Dejando de lado sentimentalismos absurdos de un pasado “mejor” y trujillista, y enfocándonos en el valor sémico de las canciones hemos evolucionado. La simpleza era, hace una década, tan habitual como hoy en día lo es la vulgaridad. Hemos crecido, somos más complejos y más sinceros.
En la difícil, casi diabólica, labor de shatán (no debe confundirse con shaytán) uno encuentra buenas discusiones, discusiones que se extienden al infinito, discusiones que remiten a escritos (sin importar su volumen; una página, un libro, una colección) y que uno tiene que responder en igual soporte y extensión.
Así pude conocer a Vinkgrid Guzmán, con la que he tenido muchas de mis mejores discusiones y por ella y por una conversación con ella hable con Darío Martínez Batlle quien mediante un escrito suyo me presento una criolla de José Dolores Cerón cantada por Fernando Casado. El nombre, explicito por demás, denota una inocencia inusual; Como me besabas tú.
Cuando El Recuerdo de Tu Hermosura/ Tus Dulces Labios Suelo Evocar/ Como Un Alivio A mi Desventura/ Tus Labios Busco Para Besar/ Tus Labios Busco Para Besar/ Cuantas Veces Soñando/ Tus Besos Suaves Sentía/ Cuantas Veces Llorando/ El Día Me Sorprendió/ Cual Triste Ciego Errante/ Siempre en Busca de Luz/ Busco unos Labios Que Besen/ Como Me Besabas Tú/ Como Me Besabas Tú.
Tomando como partida de análisis la canción en cuestión podemos ver que carece de imágenes (que es como le llaman a algunas figuras literarias los que no conocen sus nombres). A lo mucho se pueden ver dos anáforas. Es una letra simple y bella, sin rebuscamientos ni trama. Es una letra simple para no tener que pensar y ahí está su belleza.
La inocencia de la letra no está en el tema, que pretende ser, la inocencia está en el elemento que se trabaja; el beso. No se universaliza el beso, pero tampoco se individualiza hasta el punto de mitificarlo. Se produce una aparente sinestesia entre el primer y segundo verso que languidece y se pierde en el resto. Sin la música y la fuerza del cantante (que le añada un valor metalingüístico) el beso que nos muestra es solo eso un beso. No nos invita a participar pero tampoco hace pensar en el misticismo del Beso como símbolo universal.
A modo de nota conviene aclarar que este título corresponde a otro escrito, uno que analiza la obra de Mozart la Para. Suponemos que esto pretende ser un prólogo o en su desgracia un teaser (que implica menos que la expresión castellana “campaña de intriga”). En todo caso es una provocación y una respuesta a la falta de respeto hacia “lo actual” que disfrutan la mayoría que han recibido un puesto por la edad más que por cualquier otro mérito.
En la infancia cuando jugábamos a componer poemas, además de la rima forzada, recurríamos a la anáfora para darle musicalidad a las toscas e inocentes construcciones.