Botella en el mar

La metamorfosis: Franz Kafka (y 3)

Por Pedro Conde Sturla

Dice Borges que “El destino de Kafka fue transmutar las circunstancias y las agonías en fábula. Redactó sórdidas pesadillas en un estilo límpido. No en vano era lector de las Escrituras y devoto de Flaubert, de Goethe y de Swift. Era judío, pero la palabra judío no figura, que yo recuerde, en su obra. Esta es intemporal y tal vez eterna”.

Sobre este asunto, el de la intemporalidad del arte de Kafka, Borges escribiría y hablaría con más detenimiento y lujo de detalles en varias ocasiones. Borges, al fin y al cabo, idealizaba la intemporalidad como parte de su código ético-estético, y consideraba que de alguna manera conducía hacia una forma superior de expresión artística. Por eso, se sentía atraído por los recursos del método kafkiano y su peculiar estilo minimalista, entre tantas otras cosas:

“Me llamó la atención que Kafka escribiera tan sencillo, que yo mismo pudiera entenderlo, a pesar de que el movimiento impresionista, que era tan importante en esa época, fue en general un movimiento barroco que jugaba con las infinitas posibilidades del idioma alemán. Después, tuve oportunidad de leer ‘El Proceso’ y a partir de ese momento lo he leído continuamente. La diferencia esencial con sus contemporáneos y hasta con los grandes escritores de otras épocas, Bernard Shaw o Chesterton, por ejemplo, es que con ellos uno está obligado a tomar la referencia ambiental, la connotación con el tiempo y el lugar. Es también el caso de Ibsen o de Dickens.

“Kafka, en cambio, tiene textos, sobre todo en los cuentos, donde se establece algo eterno. A Kafka podemos leerlo y pensar que sus fábulas son tan antiguas como la historia, que esos sueños fueron soñados por hombres de otra época sin necesidad de vincularlos a Alemania o a Arabia. El hecho de haber escrito un texto que trasciende el momento en que se escribió, es notable. Se puede pensar que se redactó en Persia o en China y ahí está su valor. Y cuando Kafka hace referencias es profético. El hombre que está aprisionado por un orden, el hombre contra el Estado, ese fue uno de sus temas preferidos”.

La intemporalidad de la trama, la supuesta ausencia de “connotación con el tiempo y el lugar”, es en realidad relativa. Hay casi siempre lugares definidos, incluso reconocibles, aunque no se mencionen los nombres. Y en cuanto al tiempo, la presencia del ferrocarril en esa “sórdida pesadilla” que se llama y no se llama “La metamorfosis”, remite desde luego a la edad contemporánea.

Digo que se llama y no se llama porque el mismo Borges, que la tradujo, considera que fue “un disparate” la ocurrencia de “ponerle ‘La metamorfosis’”:

“Yo traduje el libro de cuentos cuyo primer título es ‘La trasformación’ y nunca supe por qué a todos les dio por ponerle ‘La metamorfosis’. Es un disparate, yo no sé a quién se le ocurrió traducir así esa palabra del más sencillo alemán. Cuando trabajé con la obra el editor insistió en dejarla así porque ya se había hecho famosa y se la vinculaba a Kafka”.

Lo indudable, lo cierto es que llámese “La transformación” o “La metamorfosis”, la obra maestra de Kafka, a más de un siglo de su publicación, sigue ejerciendo sobre las letras, sobre la cultural en general, una fascinación incurable que ha dado origen a numerosas imitaciones o recreaciones, incluyendo “La mosca”, “Hulk”, “El hombre araña”, “Gatúbela”, “El gato Felix” e incontables figuras del cine-basura, la política y las llamadas tiras cómicas.

Lo curioso del caso es que Kafka no especifica en la narración la clase de insecto en que se transforma Gregorio Samsa, nos dice que es un artrópodo, pero se negó de hecho a identificarlo y pidió al ilustrador de la portada de la primera edición que no incluyera al bicho en la misma. Las ediciones posteriores no han respetado los deseos del autor.

“Ahora veamos –dice Vladimir Nabokov-: ¿Cuál es exactamente el ‘bicho’ en que el pobre Gregor, oscuro viajante de comercio, se ha convertido de repente? Por supuesto, es de la especie de los artrópodos, a la que pertenecen las arañas, los ciempiés, y los crustáceos. Si las ‘numerosas patitas’ a la que alude al principio son más de seis, entonces Gregor no sería un insecto desde el punto de vista zoológico. Pero supongo que un hombre que se despierta tumbado de espaldas y descubre seis patas agitándose en el aire puede suponer que son suficientes como para decir que son ‘numerosas’. Por tanto supondremos que Gregor tiene seis patas, y que es un insecto”. (Gregor Samsa, por Nabokov, del Curso de Literatura Europea).

Se trata, en definitiva, de un bicho simbólico, polisémico, que encarna de alguna manera una transgresión, una ruptura del orden, quizás una rebelión contra el orden, la autoridad establecida, la que encarna el padre, el jefe la compañía donde trabaja, el estado y también la familia.

El drama es inagotable y se presta infinitas interpretaciones, pero una y otra vez, “La metamorfosis” remite a la familia, al drama familiar, a la biografía: 

“Todo escrito es en cierta medida autobiográfico. Kafka reconoció explícitamente la relación entre ‘La metamorfosis’ y su propia vida. Cuando a Kafka se le planteó esta posibilidad, éste replicó: ‘No se trata de un criptograma. Samsa no es por entero Kafka. La metamorfosis no es una confesión, aunque sea, en cierto sentido, una indiscreción.’”

(http://html.rincondelvago.com/la-metamorfosis_franz-kafka_27.html).

Borges, que siempre le rindió homenaje, opina que “Kafka ha sido uno de los grandes autores de toda la literatura. Para mí –dice Borges- es el primero de este siglo (el XX, pcs). Yo estuve en los actos del centenario de Joyce y cuando alguien lo comparó con Kafka dije que eso era una blasfemia. Es que Joyce es importante dentro de la lengua inglesa y de sus infinitas posibilidades, pero es intraducible. En cambio Kafka escribía en un alemán muy sencillo y delicado. A él le importaba la obra no la fama, eso es indudable. De todos modos, Kafka, ese soñador que no quiso que sus sueños fueran conocidos, ahora es parte de ese sueño universal que es la memoria”.

NOTA: El mejor de todos los homenajes de Borges a Kafka fue la finísima traducción de “La metamorfosis” al español, una que puede encontrarse en “El libro total”. Este portal digital gratuito, da acceso a las más cuidadas ediciones en idioma original o bilingüe y a la vez audio libros, versiones de distintos traductores, literatura comparada, notas, imágenes, música y curiosidades:

http://www.ellibrototal.com/ltotal/ficha.jsp?t_item=4&id_item=2709&id_filter=1.

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