La semiótica del olfato supone una semiótica específica de los olores, que se perciben como elementos esenciales de cierta variación orgánica y hasta psicológica del cuerpo, y sus diversas respuestas del sabor, la percepción visual y la orientación de la sustancia odorífica.
De ahí que la semiótica de los olores (y por lo mismo del olfato), sea una semiótica mixta y transdisciplinaria. En este sentido, el sistema perfume atrae, mezcla, sustancias naturales, químicas, olfativas. Se trata de vínculos orgánicos y psicorgánicos que trasladan el significado del signo perfume, vinculado al signo olor; lo que permite percibir, comprender una travesía orgánica que depende y concurre en los cinco o más sentidos del cuerpo. Esto supone varias hipótesis de trabajo sobre la taxonomía perfume, formas de olor y de percibir determinadas entidades y objetos, tal y como podemos leer en la conocida novela de Patrick Süskind.
La semiosis del perfume supone a la vez una semiosis del olfato, así como una filosofía del cuerpo. Sucio y limpio producen reacciones perceptosensibles significativas, siendo así que los diversos estados del goce a través del olfato y los olores, implican siempre el intercontacto psicosomático, morfosomàtico, sociocomunicativo y biofuncional.
El olor, el sabor y sus derivados están asociados a la respiración y a los objetos del goce perceptivo, lo que a su vez permite reconocer las instancias y las diversas taxonomías odoríficas. Todo olor remite también a un imaginario cultural, psicocorporal y receptor, como parte de un fenómeno psico-orgánico.
Existen variantes específicas de olores que producen algunas mezclas químicas y tratamientos con apliques en diversas posiciones orgánicas, donde el buen “olor” y el “mal” olor pueden resultar agradables. Tanto el primero, como el segundo, despiertan reacciones y estados diversos del ser-estar-en-el-mundo Este o estos efectos vinculares pueden crear diversas expresiones orgánicas y a su vez pueden resultar positivas para reconocer las diversas búsquedas que se hacen a través de los sentidos.
Resulta significativo que una semiótica, una estética y una filosofía del olfato se sostengan sobre la base de interpretación de comunidades diversas, donde el canon de los olores va más allá de algunas “esencias” que han quedado “marcadas” dentro de la tradición y la cultura.
Los espacios del olor y el sabor, las llamadas esencias que se hacen visibles en El perfume de Patrick Süskind revelan que el olor en esta novela del escritor y guionista alemán, parte no solamente del sonido, sino de la palabra, el cuerpo y la naturaleza misma. Cierta música produce olor, sabor y audición odorífera. Lo que quiere decir que la concepción del olfato no reduce la capacidad de poner a prueba los cinco o más sentidos del organismo.
Dentro de la semiótica olfativa, se pueden apreciar los diversos procesos y cambios de la percepción odorífera, a partir de signos e interpretantes que conectan con el sistema cerebro, gusto y respiración. El sentido del olfato acepta ‘lo bueno” o “lo malo” del olor, con sus derivaciones asociativas y sobre todo en el contexto de las percepciones nasales, inducidas por la fuente generadora del olor.
El sujeto produce un determinado proceso de absorción estimulada por funciones “efectoras” que registran y movilizan los órdenes de una sensación que motiva el acercamiento a estructuras y formas de auto-absorción; lo que se deja leer como registro intuitivo se extiende también, a los dos o más sistemas que acepta la semiótica del olor.
Todo lo anterior remite a un sistema psico-vegetativo y estésico que implica comprender el desarrollo hormonal del sujeto para replantear, en el caso de Süskind y su novela El perfume, el mundo de la obra y de la imagen. Pues la travesía psico-fisio-orgánica, repite un elemento que acoge lo que es la concepción del cuerpo y su tratamiento psicopático. Lo importante de este proceso consiste en aplicar reglas y meta-reglas para establecer las líneas de una instrucción que sirve de base a la semiótica del objeto en cuestión, de tal manera que la práctica y la técnica del método, no deja de superar las barreras psicoanalíticas, antropológicas, bio-psicológicas, culturales, teóricas y otras que aparecen en dicho proceso.