El camino que ha decidido recorrer el presidente Juan Manuel   Santos, será largo y tortuoso. Los obstáculos aparecerán por  generación espontánea, son más los que ponen en duda un final feliz de este proceso, que aquellos que apostamos a la necesidad de su éxito.

En un siglo, la violencia  en Colombia ha cobrado centenas de miles  de vidas y ha cercenado liderazgos que pudo representar para esa gran nación un rumbo de esperanza, progreso y mayor bienestar.

El asesinato  del más carismático y líder político colombiano Jorge Eliécer Gaitán en 1948 y,  41 años  después,  el vil  crimen contra  Luís Carlos Galán perpetrado por sicarios al servicio del narcotráfico en  1989, tanto la  muerte de Gaitán,  como  el horrendo crimen de Galán,   arrancan del pensamiento liberal  colombiano, las dos figura más relevantes y avanzadas del siglo XX.

El pensamiento revolucionario, también,  aporta una de las figuras de la democracia cristiana abanderada  y pionera de la Teología  de la Liberación,  Jorge Camilo Torres Restrepo (Camilo Torres), quien alzado en arma junto al Ejército de Liberación Nacional-ELN-  cae abatido el 15 de febrero de 1966, victima también de esta cultura de violencia fratricida, que atrapa la sociedad colombiana como una tela de araña, con causa o no.

El mundo debe poner sus hombros y aunar voluntades  a favor de la determinación y el desafío que ha sumido el  Presidente de Colombia  Juan Manuel Santos y la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC-, de hacer el diálogo para construir la Paz. El Centro Filosófico Camino Real, hará una jornada de 24 horas  el próximo 16 de octubre, iniciando a las 6:00 a.m. del 16 y concluyendo el 17 a las  6:00 a.m., que se  llamará: “ Por Colombia/Construyamos la Paz”.

Esta actividad será a través de Twitter y aspiramos a generar un millón de tweets por el diálogo y la paz en Colombia.

Un diálogo  sincero y en serio,  como el que  se ha iniciado en Colombia por la paz y la reconciliación del pueblo  Colombiano, reclama no solo del trabajo y el compromiso de sus garantes y gestores: Cuba, Chile, Noruega y Venezuela, sino de la comunidad mundial y, sobre todo de la Latinoamericana, todo el que crea en la vida, debe aportar sus esfuerzos para que en  Colombia se respete,  se conserve la vida humana y  se construya una paz duradera.