“……. Esas dotes: la ciencia, la técnica y el fuego, la repartió entre los mortales a costa de los dioses , con esas dotes,… continua diciendo Platón, no era posible que el hombre llevara una vida política normal; porque apenas se encontraban unos cuantos empezaban a pelear entre sí; carecían de virtudes políticas”.(*)
Los juicios anteriores, reseñados en el mito contado por Platón a través de los diálogos de Protagoras sobre el origen de los dioses y los mortales, constituyen las tesis fundamentales de las últimas cuatro entregas de esta serie de cinco artículos sobre “La Sociedad humana, de regreso al salvajismo “. El valor más alto de una sociedad civilizada es el respeto por la vida, la libertad y la dignidad de la persona; cada vez más ésta ha estado amenazada por la inseguridad y la destrucción de la solidaridad humana.
La sociedad dominicana no escapa a este estado de barbarie y salvajismo que vive la sociedad global: la delincuencia arropa y desborda el país, dos maestros de escuelas matan y desaparecen una compañera para robarle, dos niños limpia botas matan un compañerito para quitarle trescientos pesos, un padre y una hija en relación incestuosa hacen concierto para matar la madre de una y la esposa del otro, cuarenta y tres mujeres en lo que va de año, víctimas de femenicidios a manos de sus parejas, padre estrangula y mata recién nacido porque no le dejaba dormir, una mujer que tenía a su cargo cuidar una niña de meses, la viola.
La involución humana es cada vez más acentuada en la sociedad dominicana. Ante tales acontecimientos la conclusión de religiosos y moralista es que el hombre perdió el temor de Dios y el sentido de pecado, los cientistas sociales se lo atribuyen a estructuras injustas que generan inequidad
El cuadro de regresión humana al salvajismo es cada vez más tenebroso en este país: nieto viola anciana, diputado viola menor, la policía encabeza estadísticas de muertes violenta, un número significativo de altos oficiales policiales y militares involucrados en red de narcotráfico y sicariato, cura viola niño, pastor hace lo propio.
La involución humana es cada vez más acentuada en la sociedad dominicana. Ante tales acontecimientos la conclusión de religiosos y moralista es que el hombre perdió el temor de Dios y el sentido de pecado, los cientistas sociales se lo atribuyen a estructuras injustas que generan inequidad, los diseñadores de políticas establecen que el mal tiene su origen en la ambición y materialismo desenfrenados del individuo. Cada factor antes señalado parece tener un algo de verdad; pero, de forma particular no son la razón causal del fenómeno de regresión humana, el problema humano es mucho más profundo y complejo, es un problema, como razón trascendente, de anulación de la conciencia humana.
Del conjunto de seres que constituyen la realidad existencial, el hombre es el único ser con la capacidad de transformar la vida humana y su entorno, y no solo transformarla; sino, por desgracia humanamente destruirla. Es el único ser que hace de su existencia un problema.
¿Cómo entrar en las entrañas de los complejos filosóficos que desvelen el misterio de la pérdida de sentido de la dignidad y la vida humana?, ¿cómo se ha ido construyendo en la sociedad dominicana esta cultura de muerte, en la que quitar la vida a otro, es un simple hecho que no compunge ni estremece las fibras sensibles del ser social? La globalización y el dios mercado han pulverizado en ésta y, la sociedad global, la conciencia humana, creando con este hecho las bases de una sociedad violenta, bárbara, salvaje y deshumanizada; Gabriel Marcel el Filósofo existencialista católico, lo expresa en los siguientes términos, después de preguntarse: ¿Que es propiamente el hombre? o ¿Qué demonio es el hombre? “Su conclusión es que el hombre, la conciencia humana, con la cual somos hombres conscientemente, no es más que una aventura del ser. Aventura transitoria, puramente casual, porque si, absolutamente inexplicable.”
La reflexión de estas últimas cinco semanas en esta columna, nos lleva a la conclusión de que la conciencia humana es el tope que impide que la sociedad humana involucione hacia estadios de salvajismo y barbarie. Un Ciudadano sin conciencia humana, no es solidario y es insensible; un político sin conciencia humana, carece de escrúpulo y vive en la corrupción; un empresario sin conciencia humana, es agiotista y especulador; un dirigente sin conciencia humana, es mentiroso y simulador; un policía sin conciencia humana es un peligro inminente y un exterminador; un intelectual sin conciencia humana, es fuente de desviación y falsedad. Sin conciencia humana el hombre, no es conscientemente humano y se disuelve y anula en su ser el sentido de libertad, respeto, justicia y solidaridad.
La sociedad dominicana tiene la conciencia humana socialmente dañada, enferma y atacada en su esencia por una cultura y tendencia de irrespeto a la vida y a la dignidad de la sagrada persona humana.
(*)Antropología filosófica contemporánea. Juan David García Bacca. Edición 1955, Barcelona.