En la organización social en que vivimos los dominicanos, regularmente es la mujer la que se queda a cargo de los hijos y las hijas cuando llega la formalización legal de la separación de la pareja conyugal.
Los hijos mayores de edad quedan bajo la responsabilidad del tutor con el que vivan, el que tiene la guarda y es éste el que deberá asumir todos los gastos económicos de estos hijos. En una sociedad como la nuestra donde los hijos permanecen en la familia de origen varios años después de haber cumplido la mayoría de edad, donde los estudios universitarios privados son muy caros y regularmente se finalizan sobre los 23 años, es insostenible la carga que debe asumir una mujer de clase media para poder ofrecerle a sus hijos e hijas la oportunidad de continuar estudiando.
Pero además de esto la facilidad olímpica con que los padres masculinos dicen "no puedo", cuando se le solicita que "coopere", pues lamentablemente no le podemos pedir más que esto, porque la ley no los obliga a hacerse cargo de responsabilidades económicas, de manera que si lo hacen, no sólo tendremos que andar detrás de ellos para que luego del retraso de cada mes por fin paguen, tendremos además que agradecérselo para toda la vida y ellos sentirse los mejores padres del mundo, por lo que no desaprovecharan la menor oportunidad para gritarlo a los cuatro vientos.
No se si estas leyes fueron escritas por hombres o por mujeres que desconocían la realidad dura a la que las mujeres deben enfrentarse cada día por la decisión de haber optado por sus hijos y disfrutar de ver cómo se convierte en hombres y mujeres. Sólo ésta condición debería ser merecedora de que como obligación, hasta que sean independientes económicamente, ambos padres se hagan cargo de todo lo que atañe a los hijos e hijas.