El optimismo como el pesimismo, no es una consecuencia de la naturaleza humana sino de la naturaleza social. Esa capacidad de mutación del ser humano es expresión del campo cultural, social, económico y político de una determinada formación social. La mutabilidad se recrea en el alma colectiva de una sociedad en función, en gran medida, de cómo las elites en cada interregno de la historia han logrado construir los sueños de esperanzas; desestructurado obstáculos y adversidades y presentado ilusiones verdaderas para el porvenir.
La sociedad dominicana a lo largo de su historia ha producido un dejo de un profundo pesimismo, como obra de que sus líderes no siempre se han situado a la altura de la circunstancia; a la altivez de los desafíos que los distintos contextos hayan podido gravitar. Esos retos, obstáculos y adversidades, no han sido resueltos como antesala de una Visión, de un compromiso con el futuro; de una Misión, vale decir, de una definición de su propósito, que como sociedad tenemos. Muy por el contrario, en cada instante del devenir, los hacedores de políticas públicas han tomado las decisiones más coyunturales, más del momento; más lo que le conviene al grupo político dominante; sin conjugar el presente en una perspectiva halagüeña de futuro.
Los sueños como sociedad quedan truncados en cada instante de los nuevos desafíos. Por eso somos una sociedad terriblemente anclada y pesarosamente enferma. Las decisiones coyunturales, pero fundamentales, las vamos postergando y posponiendo para insertarlas en problemas estructurales. Verbigracia: El déficit cuasi fiscal del Banco Central, que al terminar Agosto del 2004 rondaba los RD$86,000 millones; hoy se encuentra por los RD$246,000 millones, esto es, 3 veces más, lo cual implica que un problema coyuntural, se ha convertido en un problema estructural para la economía dominicana.
Lo mismo podemos señalar con el problema eléctrico donde se verifican todas las modalidades y dimensiones de la corrupción: El soborno; la baja competencia del mercado, dando lugar al oligopolio; colusión para fijar precios; manipulación de la oferta; arreglos de distribución exclusiva; arreglos de ataduras en los contratos; convenios de mantenimiento de precios y discriminación por precios. Un problema coyuntural se ha transformado en otro estructural por la falta de voluntad política y por el poco ejercicio ético de los gobernantes y de determinados agentes económicos.
El mutismo del Presidente Danilo Medina ha producido una “reforma tributaria” totalmente mutilada, inválida, tullida, lisiada. Una “reforma” con una legalidad truncada y una legitimidad totalmente deformada; y una reforma que no tenga ganadores en el concierto de una sociedad es una reforma que propicia los mismos males que pretende corregir. Una reforma atropellante y avasalladora que por su “prisa” pretende corregir hoy lunes, desafueros que hace tres días fueron aprobados (la compra por Internet).
La “reforma” (crisis) fue una gran oportunidad para el Presidente concitar nuevas maneras de hacer política; un gran espacio, escenario para que la sociedad se encaminara hacia una mayor participación, hacia una mejor y más legitimidad, hacia un puente de verdadera confianza de parte de la sociedad política y la sociedad civil. Era una “reforma” que si asumía la Estrategia Nacional de Desarrollo (1-12), podía en los primeros 5 meses producir una recesión, si iba por el lado del gasto, en principio; pero que a mediano y largo plazo traería nuevos ingresos como efecto de la concertación con los actores sociales y los actores económicos, trayendo consigo más confianza y mayor crecimiento económico, de manera más sostenible y más sano para la economía y el país pues generaría un mejor Capital Social.
Pero lo que destaca todo este desconcierto es la subestimación de la crisis y todo el entramado de la mutación profunda institucional de nuestro país, con respecto al IMPERIO DE LA LEY y de cómo la ausencia y precariedad de la institucionalidad, produce mayores cuotas de desigualdad, de marginalidad, de exclusión y sobrevivencia de más del 60% de la población dominicana.
Esa erosión permanente y sistemática del IMPERIO DE LA LEY trasciende la actual crisis económica, que por efecto de la “reforma” en los primeros 6 meses, traerá consigo una reflación económica (inflación+recesion). Es una crisis ético-moral en el ejercicio de la política lo que está y ha estado en juego en la sociedad dominicana. Es al mismo tiempo, como secuela de lo anterior, la ausencia del compromiso de la palabra con los hechos. La falta de correspondencia entre el decir y el hacer. El divorcio entre el pensar, sentir, decir y actuar. La falta medular de la integridad en el ejercicio ético de la política, de los políticos nuestros.
Durante toda la Campaña Electoral se habló por parte del actual Equipo Gobernante de un acuerdo PRECAUTORIO con el FMI; hoy sabemos que será Stand By. Sin ninguna explicación a la sociedad. Es una carencia y una falencia inaudita de la ética de la responsabilidad, de la ética de los derechos, de la ética de los deberes; de cómo asumir los problemas y dilemas éticos desde la función pública, de cómo internalizar los valores en la función pública; asumiendo siempre lo que más le conviene a la sociedad y no al Partido y a los grupos que convergen en él.
“Los valores orientan la toma de decisiones, son motivadores de los comportamientos humanos y tienen incidencia en las relaciones que se tejen entre personas y entre grupos sociales”. Ellos no son visibles, observables, como nos dice Carreras, pero sí lo son las actitudes y el respeto a las normas, así como el esfuerzo para comprenderlos y defenderlos.
¡La subestimación de la crisis económica encadenada es una clara comprensión de que no entienden la dimensión de la crisis ético-moral en la sociedad dominicana; más profunda, que arrastra a la primera y nos lleva a esta enorme mutación institucional; como diría Joseph Stiglitz, en su libro El Precio de la Desigualdad “… La batalla por las leyes y las normativas que rigen nuestra economía y por cómo se aplican pueden crear una sociedad más equitativa o más desigual”.