Es indudable  que los juicios emitidos contra la Universidad Autónoma Santo Domingo en los últimos días por funcionarios gubernamentales, han sido desproporcionados y de muy mala intención. Pero, no es menos cierto que debemos hacer una catarsis  interna y  revisar la calidad  de nuestros  comportamientos y ver si la medida que ellos expresan es  propia en estatura  de académicos, intelectuales, de hombres y mujeres de ciencias  y seres pensantes.

En una familia la falta de recursos y la precariedad generan  tensión, estrés, confrontaciones,  desplome de las relaciones de la pareja y, una que otra vez la pérdida de autoridad en los y las cabezas de la casa; lo mismo puede pasar en la UASD. Ahora, de algo hay que estar convencido, y es que  una familia integrada, inteligente, construida sobre la base de la compresión, el respeto y la solidaridad, no permite que el mal de la crisis social que le viene de fuera, se trague la unidad interna y la paz familiar.

No es posible que en medio de la coyuntura que vive la universidad  la red en internet, las mesas de los bedeles: en facultades, Recintos y Centros Universitarios, las guaguas que transportan los profesores y, en los salones de los docentes, usted no encuentre un ensayo sobre una investigación, una revista científica, un artículo con una nota sobre una reflexión que sustenta  un punto de vista antropológico, filosófico o jurídico; por el contrario, encontramos toneladas de papeles llenos de insultos, agresiones, odio y chismes baratos y,  como para completar,   el ciberespacio saturado de correos que desdicen de nuestra condición de académicos.

En la recién finalizadas elecciones de autoridades, quedé estupefacto con las imputaciones hechas por una profesora a otra profesora que había sido en elecciones anteriores a la recién finalizada, su candidata a la rectoría; esto con el peor de los lenguajes.  Le señaló la referida docente a quien había sido su líder,  que no tenía pudor porque se  había acosta en la noche con un candidato, esto en sentido figurado, y había amanecido  en la misma alcoba con otro diferente; por supuesto, le llamó en sentido figurado ramera, y solo, porque hizo libre elección del derecho que le asiste  de decidir lo que entendía   es su libertad.  ¡Dios mío estas  son cosas de una académica formadora de profesionales!

Lo acontecido  en una Asamblea en el departamento de Comunicación Social en el año 1991 me llevó a tomar la decisión de no volver más a una asamblea  de este departamento, era entonces su Director el profesor Danilo Cruz Pichardo, un caballero, respetuoso y excelente profesional. Llegué temprano después de un viaje de 4 horas, en esa época vivía en Barahona. Se logró el quórum pero pasado los 5 minutos la profesora Wanda  Ramírez entendía que no se podía dar y la desbarató. Tomé mi mochila ante la mirada de las profesoras Ángela D´leon y Sonia Vargas   y eché de regreso con el juramento de no volver más a la capital a este tipo de evento.

Cuento esta anécdota porque  me enteré  que en la recién celebrada asamblea de la hoy  Escuela de Comunicación Social, otrora departamento,  se produjo un incidente de Wanda con el profesor   César Amado Martínez, profesor éste primero que yo de la Escuela de Comunicación, en el que la profesora le llamó advenedizo solo  por ser originalmente  de la Escuela de Pedagogía y no compartir con ella los puntos de vistas de la asamblea, cabe decir, que el profesor César Amado ha sido por muchos años su consejero preferido.

El profesor César Amado es una persona en extremo respetuosa y de quien la universidad debe sentir orgullo  de ser uno de los suyos; un académico acabado y con  un prestigio fuera de la universidad. Yo me dije antes de escribir este artículo , porque no escribirle algo a esta historia de irrespeto y agresiones de la maestra; si yo escribo  al presidente Leonel Fernández y digo lo que  pienso, al Cardenal, a un obispo, al jefe de la policía, a un ministro y a una fundación, y no recibo agresiones,  porque no decirle a una persona que el imperativo de sus obligaciones académicas  deben  hacerle entender que su conducta de irrespeto con la que calificó a un rector en un momento como Chucky el muñeco diabólico, a otro faraón y a este no se con que mote lo ha bautizado,  que   las agresiones, el irrespeto y la profanación a la reputación de las personas tienen un límite y, no son propias en grandeza de la investidura de una  académica .

Ojalá entendamos de una vez y por toda en la UASD,  que debemos construir una cultura académica cimentada en el respeto y la solidaridad, no en el odio. El que odia indiscriminadamente termina odiando sus padres, haciendo la  guerra con sus hijos  y  divorciando el espíritu del alma para odiar su propia sombra.