Víctor Pérez-Díaz, en su libro ganador del Premio Internacional de Ensayo Jovellanos (2010), titulado Universidad, ciudadanos y nómadas, recupera la noción de universidad entendida como “una comunidad de buscadores de la verdad”.

Esta noción responde a un paradigma de la tradición liberal occidental. Según sus supuestos, la universidad es el espacio de constitución de una comunidad de especialistas que posibilita el progreso del conocimiento científico y la conformación de una sociedad educada y plural.

Existen otros paradigmas de universidad. En función de a cuál responda un Estado, dirigirá sus políticas y acciones con respecto a la universidad pública.

Por ejemplo, la universidad, entendida como una comunidad epistémica, como un colectivo de construcción del conocimiento, confronta la visión de la universidad como institución al servicio de la oferta y la demanda. Si un Estado se compromete con la primera visión, asume su responsabilidad en la formación, el desarrollo y el sostenimiento de una comunidad del saber. Esto significa que todas sus estrategias se diseñarán con este fin. Su inversión estará dirigida a la creación de una infraestructura que propicie la construcción del conocimiento, los sistemas de contratación profesoral se conformarán propiciando horas para la investigación, etc.

Por el contrario, si el Estado se compromete con una propuesta educativa dirigida exclusivamente a satisfacer las necesidades de empleo del sector empresarial, se comprometerá con la promoción de la competencia, la eficacia y el éxito, no con la verdad.

¿A cuál concepción filosófica de la educación responde el Estado Dominicano? ¿Cuál es su concepción respecto a la universidad pública? ¿Cuál es su perspectiva sobre la UASD? ¿La tiene claramente definida?

La UASD ha sufrido, históricamente, los costos de una deuda social acumulada, resultado de las precariedades de un país con bajo índice de desarrollo humano. Pero también, las constantes crisis de la UASD son producto de las contradicciones conceptuales del Estado Dominicano, de su incorrecta planificación económica y de una dinámica de contención con respecto a los focos de rebeldía política y de exclusión económica, si no conscientemente planificada, por lo menos asimilada y sostenida.

Al inicio de la transición democrática, en las primeras dos décadas tras la caída de la dictadura trujillista, la dinámica de contención se efectuó con respecto a los focos de rebeldía política izquierdista. En las últimas décadas, la UASD ha funcionado como un mecanismo fundamental de contención social, aglutinador de las capas sociales más desposeídas, evitando que puedan convertirse en fuerzas de choque para el gobierno de turno.

Así, no ha existido una auténtica política académica del Estado Dominicano con respecto a la universidad pública. No ha existido una estrategia para la conformación y consolidación de un centro de educación superior moderno, dirigido al cultivo de la investigación de alta cualificación, a la formación de una comunidad experta en la resolución de problemas y a la generación de cultura en todo el sentido amplio del término.

La dinámica de la contención modifica la función del personal docente y del estudiantado universitario. En este contexto, el profesorado no es investigador, no está llamado a la creación del conocimiento científico, artístico u humanístico, no es un sujeto epistémico. El estudiantado, por su parte, no cumple un mínimo de condiciones para su matriculación y permanencia en la universidad. Ambos son agentes fundamentales al servicio de la dinámica de la contención.

Por esto, los indicadores que son irracionales desde una política académica de Estado dirigida a la conformación de una comunidad del saber, no lo son desde el Estado Dominicano: Profesores con carga docente presencial excesiva, aulas sobrepobladas, ausencia de reales interlocutores entre una población estudiantil alienada y embrutecida por la pobreza, carencia de una educación básica que cumpla con unos mínimos de calidad, etc.

La dinámica de la contención es el resultado de la ausencia de una estrategia nacional de inclusión social.

Una estrategia semejante requiere una transformación en el modelo de desarrollo económico y la inyección de los recursos necesarios para que la universidad estatal pueda tener un sistema de contratación profesoral a tiempo completo, con un salario lo suficientemente atractivo para atraer a la juventud más capacitada hacia la profesión docente, capaz de habilitar adecuadamente toda la infraestructura de la docencia  y suficiente para hacer sostenible la investigación. Implica también, los criterios para la realización de la inversión.

Estos criterios no pueden ser principios aislados que respondan a estrategias aisladas. Deben formar parte de una política integral. Por ejemplo, si se otorgan becas al estudiantado dominicano para hacer estudios de postgrado, deben otorgarse tomando en cuenta cuál será el destino de esos profesionales cuando concluyan sus especialidades.
De nada sirve tener una política de becas si no existe una estrategia de integración de ese talento en la estructura de empleos del Estado, que sigue nutriendo sus nóminas del clientelismo y de los grupos politicastros.

LA UASD no puede transformar su situación sin la voluntad política del Estado Dominicano. Ha existido una irresponsabilidad histórica que desatiende al gobierno de turno de compromisos, mientras delega en la universidad pública responsabilidades que desbordan sus posibilidades y funciones.

Mientras el Estado Dominicano no modifique la dinámica anteriormente descrita, y defina realmente una política de educación superior con fines cognoscitivos, la UASD no podrá modificar su rol y configurarse como una universidad “buscadora de la verdad”. Los defensores de éste y los anteriores gobiernos han recurrido a la excusa de la existencia de unas carencias económicas ancestrales, características de un país del Tercer Mundo, para no transformar este estado de cosas. Pero si algo ha quedado mostrado con las distintas gestiones estatales de las últimas décadas es que no hay límites económicos, ni voluntades que detengan al Estado Dominicano, cuando coloca toda su voluntad y su poder en aquello que es de su interés.