lo que parece “doler” es que el ejército de “invisibles” haya dejado de serlo. Que, desde la música urbana, posiblemente sin tener esa intensión, se desnuden tantas realidades que preferimos ignorar. Así, de la misma forma que pretendemos continuar viviendo como si el embarazo infantil forzado no fuese algo cotidiano en este país, busquen la investigación de CLADEM[6] si alegan ignorancia; queremos seguir dejando oculto lo que nos incomoda, es más fácil ser “moral” atacando con visceralidad a los artistas urbanos, especialmente las artistas y con énfasis en Toskischa, que por cierto la Revista Billboard está tomando en cuenta en sus escritos y sus premiaciones.

O como ya afirmo Freire, el sistema no teme al pobre que tiene hambre; teme al pobre que sabe pensar y actuar con emoción y sentimiento…

Y haréis justicia.

[1] La Ingrata, Café Tacuba

[2] Tokischa

[3] Perros, Paulina Rubio, 2005.

[4] https://limaenescena.pe/perra-habla/

[5] Busquen las noticias del Comité Nuevo Renacer de Cotuí para que puedan darse cuenta con un ejemplo de esta realidad tirana…

[6] Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres. https://cladem.org/publicaciones-regionales-embarazo-infantil-forzado/