En mis años de infancia, en Constanza, tuve la mejor de las experiencias asistiendo a una sala de cine. En el 1960 había dos. Uno pasaba las películas completas y recientes y el otro pasaba las “viejas” y las proyectaba por pedazos, porque casi siempre llegaban incompletas o simplemente se habían dañado de tanto pasarlas.
Lo cierto es que todas estimularon en mi cerebro lo mejor con que me desempeño hoy que es la imaginación y las respuestas creativas.
El cine trabaja con los elementos del cerebro como el juicio, las emociones, el discernimiento, etc, encima de lo cual construye narrativas. Estas narrativas a su vez, para ser efectivas, deben de partir y/o contener de manera explícita algún hecho veraz, real, que permita la conexión del cerebro con el filme.
Pese a que tiene todos los elementos indispensables para convertirse en cine, las películas dominicanas carecen de la virtud de establecer un canal de comunicación dirigido al corazón, al alma dominicana, a la identidad nacional. Por eso, en RD, como en cualquier cinematografía de cualquier latitud, tiende a posarse en el humor, en la comedia, para trascender económicamente. En ocasiones son obvias las referencias a obras de Melies, Chaplin, los tres chiflados y otros clásicos. Eso no desmerita a esas películas, pero tampoco contribuyen a legitimar un quehacer cinematográfico nacional en términos estéticos.
Varios autores nos remiten a lo dicho aquí. Se sabe que el filme completa su ceremonia con el factor espectador. Por tanto, es fácil llegar a la conclusión y tomar como verdad imperiosa que el imaginario popular es la prima del cine sea dominicano o no. Es la aptitud humana la que se revela ama y resuelve qué ver.
Construir un público dominicano para el cine es una tarea pendiente para la construcción de una industria nacional del cine. Ese público es la materia prima, es quien puede mantener a la industria y crear un excelente y bien blindado espacio para el país y para sus cineastas.
Hollywood construyó su público, la estrategia es construir el nuestro con buenos guiones y manifiestas realizaciones con presupuesto racional del tamaño de lo que somos.