Opinión

La nueva historia de las sillas

Por Hecmilio Galván

A propósito de la crisis del PRD SALTODELINEAel que siga buen camino tendrá sillasSALTODELINEApeligrosas que lo inviten a parar

Debo confesar de entrada, que si me dijeran que desaparecerían los partidos tradicionales en la República Dominicana no me pondría precisamente triste. He luchado desde mis primeros años de conocimiento político por un cambio real en el país y eso depende en parte de la construcción de una alternativa política (un proyecto político) distinta a lo que tenemos hoy. No está demás decir que los tres partidos que han dominado la política vernácula, han tenido la oportunidad de provocar esos cambios sociales y económicos que necesitamos, pero no lo han hecho, mejor han cambiado ellos y mucho.

Sin embargo, como la situación del momento (y muy específicamente con el PRD) no es esa, si no la destrucción de uno de los partidos para convertirlo en satélite de un grupo que se ha apoderado del otro, me obliga a tomar “partido”.

Sostengo la tesis (que siempre oigo de mis compañeros del ala revolucionaria, pero que nunca han practicado y aceptado realmente) de que dentro de los partidos tradicionales hay una base importante o segmento importante de sentimiento de izquierda, liberal o progresista. Que teníamos de una u otra forma que ganarnos esas enormes franjas liberales de los partidos tradicionales, que aunque eran probablemente mayoría en esos partidos, lamentablemente sus cúpulas habían secuestrado la estructura e imponían sus decisiones e intereses.

Ahora, con la poca experiencia que he acumulado y por haber conocido la experiencia venezolana y de otros países del Continente, he ratificado la tesis de mis compañeros y he llegado la conclusión de la necesidad que tenemos de articular con los sectores liberales presentes en la sociedad dominicana, muy independientemente de su afiliación política del momento.

Como los partidos tradicionales han abandonado sus preceptos ideológicos y se han hecho parecer uno al otro, los sectores liberales del país se han confundido en sus colores indistintamente. Eso nos puede permitir coincidir indistintamente con uno u otro sector de esos que asume un color, (que es casi lo único que los distingue institucionalmente).

Lo cierto es que será difícil provocar esta coincidencia de propósitos, distanciada por un color, una tradición, unas relaciones interpersonales y una trayectoria. Será difícil unificar los sectores liberales de la sociedad dominicana divididos confusamente bajo las siglas de los partidos tradicionales; pero no es imposible.  Me parece que la forma  para lograrlo es con propósitos o causas muy concretas. Por ejemplo en temas como el Contrato de la Barrick Gold y Loma Miranda y el tema ambiental en general, la lucha contra la corrupción y la impunidad, el apoyo a la producción nacional, la recuperación de la institucionalidad pervertida por Las Altas Cortes y, finalmente, con el objetivo más importante: lograr una Asamblea Nacional Constituyente.

Volvamos al PRD

Aunque es evidente el pacto que existe entre el Grupo que tiene las siglas del PRD y el que hegemoniza el PLD y que gobernó los últimos 8 años (que responden a los mismos intereses) para actuar en el PRD, acuerdo que viene desde antes de la campaña electoral, no son las razones externas las que explican la situación actual de ese importante partido político, sino la vulnerabilidad interna ante cualquier influencia externa y la incapacidad de su clase dirigencial de evitarlo.

Creo que en el PRD, no existe la división. Aunque es un partido que ha sido fracturado muchas veces, regularmente por dos sectores en puja por el Poder, la coyuntura ahora es diferente. Si bien la lucha pudo empezar así, lo que hay ahora es una Mayoría articulada alrededor de las posiciones de Hipólito Mejía, Luis Abinader y los demás, y una minoría aferrada a las Siglas y con el interés, no de ganar unas elecciones, si no básicamente de retener el nombre para negociar con él. Todo esto al amparo de unas Altas Cortes secuestradas por el tristemente célebre Pacto de las Corbatas Azules.

Vale la pena destacar, que en el grupo minoritario, aunque hay muchos “nuevos perredeistas” y perredeistas “enganchados”, también hay un grupo grande de dirigentes de ese partido que por una razón o por otra se han quedado ahí. Ahí pueden encontrarse diputados muy buenos, que lamentablemente no fueron aceptados por el Grupo mayoritario, que lo menos con que ha actuado es con una gran torpeza y arrogancia, que se caracterizó en la campaña por un triunfalismo infantil y enfermizo.  Desde mi óptica, esos perredeistas en todo el país, pueden y deben ser rescatados y reincorporados.

También hay otro grupo grande que no comparte las posiciones de ninguno de los bandos y que más bien esta “jarta de esto” pero aunque se mantiene al margen, tiende a identificarse más con quienes propugnan una nueva dirección. Este grupo, cada vez más visible, es también un resultado que alienta la continuidad de la estrategia empleada.

La estrategia a corto plazo es claramente distraer, en primer lugar de las luchas sociales, inmovilizar y concentrarse en una lucha interna estéril e irreal, (por esa razón el PRD estuvo ausente prácticamente de las manifestaciones de noviembre y diciembre, porque aunque iban sus simpatizantes, el Partido lo único que logró hacer fue la payasada de reunir a su membrecía en todo el país en el Hotel Lina para “dizque salir a las calles”, donde todavía los hubiéramos estado esperando), pero sobretodo distraer y hacer perder tiempo de cara las Presidenciales y Congresuales de 2016.

De mediano y largo plazo la estrategia es preservar esas siglas a sangre y fuego (por eso los aprestos del “Frente Opositor” y la fortificación del local) a fin de que le sirvan en los propósitos de volver a gobernar.

Al parecer ambas estrategias han dado resultado. La mano externa ha podido actuar a sus anchas, sin que los afectados hayan podido articular una respuesta contundente e inteligente. El Partido se ha desangrado y sus masas frustradas por la derrota del 20 de mayo, han quedado desorientadas y decepcionadas de una dirigencia que es incapaz de recuperar su partido.

Desde mi punto de vista el peor error, pero que es una consecuencia previsible producto de la conformación de clase y del devenir histórico del PRD, es que su clase dirigencial actual parece no poseer la cohesión y la disciplina necesaria como para articular un plan capaz de dar respuesta a tiempo a la inoculación de este virus político. Aprendí muy temprano que “quien no tiene un plan, ejecuta el plan de otro”.

Que quede claro que mi interés no es descalificar, ni generar una crítica visceral. Sino presentar mi impresión particular (puedo estar equivocado) de una posible debilidad, y sobretodo que no me refiero a nadie en lo personal, ni en particular; mucho menos a personas a quien puedo respetar y apreciar. Me refiero a la “dirigencia” como estructura, como masa crítica capaz de tomar decisiones que guíen al resto. Evidentemente que eso no implica responsabilidades individuales, sino más bien responsabilidades compartidas, donde cada uno debe asumir su propia cuota.

Amenazas, acciones, bravuconadas y salideras en los medios y redes sociales cansan ya, pero parecen actos desesperados, más que el producto de una acción coordinada. Y es natural la desesperación, ante la falta de respuesta ante sus acciones aisladas y sobre todo ante al paso inexorable del tiempo, que los agarra a “asando batatas”

Cada “líder” del PRD (que hay por centenares) tiene una “solución” distinta, una fecha distinta y un discurso distinto, una verdad distinta, pero sobretodo, posee una animadversión del otro que puede llegar al punto de la enemistad. Todavía me pregunto qué es tan poderoso que los une. Dejaré esa respuesta a mis amigos sociólogos o politólogos.

Yo me limitaré a decir, que sin una estrategia cohesionada, producto del convencimiento de una dirigencia capaz de unificar criterios y acciones, va ser muy difícil conseguir solución a la nueva situación del PRD, y para que juegue un sano papel en el equilibrio de las fuerzas. ¡Todavía hay tiempo!

Aunque también creo que la solución final podría contener una necesaria renovación del liderazgo octogenario, (aprovechándolos en otros escenarios claro está)  ojalá ese relevo pueda darse sin traumas, y los queridos robles dejen subir los pinos nuevos,  aunque se rompan unas cuantas sillas más.  Después de todo, romper sillas, también es bueno para la democracia.

-Después seguiré con el tema -

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