Esto creo, esto pienso

La rebeldía es un derecho cuando te quitan lo tuyo para goce de otro

Por Rafael R. Ramírez Ferreira

Porque… “Un radical es un hombre que dice la  verdad”

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La democracia es un régimen sin rey, infestado de muchos soberanos, muchas veces más exclusivos, tiránicos y destructivos que uno solo, si este fuese tirano.(Mussolini)

Dicen los estudiosos que cuando mi voluntad se ve negada por una voluntad ajena, entonces me cabe reaccionar a esa voluntad extraña para hacerla desistir en su negación sin cometer injusticia alguna esto es, dispongo de un derecho coercitivo. Esa misma acción mía que, descontextualizada, supondría una injusticia, en este caso constituye un derecho.

Y la realidad es que hoy, deseaba hablar de cuentas y preguntar por ejemplo; “Y que fue de aquel hermoso capital que un día te diera y que poco has tardado en derrochar y de qué manera” pero, los indelicados políticos y malsanos leguleyos –que prácticamente es lo mismo-, no me dejan. Yo quería mejor decir que “hoy la cuenta de tu amor esta por fin en números rojos”, como espero que el pueblo pendejo se la ponga a los aboliticos cuando comiencen a visitar los barrios con motivo de elegir a los nuevos invitados al manjar que proporciona el pueblo, saludando y dando apretones de manos para luego sentir repugnancia y limpiarse con manitas limpias o finas toallitas húmedas, importadas de manera personalizada para la ocasión. Todo esto acompañados de sus funditas, salamis y canastillas, sin contar con las miles de promesas y vanas ilusiones para los pendejos.

Pero me sacan los cheles de los bolsillos y debo desviar mi atención a este grave asunto, porque la verdad no comprendo la razón para ser tan testarudo ante manifestaciones que para todo el mundo, o mejor dicho, para una inmensidad de pendejos, son indiferentes o simplemente se les importa un bledo pero, llamarme “contribuyente”, simplemente, ¡Me irrita!

Porque contribuir es ayudar y cooperar con otro, en este caso el Estado, para el logro de un fin pero, cuando se me obliga a dar lo mío al estado para que un grupo de alevosos e indelicados políticos enganchados a funcionarios se hagan dadivosos, altruistas, los buenos de la película, dando y dando lo que me sacan de las costillas con leyes impositivas creadas por ellos con alevosía y mala fe, entonces tengo todo el derecho coercitivo para desviar ese comportamiento corrupto que atenta contra mí, contra usted y todos los hombres que se ganan el peso con honestidad y en base a muchos sacrificios.

Contribuir para hacer pero, nosotros “contribuimos” para que un grupo muy reducido, muchas veces tan reducido como un comité, enquistado en el estado y alternándose cada determinado tiempo, donen y hagan negocios multimillonarios, porque en cuanto a obras para el bien común, aun sean unas simples letrinas sin préstamo, usted puede estar seguro que no se harán.

La cobardía, la misma a la cual hizo referencia el gran Gandhi cuando dijo que los cobardes mueren muchas veces antes de morir, es la misma que nos mantiene postrado como pueblo, es la misma de Guacaragani, es la misma por la cual nuestros políticos hacen y deshacen a su antojo y juegan el juego que les venga en ganas y en el momento y lugar que más les plazca.

Es la misma cobardía que día a día permite las indelicadezas de nuestros desacreditados “representantes” sin que suceda nada; es la misma maldita cobardía que ya dentro de poco y como siempre ha sido, nos permite recibir en las calles, en nuestros sectores y barrios y hasta en nuestros propios hogares, a los mismos perversos, mentirosos, corruptos y desacreditados políticos, con las mismas propuestas, cajitas, saludos y la misma fingida sonrisa.

Pero además, es la misma cobardía que permite la burla de los llamados a impartir justicia a todos estos perversos, ya que los compromisos contraídos con ellos y su manifiesta cobardía, los hace postrarse y ponerse de rodillas ante la presencia o llamada de estos indelicados que les indican como, cuando y de qué manera accionar. Porque la nueva ley de placas no es una “contribución”, no señor, más bien es un robo, un atraco, un asalto a los más pendejos que andan en las calles. Un abuso a este pendejo pueblo para que los políticos continúen ordeñando la vaca del estado que en realidad, de hecho y al parecer de derecho, les pertenece, porque solo ellos como “cojonuces” al fin, lo pueden hacer. ¡Si señor!

E-mail:rafaelpiloto1@hotmail.com

Twitter:@rafaelpiloto01

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