En el año 2006, publicamos en el periódico hoy, un artículo sobre el error estratégico que significaba dotar de tecnología, medios de locomoción y armas a una policía dañada de origen en su funcionamiento y naturaleza, por la cultura balaguerista: crimen, terror, represión, y bandas incontrolables. La modernización de la policía se ha reflejado en un aumento descomunal en las estadísticas de muertes violentas a manos de esta institución de seguridad ciudadana y, un auge inexplicable de la delincuencia.
Los reformadores dominicanos creen que es suficiente con dotar de tecnología y logística una entidad para ser reformada y modernizada, esto, sin transformar el pensamiento y los hábitos culturales negativos que le hacen ser deficiente, incapaz y deshonesta. La policía vive un retorno cíclico, los llamados intercambios disparos de hoy, eran justificados en los 12 años de Balaguer como acción de incontrolables, desmanes de las bandas colorá y la pugna entre los generales Enrique Pérez y y Nei Nivar Seija. Las victimas siguen siendo las misma: jóvenes que en el pasado se le llamó comunistas con lo que se le sentenciaba a muerte, y hoy, en la mayoría de los casos, jóvenes estudiantes, trabajadores o dirigentes populares a quienes se les asesinas bajo el alegato de intermbios de disparos, que no son más que sentencias de muertes disfrazadas, bajo el supuestos de ser delincuentes.
Argumentamos en el 2006, que era necesario una transformación de la policía, no una reforma a su organización y modo operandi. Es un imperativo revisar la doctrina de ingreso y permanencia de la policía dominicana, hay que transformarla, transformando sus academias y escuelas de formación policial, redefiniendo los planes de estudios, su filosofía , su disciplina y una ética policial fundamentada en valores humanos que pongan en primer plano el respeto y la conservación de la vida.
Reitero en este trabajo por nueva vez, lo publicado en esta misma columna en fecha 4 de diciembre del 2011, La policía nacional un velero con el mástil roto y la brújula imantada, en el mismo hicimos la siguiente propuesta: “Al senador Manuel Paula, presidente de la Comisión que tiene en sus manos el nuevo proyecto de ley orgánica de la Policial Nacional, le exhortamos a ser oportuno y dotar el departamento de Asuntos Internos de la Policía en ese proyecto de una nueva visión, este no puede seguir siendo un simple departamento adscrito a la institución teniendo como superior inmediato al jefe policial de turno, la nueva dimensión de reforma debe hacer del mismo una dependencia de investigación y control interno del Ministerio de Interior y Policía, cuyo superior inmediato es el Ministro de turno.
La segunda acción pertinente para dar rumbo cierto a la brújula de este proceso impostergable de reforma, es la creación de la Policía Técnico Judicial adscrita al Ministerio Público, con lo que se garantiza al ciudadano una sana administración de justicia y se libera la policía de su propio germen de destrucción, investigar de oficio sus faltas.
Es imperativo que el Estado de forma retrospectiva reoriente su mirada hacia la Carta Universal de derechos en su artículo 12 en la que se es categórico con relación a la constitución de una fuerza pública en la sociedad moderna y civilizada: “La garantía de los derechos del hombre y del ciudadano exige una fuerza pública; esta fuerza se organiza, por tanto, en beneficio de todos y no para la utilidad particular de aquellos a quienes se confía.”
Si vemos por el mismo retrovisor la conducta exhibida por la policía en San Francisco de Macorís, el Asalto la empresa de lácteo Palma Lad por una banda de militares, con el posterior rescate de la sala de emergencia del Darío Contreras, del mayor asaltante herido, por parte de un general de la policía y, tantas otras de igual naturaleza, no sabemos cuál es mas horrorosa y digna de sanción.