La situación de la UASD con el decreto 134-12 que constituye el Consejo Técnico y de Administración, además de designar su director en el nuevo centro hospitalario oncológico, Rosa Emilia Tavares, hay que verla con ojos de lechuza.
Son muchas las perspectivas que abruman la visión con la que podemos explicar e interpretar el trato de simple miembro e invitado de cuarta categoría dado a la UASD en el consejo recién constituido.
Los conservadores calificarían la acción como indelicada, los moderados dirían que es un golpeo mas, los críticos puntualizarían que es la visión de un modelo de mercado en contra de la cosa pública; en fin, conservadores, moderados y críticos colegiríamos en que este trato del Estado hacia la universidad estatal no se corresponde y, no se produce ni siquiera en los países desarrollados gestores del modelo de mercado y del liberalismo político.
Los que se frotan las manos en cada situación difícil anhelando la anulación y colapso de la UASD habrán entonado en esta ocasión la salve burlona, “le dejaron con en el moño hecho, o tal vez, la dejaron como el perico en la estaca”, celebrando por supuesto esta conducta absurda y reiterada por parte del gobierno de forma inmerecida hacia la universidad.
La UASD ha sido flagelada por el látigo del Estado con el síndrome del raquitismo presupuestario, excluyéndole de los derechos que le asigna la ley 5778
A diferencia de dominicana, estas reacciones no se hicieron presente ni por asomo en Chile, cuando su ministro de salud Jaime Mañolich, intento desalojar recientemente la Universidad de Chile de las clínicas universitarias (prácticas hospitalarias) con la intención de privatizarlas e imponer un cobro por la misma, hasta el Congreso de esa nación reaccionó indignado por tal acción.
En el mundo civilizado los centros hospitalarios más reputados le está reservado su cuidado, administración y desarrollo científico a las universidades, más que centros de atención y servicios, en esta visión, son espacios reservados a la investigación y a la búsqueda de respuestas a los grades problemas sanitarios de la humanidad.
A la hora de colocar la UASD en su justo derecho, siempre se esgrime el estigma clásico para descalificarle de que no sabe administrar y por lo tanto somos un peligro en la preservación de los bienes, valoración por demás injusta y de mala leche. Ahora, la Universidad de Santo Domingo, hoy Autónoma, por casi un siglo fue la única formadora de los profesioles de la salud y el sostén del sistema sanitario dominicano en lo que se refiere a la generación de recursos humanos para su funcionamiento y su existencia y, lo ha sido también en otras aéreas de la vida social del pueblo dominicano.
El desafío de esta nueva barbaridad, plantea a la universidad del Estado la obligación moral, académica e histórica de conservar el Instituto Oncológico, Heriberto Pieter y transformarlo en un centro avanzado de docencia e investigaciones, y no solo la obligación antes señalada marcan este compromiso; si no la gratitud a la memoria histórica de este insigne dominicano que el gobierno no respetó y conservó. Equipos, tecnología, organización e infraestructura deben ser cedida a la UASD en permuta y compensación por el patrimonio cedido para el nuevo centro; con el compromiso innegociable de formar con excelencia en el mismo, médicos oncólogos.
El Estado debe cambiar la cultura de trato para con la universidad pública, su relación no debe ser tan degradante y miserable en la que un patronato, una liga, un sindicato obrero o empresarial, una junta de vecino o un consejo tenga más aprecio, confianza y relevancia que la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
El raquitismo en los párvulos se produce fundamentalmente por la carencia y la falta de alimentación. Los signos de esta enfermedad son: poco desarrollo, falta de crecimiento y un funcionamiento orgánico inadecuado.
La UASD ha sido flagelada por el látigo del Estado con el síndrome del raquitismo presupuestario, excluyéndole de los derechos que le asigna la ley 5778, a pesar de ello ha permanecido en el tiempo y la historia jugando el rol más relevante de institución alguna en la sociedad dominicana.