El voto de papel ha sido el gran triunfador de estas elecciones. La obstinación de instalar un voto electrónico, iniciativa de la cúpula de la Junta Central Electoral, que puso en duda desde un inicio la confidencialidad del voto, el proceso de instalación, de conteo y de transmisión ante posibles hackeos, probaron el pasado domingo lo innecesaria que resultó esa riesgosa y costosa aventura. 

Para ser confiable y transcurrir sin problemas mayores, bastó que el proceso de votación contara con la participación ciudadana, la confianza de los partidos, la vigilancia de organismos internacionales, la presión pública, el control de los recintos… Estableciendo entonces que los principales elementos a tener en cuenta para desarrollar unas elecciones transparentes dependen de la voluntad, el orden y la civilidad, no de la premura en dar los resultados ni del uso de la tecnología. 

A pesar de cualquier probable sana intención de los jueces de la JCE, su riesgosa apuesta electrónica del 15 de febrero, sea por sabotaje o incompetencia, le ha costado momentos de ansiedad al pueblo dominicano, por lo que el momento de “felicitar” esa gestión de la JCE aún no llega, si es que llegará.   

Si el 15 de febrero pasado hubiésemos celebrado elecciones de manera tradicional con el voto de papel, las elecciones no habrían sido suspendidas, los aspirantes a congresistas y gobernantes no hubiesen visto su periodo de campaña recortado, la tranquilidad política y económica no se hubiesen afectado, y más importante aún, los dominicanos nos hubiésemos evitado el riesgo y posible esparcimiento del virus COVID-19 en los centros electorales.

Todos los que fueron a votar arriesgando su salud ante un virus silencioso que crea pánico a nivel mundial, son los que merecen las felicitaciones. Todos los que decidieron sentarse horas muertas a recibir electores y manosear votos y cédulas también; todos los que protestaron y aún exigen respuestas de lo sucedido el 15F; todos los que de alguna manera confiaron en el proceso a pesar de los riesgos y de las malas decisiones… pueden sentirse vencedores de esta primera fase.

El voto de papel obtuvo su venganza y vindicación, lamentable que haya ocurrido después de tanto millones de dólares desperdiciados en la apuesta electrónica. El pasado domingo, el presidente de la JCE dijo que “La democracia ha sido salvada”, lo cual es cierto, pero me cuesta mucho felicitar a los mismos que la expusieron al riesgo. Los demócratas han sido los que pusieron el pellejo en las calles, en las mesas, en las juntas distritales y los que persistieron en motivar al pueblo.