Sendero cultural

La navidad, tradición y costumbre

Por Carlos Andújar Persinal

La navidad constituye una de las tradiciones cristianas de mayor apego, identidad y difusión en todo el mundo. Por tanto, deberíamos pensar que parte de su celebración varía dependiendo la cultura que de ella se apropia. Sabiendo de ante mano que la celebración se hace acompañar de un conjunto de ritualidades que son parte de su cortejo: la Cena de Noche Buena, El día de Pascuas o el Nacimiento de Jesús propiamente, la Misa del Gallo, La Cena de Año Nuevo, el día de Reyes Magos y la celebración de la Vieja Belén.

A ello sumamos los detalles que le acompañan como el pesebre o nacimiento, el intercambio de regalos conocido hoy como Angelitos, entre otras ambientaciones de época: clima agradable, brisa suave, espacio familiar, intercambio de afectos con amigos y familiares y reconciliación, a lo que se suman las fiestas que son muy recurrentes en esos días, al menos en esta parte del mundo, y con todo ello hacemos un retrato de la celebración.

No siempre es el conjunto de estas fechas la manera en que se celebra en todas partes, básicamente vemos que hay una excelente diversidad de muestras de Belenes o Nacimientos donde cada cultura expresa a su manera y con sus formas, el principal de los motivos de esta celebración: El Nacimiento del Niño Jesús, alrededor de un pesebre y acompañado de los padres y los Reyes Magos y los Villancicos.

Este motivo inspira a artistas, artesanos y familias a ambientar un rincón de la casa para dedicarlo con instalaciones artísticas, al nacimiento. Sin embargo, es notoria la presencia de rasgos culturales y apropiaciones muy particulares en la vestimenta, rostros, detalles, y animales que acompañan cada pesebre. En eso la artesanía ha hecho un importante aporte para destacar las distintas miradas que los pueblos tienen de esos iconos cristianos en sociedades musulmanas, asiáticas, africanas, amerindias, caribeñas, sajonas o del mundo cristiano, es ahí que vemos el alcance de la festividad.

La tradición navideña, tiene muchas maneras de configurarse, expresar y traducirse en los códigos y lenguajes comunicativos de la cultura, algunos más evidentes, otros más semióticos, lo cual le agrega a la navidad por igual, un elemento de arte popular

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Quizás hoy lo que llama más la atención es cómo se celebra y qué se ha perdido de ella, es decir tradición y costumbre de la celebración. Naturalmente que en todas las partes son celebraciones muy ligadas a las culturas de procedencia. Pueden cambiar los motivos, los rituales socio-sagrados, así como la comida de la ocasión, los regalos y las festividades que le sirven de animación, pero a partir de esa tradición.

Tradición y costumbre se entrecruzan para que la navidad siga y se transforma. Cada año hacemos cosas reiteradas, pero muchas veces diferentes a tiempos anteriores y eso permite que la navidad se mantenga, además del peso que le acompaña desde la impronta religiosa. Por ello, desde la óptica de las ciencias sociales, nos podría preocupar la pérdida de valores estrechamente ligados a la fecha, como la solidaridad, la amistad, el afecto, el perdón, aunque este último podría estar igualmente relacionado a la dimensión religiosa. También, encontramos en la navidad el sentido comunitario y familiar, que la navidad permite consolidar, al menos durante sus celebraciones.

Cada vez más la navidad deja de ser un hecho muy local para transformarse en un espacio de universalización que, aunque manteniendo la esencia, modifique ciertas formas y practicas usuales en ella. La migración, la mundialización y su globalización, los cambios propios a los procesos sociales que impactan sobre una tradición aunque no la extingan, la pueden modificar y esto es una ley universal aplicable al hecho cultural en su conjunto, concebido como un ente mutante y a la vez lucha por mantener su esencia que es al fin y al cabo su justificación, su existencialidad misma, su pervivencia.

Por eso es natural que la mayoría de la gente entienda que las navidades ya no se celebran igual que antes. Esto en su relación a las modificaciones que cada vez más la transforma en su manera de realización. Posiblemente, sea una preocupación permanente por el encuentro en esta tradición de lo lúdico, lo sagrado, lo social y lo afecto. Es cierto que se basa la navidad en iconos propios y muy particulares como Los Reyes Magos, La Vieja Belén, El Niño Jesús, El Nacimiento, el Arbolito, la Cena, y hasta determinadas músicas, sin embargo, esto no implica que los mismos no se vean afectados por estilos, materiales de fabricación y reciclados, recreaciones y ambientaciones nuevas que generan incertidumbre en muchos.

Notoriedad del hecho adquiere la diversidad de formas en que se celebra la tradición, unos se apegan  a la interpretación religiosa católica, otros se recogen en su visión crítica de las fechas y motivos de la celebración como algunos movimientos cristianos, además se suma a todo ello, una manera muy popular de lo sagrado, y muchos otros que solo ven lo lúdico como esencial en la época navideña. Son muchos los intereses que se cruzan y producen un tiempo festivo, de recogimiento y solidaridad en la gente, cambiando su propio estado emocional.

La tradición navideña, tiene muchas maneras de configurarse, expresar y traducirse en los códigos y lenguajes comunicativos de la cultura, algunos más evidentes, otros más semióticos, lo cual le agrega a la navidad por igual, un elemento de arte popular expresado en los charamicos con el uso de residuos vegetales, belenes, nacimientos, arbolitos improvisados o no, luces e instalaciones y que ponen en reto la creatividad popular y en esos casos cambian a veces los referentes clásicos de la tradición, pero como hecho cultural, no es una receta, es una propuesta de encuentro y socialización que atraviesa por la mirada particular de los pueblos

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