Trazos del pensar

La reflexión estética contemporánea

Por Odalís G. Pérez

Las diversas teorías sobre la producción artística contemporánea, arrojan resultados diversos sobre un nuevo tipo de conceptuación y a la vez de estructuración de la obra de arte, siendo así que las posibilidades de la finalidad artística instituyen un conocimiento segmental, por un lado, y por otro lado una visión global del fenómeno en cuestión. Y no es solo cruce lo que se deja leer en la contemporaneidad.

Como experiencia de ruptura o fragmentación, la estética vanguardista, el pensamiento de la post-vanguardia y otras tendencias el campo de productividad facilita la crítica para una nueva caracterización de los productos artísticos.

La complejidad de los constituyentes y de los modos accionales, propositivos o no, generadores de la obra, se manifiestan en un relato o materia ligada al acontecimiento de la recepción, pues la sustancia unificada del proceso artístico denota un pronunciamiento, que hace más transparente la comprensión del fenómeno estético.

Los nuevos documentos y materiales que sirven para posicionar la crítica de la obra artística y literaria, fundamentan hoy una nueva lectura significante artístico, produciéndose de esta manera una inteligibilidad de la forma artística, dimensionalmente estructurada en el marco de la visión creadora. Podríamos decir que existe, en contexto y en movimiento, el contacto o una interacción entre los elementos de la obra artística, fundada en la actitud del ojo creador que hace posible una ramificación de conocimientos integrados al producto artístico, en la comunidad de los objetos estéticos y sociales. El campo nocional de la comprensión estética, permanentiza el trabajo artístico en el proceso de producción de la obra de arte. La relación entre el sujeto, la obra y la sociedad, tiende a crear una socialización o interacción estética, mediante efectos de inmanencia y de trascendencia artística. En este sentido, el arte de la nueva era, es un arte de la subversión, donde el encuentro y la lectura estética plural instauran un nuevo orden creacional, cuyos propósitos son la mediación, la integración y la totalización del sujeto a través de la obra de arte. En este sentido, la teoría crítica y la estética contemporánea pretenden activar un movimiento pragmático para explicar, analizar, activar la comunicación y distribución de todos los fenómenos artísticos actuales.

Teóricos y críticos, como Benjamin, Habermas, Gadamer y Marcuse, facilitaron en su tiempo la crítica, así como las vías analíticas para la instauración de un nuevo orden estético y una nueva modalidad de lectura de la obra de arte. Justamente allí donde se constituye la teoría estética ilustrada (T. W. Adorno), existe una interpretación de la estructura ideológica de la comunicación, en términos de visibilidad y de fundamento comprensivo. De tal manera que, entre la conjunción interna y externa de la obra, se produce un nuevo desocultamiento de la diferencia artística. El arte de vanguardia y el arte de la era post-industrial conjugan los elementos de la vida cotidiana, una nueva razón productiva de la ciencia, alternando la movilidad social de la obra de arte con la estructura particularizada del fenómeno artístico. Lo que se observa es un nuevo mensaje, cuyas coordenadas exhiben un nuevo tipo de información estética, así como una nueva colaboración entre el artista y su comunidad.(Véase, Eduardo Subirats: El final de las vanguardias, Eds. Anthropos, Barcelona, 1989).

La opinión neohegeliana, según la cual, el arte simbólico y el arte romántico ponen las bases para una interpretación evolutiva del mito y la cultura, tiene su fundamento hoy en los efectos del arte post-industrial. La ruptura provocada por la nueva imagen del hombre, representada y a la vez movilizada en el arte contemporáneo, anuncia una transformación, así como una desmitificación de la imagen clásica y del entorno tradicional del artista.

Actualmente, los productos semióticos y estéticos alcanzan un rango artístico y son validados por una crítica científica, cuyo télosapunta a una interpretación intencional, abiertamente analítica. Sin embargo, los diversos nódulos y estructuraciones del producto artístico, sugieren una visión-conjunción de los conceptos que fundamentan la conducta de recepción del crítico y del espectador contemporáneo. Ciertamente, el crítico post-ilustrado, pretende fundar la nueva visión interpretativa en base a las premisas ideales de la estructura y las formas intelectuales, siendo así que el elemento crítico-estético fundamenta la intelección del fenómeno artístico, mediante el carácter relacional de los signos-cuerpos que la constituyen.

El arte contemporáneo puede así, establecer sus correspondencias de manera disposicional, para de esta suerte, convertirse en acción sensible y rebelión formal.

A partir de la primera década del siglo XX, se va conformando un espíritu de ruptura mediante el surgimiento de algunas tendencias y creaciones artísticas. Esto hace que aparezcan en dicho contexto algunas manifestaciones y declaraciones relativas a un nuevo modo de expresión del arte. (Ver, por ejemplo, AAVV: La modernidad a debate, Eds. Akal, Madrid, 1999)

El concepto de vanguardia que se empezó a manejar a partir de entonces, estuvo ligado a lo que se entendía como escuela, movimiento, ismo. Así surgieron los diversos ismos: dadaísmo, cubismo, constructivismo, futurismo, surrealismo, expresionismo y otros que, aunque de corta duración como movimientos, fueron concebidos como tendencias estéticas y artísticas que no dejaron de tener influencia a todo lo largo de la producción artística del siglo XX.

Las diversas problemáticas surgidas a partir de los nuevos lenguajes artísticos en el siglo XX y el siglo XX1 constituyeron una visión plural, transgresora de las experiencias artísticas y estéticas, muchas veces incidentes en el panorama cultural y artístico del siglo XX y lo que va de siglo XX1.

Artistas y teóricos como Tristan Tzara, Filippo Tommaso Marinetti, Hans Arp, André Breton, Tziga Vertov, S. M. Eisenstein y otros, constituyeron un espacio de creación, reflexión y ruptura, a partir de visiones utópicas y pantópicas cifradas en la negación, la revolución y las transformaciones sociales e ideológicas.

La necesidad de una técnica artística y de una estética instruida por modos de concebir y modos de entender el arte produjo una nueva lectura, así como diversos modos de comprensión de la obra de arte. Lo que implica que hasta el día de hoy, el concepto de arte contemporáneo ha sido entendido en la perspectiva de nuevas versiones y nuevas mediaciones artísticas.

A partir de la década de los 60, una nueva historia cultural y artística empezó a revelar también nuevas visiones pictóricas, fotográficas, escultóricas, arquitectónicas, urbanísticas, musicales, teatrales, y cinematográficas, entre otras, que habrían de marcar nuevos aprestos estéticos y visionarios en el arte contemporáneo.

Empezaron a conformarse ciertas perspectivas y “poses” vanguardistas, y a la vez se produjeron visiones de negación del arte dentro del arte. En lugar de creación se empezó a creer que el arte era sólo producción.

Dentro de las preocupaciones y concepciones post-vanguardistas, surgieron los llamados movimientos individuales, constituidos como signos, manifestaciones instruidas a partir de la práctica estética individual del artista.

Lo mismo ha sucedido en los comienzos del siglo XXI. Se justifiquen las ideas, términos y visiones de un nuevo concepto de contemporaneidad, basado en relaciones entre lenguajes, entrecruces y mediaciones artísticas.

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