Volviendo a lo más importante del remanente histórico cultural de nuestro país, me referiré a otro proyecto, que tuve a bien remitir, en mi condición de Director de la Oficina de Patrimonio Cultural, al actual gobierno, sin que el mismo fuera tomado en consideración. Se trata de la eliminación, total o parcial, de la odiosa pared de concreto que, cual Muro de Berlín, oculta el acantilado donde se concentra ubicado el conjunto monumental, integrado por la primera y única Torre de Homenaje que se construyera en el Nuevo Mundo (1502).

¿Si usted jamás ha ingresado a ese recinto, desde que fue abierto al público en el año 1961, o no lo ha sobrevolado, no es posible que tenga una idea de lo que este contiene, además de la Torre del Homenaje. Debo decir, que como parte del acantilado, que originalmente estuvo acariciado por las aguas de la ría del Ozama, y está limitado por la calle Las Damas (oeste), Casa de Bastidas (norte), y la Avenida del Puerto (sur y este), completan el histórico solar el portal de acceso, construido en 1787, durante el reinado de Carlos III, acompañado de la muralla que tiene a ambos lados, el Polvorín, el Fuerte de San Cristóbal, y las plataformas de tiro, dotadas de almenas y garitas, a las cuales se accede a través de una rampa.

Todo ese extraordinario conjunto monumental se encuentra oculto, del lado oriental, desde 1934, por un muro de concreto gigantesco, construido en época de Trujillo, debido a la existencia del Puerto de Santo Domingo, al que no todo mundo podía acceder libremente. De ahí, que la población dominicana, mayoritariamente, desconociera su existencia y, por ende, su enorme valía.

Al ser despejada una gran parte del área portuaria de los servicios aduaneros, y construida la avenida que discurre entre la ribera del río y la pared, se hizo más notoria su existencia, y el daño que hace al no permitir que se pueda observar la riqueza monumental e histórica que oculta, tan arbitrariamente.

Tomando en consideración los argumentos antes expuestos, la Dirección Nacional de Patrimonio Monumental, bajo mi dirección (2005-2006), con la eficiente colaboración del Arquitecto Luís Guzmán y el Ingeniero José Manuel Ramos, de la firma CRONOS, formuló un proyecto. Antes de enfrascarnos en su elaboración, y a sabiendas de la controversia que podría generar, hicimos un profundo inventario de todo lo que habría de ser intervenido. Con el mayor respeto a los disidentes, y para que los que se consideran neutrales puedan apoyar una de las dos tesis envueltas, expondré por separado las dos corrientes.

¿Por qué debe conservarse?

1.- Algunos dicen que ya se ha convertido en parte de la memoria histórica de la ciudad de Santo Domingo.

Y yo me pregunto: durante el período (1936-1961) ¿cuantas personas transitaban por  el puerto de Ciudad Trujillo, que permanecía casi siempre cerrado al público. Siendo así ¿como es posible que se pueda convertir en memoria histórica algo que a penas algunas personas pudieron ver? Además, solo a partir de finales de la dictadura de Trujillo (1961) fue cuando se pudo entrar, libremente, al recinto histórico, y se logró ver la pared desde dentro. Pero también sucedió a partir de la puesta en servicio de la Avenida del Puerto (1990).

2.- Con 75 años de existencia es considerado un valor agregado al patrimonio edificado de la ciudad capital.

Y yo me pregunto: si el anexo al ábside de la Catedral Primada, el de las iglesias Las Mercedes, del ex Convento Dominico, y de Santa Bárbara, el de una buena parte del recinto frontal de la Fortaleza, para convertirlo en muralla,  al igual que de un par de casas del siglo XVI, que se encontraban al lado del Panteón Nacional, y la singular glorieta, que se encontraba junto a las Casas Reales, así como de otras edificaciones más, que habían sido construidas con anterioridad al “muro gris”, ¿no pertenecían a la memoria histórica de la Ciudad Colonial con más razón que la pared?

3.- Con el costo de su demolición se podrían hacer muchas cosas, y más prioritarias.

Y yo me pregunto: si con aquel derroche en la “Plaza del Solazo” (agigantando la Plaza España fuera de su contexto), la demolición del edificio de correos, la pavimentación con bloques de cemento, mal llamados adoquines, la liberación del Fuerte de La Concepción, y parte de la antigua muralla, la destrucción de la glorieta del Parque Independencia, y su encerramiento, y otros desaciertos más, ¿no se hubieran podido hacer muchas cosas?

4.- Evitar que se arrabalice el área, y que se convierta en un basurero, o que se pierda el bosque existente.

Y yo me pregunto: ¿Y es que el muro, y el matorral (bosque), son tan valiosos como para sustituir lo que ambos ocultan? En cuanto a la conversión del área en un basurero, o en nido de ratas y delincuentes, como el que existe ahora, esto se evitaría mediante la implementación de un proyecto integral, bien concebido, que incluya la creación de un espacio público, similar a los existentes en otras partes de mundo. De lo que se trata es de eliminar la grotesca mampara, conservar el paisaje, utilizando parte del matorral, y añadir áreas de esparcimiento, que complementen el conjunto monumental. Todo excelentemente iluminado y custodiado. Estoy convencido que lo que se podría hacer transformaría un lúgubre lugar abandonado, donde sí abundan la basura, las ratas, y otras alimañas humanas, en una de las atracciones más populares de la Capital.

¿Por qué no debe conservarse?

1.- Según lo que han opinado algunos, la Fortaleza de Santo Domingo (1502) y el muro perimetral (1936) que la oculta están bailando “pegados”. Es decir, que una es indivisible del otro, no obstante los 434 años que los separa.

2.- Hay algunos que no entienden que la Fortaleza de Santo Domingo, y el recinto que la complementa, desde 1502, constituyen uno de los más valiosos conjuntos monumentales y, tal vez, uno de los recursos históricos más importantes de América. Siendo su Torre del Homenaje la única estructura medieval, de característica militar, que los colonizadores españoles erigieron en el Nuevo Mundo, y que como tal no puede haber ningún otro elemento que obstaculice su disfrute y contemplación desde cualquier punto de vista.

Por otra parte, jamás me ha pasado por la mente querer devolverle a nuestra Ciudad Colonial el aspecto que tuvo en el Siglo XVI, tal y como lo han venido repitiendo, desde hace años, los que sustentan que debemos dejar las cosas como están. Y como continúan con su tesis, los “doctores” en arquitectura que nos gastamos, se la pasan trepando lo paredes del Poder, a ver si pegan. De lo que se trata, según la visión que he venido proponiendo con obras, no con palabras (ver mi libro Mi propuesta, 1998), desde 1967 es, ¿de que nos sirve tratar de rescatar y poner en valor el conjunto histórico compuesto por las primeras edificaciones que se construyeron en el Nuevo Mundo, a partir de 1502, si lo que se pretende proponer como nuestra principal atracción turística no pasa de ser más que un conjunto de nuestras monumentales iglesias y otras estructuras, como la misma Fortaleza Ozama, el Alcázar de Colón, y otras más, acompañadas de una media docena de edificaciones de cierto valor arquitectónico de principios del siglo XX.

Para concluir con un tema que hubiera preferido no tratar en lo que me resta por vivir, me permito decirle a todos los que han opinado sobre el asunto y, por que no, a los que no se han atrevido a hacerlo, que lo sigan dilucidando en comisiones y seminarios, que el anzuelo que nos hemos propuesto entregar a los que se ocupan de pescar turistas, y traerlos a nuestras “playas” no es lo que una buena mayoría de estos “pejes” andan buscando. O decidimos hacerlo como Dios manda, o no sigamos perdiendo el tiempo, ni los exiguos recursos de que disponemos. Aún con los 30 millones de dólares, de los que se habla.

No en balde los puertorriqueños, los cubanos y los colombianos, entre otros caribeños, se han distinguido de nosotros los dominicanos en estos menesteres. Mientras ellos han hecho lo que entienden hay que hacer, sin necesidad de darle tantas vueltas al trompo, nosotros invertimos nuestro tiempo discutiendo, pontificando, y “serruchando palos”, sin que hasta la fecha podamos ver resultado alguno.

Mientras tanto, permítanme despedirme, por un tiempo. Al regresar, si es que me lo permiten, los seguiré cansando con mis dilucidaciones que, espero, aterricen, y sirvan de algo, algún día.Con el propósito de que lo antes expuesto quede claro como el agua, esperaré a que los amigos, arquitecto Luís Guzmán, e ingeniero José Manuel Ramos, den a conocer el proyecto en cuestión, con todos sus detalle.