Esto creo, esto pienso

La mente abierta para poder entender la guerra mediática

Continuar creyendo, temiéndole y cediendo a los caprichos de la gente del Oeste, que han demostrado por siempre que no son confiables a la hora de negociar lo que sea, careceremos en el futuro e esa eudaimonía necesaria para hacerle frente a sus siempre desaprensivos requerimientos.

Por Rafael R. Ramírez Ferreira

Porque: No es solo ver, sino,

comprender lo que se ve.

El León y la Pantera, son

inofensivos; en cambio, las

Gallinas y los Patos, son

animales peligrosos, decía

una lombriz a sus hijos.

Bertrand Russel.-

Es mucho mejor estar con la mente en blanco para poder comprender la avalancha de informaciones que sobre un mismo tema nos llegan a diario. Y esto se ha convertido en algo tan natural como decir que la polisemia es algo inherente a la cosa misma. Es por eso, y por la proliferación de medios, cada cual refiriéndose al mismo caso, pero dando diferentes sentidos a las mismas palabras. Unos nos presentan la acción como terror mientras otros tantos lo hacen cual si fuese una poesía, y de ahí parten las confusiones si no mantenemos nuestro entendimiento abierto para poder discernir entre lo que nos presentan como una acción piadosa o pasiva y la otra, como pura imaginación del cómo la parte interesada ve el mismo asunto.

Ahora, momento en el cual nos vemos en medio de una enmarañada situación de informaciones, tanto del patio como de otros lares, incluyendo a nuestros vecinos del Oeste; donde los “opinadores” –al ser tantos-, y cada uno emitir sus opiniones sobre los graves casos de justicia, protestas y hasta magnicidios, nos hacen creer que estamos en medio de un desierto de arenas movedizas, sin esperanza alguna de salir de las mismas.

Pero no es tanto así, porque todo se ha convertido en un puro negocio o lucha mediática, con el fin de encubrir viles robos cometidos por “ídolos y héroes” fabricados sobre falsías y espurios intereses, que al más mínimo movimiento, simplemente, se derrumban. En tanto, aquellos que se benefician de este caos, ya sea como “estudiosos” de estos casos, de donde extraen pingües beneficios o como aquellos que simplemente ven la oportunidad para fantasear, donde más que tratar de disolver el caos, lo contienen en las figuras que se engendran a partir de él.

Principalmente la clase baja, mitifica la personalidad de políticos, funcionarios y faranduleros, con una radicalidad que va totalmente en contra de la racionalización de lo que en realidad han sido y son. Constituyendo esta acción, la celebración generalizada  del absurdo, cual si fuese un sentido. Lo peor de esto, es que ya nos hemos acostumbrado a convivir en medio de este caos, hechura plena y sustentada por la clase política, donde el caos parece ser como nuestro “terminus a quo”.

Pero, debemos estar conscientes de que superar esta etapa de soberbia, egoísmo, corrupción y sobre todo, de la permisividad y blindaje al que nos hemos visto expuestos, no se supera solo con el acto que están llevando ahora desde la Procuraduría General de la República, no señor, porque la historia así lo ha demostrado, que no existe un triunfo definitivo de la consciencia sobre su abismo. Más bien, es el esfuerzo continuo y renovado en sí mismo que nos ayudará a despotenciar nuestra actitud de permisividad ante los hechos corruptos que hasta ahora, nos han mantenido en un estado de pasibilidad que simplemente, avergüenza.

Tanto en este caso preciso, sobre la corrupción, y el daño que la misma ha producido, el intentar darle largas al asunto y que aparezca algún juez benevolente o un político complaciente, que mal interprete la amistad, o que por concepciones políticas, perturbe el libre curso de estos procesos, podría hacernos despertar en una infinita agonía, producida por una puñalada trapera patrocinada por la maldita corrupción.

El otro caso presente, es el haitiano y el compadreo clientelista y político sin sentido, que mantienen determinados funcionarios con el accionar de ese país, y si no entienden la gravedad del presente, la realidad del incierto futuro, nos dará en la misma “Santamaria”. Lo que significa que continuar creyendo, temiéndole y cediendo a los caprichos de la gente del Oeste, que han demostrado por siempre que no son confiables a la hora de negociar lo que sea, careceremos en el futuro de esa eudaimonía necesaria para hacerle frente a sus siempre desaprensivos requerimientos. No más, no menos. ¡Sí señor!

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