“Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Con esta cita del Presidente de Estados Unidos de América, Abraham Lincoln, el Dr. Sergio Sarita Valdez en uno de sus artículos publicado en la página de opinión del periódico Hoy, planteaba de forma rigurosa y científica su inconformidad con los exámenes toxicológicos practicados al cadáver de la Dra. Soanny Montero, descalificado en este articulo por el Dr. Sarita Valdez de forma elegante y profesional.
El alistado, Jairo Ramón Medrano, con apenas nueve meses en las filas de la policía, acusado de matar al estudiante asesinado por la policía Willy Florián Montero, expresó: “esos exámenes de INACIF son falsos, yo tenía una escopeta y a él lo mataron con una pistola cañón corto 9mm”; de ser así, las cosas para el INACIF y la policía se ponen color castaño.
El patólogo y prominente médico, cuestiona, en el caso de que una investigación cuyo objeto es la verdad, sea condicionada por el sentimiento y el prurito familiar de que se diga o no se diga, o, se establezca o no se establezca una cosa. Cuestiona que condicionados por este prejuicio moral los investigadores en aras de no lastimar susceptibilidades, procedan, en el Caso de de Soanny y otros casos , a esconder la verdad de los hechos, ya sea tal vez por razones o intereses extraños a la investigación .
Las investigaciones de INACIF y la policía es lo que más se parece al cuento de Juan Bosch, “Luis Pie”, en la que el Gran maestro narra cómo este pobre hombre venido desde Haití con tres hijos buscando la vida para su familia, una noche es atrapado en medio de un cañaveral por una infección en un pies, que no le permitía caminar por la terrible fiebre, obligándolo a arrastrarse.
Luis pie, cuenta don Juan, atormentado por la situación creía que era víctima de un mal, en medio del cañaveral logra llegar hasta una trocha, ya allí, trata de ver la herida de su pies e intenta prender dos fósforos que el viento impide que permanezcan encendidos.
Sigue la narración: de pronto el ruido de un motor de un vehículo le devuelve la esperanza, era el carro de Valentín Quintero dueño de la Colonia la Gloria, quien en medio de la borrachera y sin darse cuenta lanza un tabaco y provoca un fuego que parecía un infierno, despertando en Luis Pie el pánico, quien comienza gritar y pedir ayuda.
Escucha el tropel de unos caballos, creía que venían en su ayuda, eran los guardias que buscaban al responsable de pegar candela a los cañaverales, al frente venía nada más y nada menos que Valentín Quintero, quien se abalanza sobre Luis Pie, y le da el primer piñazo exclamando este fue que le dio fuego a los cañaverales, busca tus compinches desgraciado; obligándolo a ponerse de pies y caminar hasta el caserío, lo hacen pasar como cosa del destino, frente al bohío en cuya puerta estaban sus tres hijos bañados en lagrimas y llantos.
En su análisis el Dr. Sarita Valdez, es incisivo y demoledor al cuestionar la validez científica de las investigaciones de INACIF, y es más implacable con la capacidad engañosa de los resultados que de forma recurrente se ofrecen. Pero, el problema esencial se manifiesta cuando hace analogía con lo expresado por el presidente Lincoln, sobre lo frágil de hacer de la mentira una verdad; sofisma investigativo muy bien articulado en la investigaciones policiales y forense del INACIF.
Fortalezco estos planteamientos del investigador y patólogo con el cuento de Luis Pie en el que el maestro, Juan Bosch, establece diferencia entre ser responsable, y ser culpable. A Luis Pie lo hizo culpable, el responsable del fuego al cañaveral, don Valentín Quintero. Este es el gran dilema de la investigación policial, usted no sabe cuando el responsable de un hecho criminoso, está buscando un Luis Pie o culpable, para cerrar un caso y abultar las estadísticas de eficiencia policial.
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