“El mal desempeño refleja la realidad de la educación”.  No podía ser más sincera y categórica la frase con que el Ministro Antonio Peña Mirabal reaccionó frente a los pobres resultados arrojados por la prueba diagnóstica a que fueron sometidos más de ciento noventa mil estudiantes de sexto grado.   

Las cifras que arrojó la prueba testimonian de manera contundente que a siete años de haber puesto en vigencia la ley disponiendo la entrega del cuatro por ciento del PIB a la educación,  los avances logrados en el plano del rendimiento académico han sido prácticamente nulos, al punto que no sería exagerado afirmar que en ese sentido seguimos anclados en el punto de partida.

El fallo quedó registrado en las cuatro asignaturas básicas que son como el puntal del sistema educativo, a saber Lengua Española, Matemáticas, Ciencias Sociales y Ciencias Naturales.   Peña Mirabal expresó no sentirse sorprendido por el resultado de la evaluación, destacando como elemento de incidencia la falta de adecuada  supervisión del aula y las direcciones regionales, lo que adelantó pasará a ser tema de futura prioridad en la gestión ministerial.

Para el director ejecutivo de EDUCA, Edwin Caraballo, uno de los problemas principales que confronta el sistema consiste en la incapacidad y debilidad de los docentes del sistema de trabajar conceptos complejos en el área de razonamiento lógico matemático que los estudiantes puedan asimilar, comprender y utilizar.  En ese sentido hace resaltar que al finalizar la educación primaria cuando se miden los conocimientos de la matemática apenas 4 de cada 100 estudiantes son capaces de incorporar las competencias.  Pero son igualmente pobrísimos los niveles de comprensión en el área de lectura.

Una opinión coincidente parte de Xiomara Guante, la presidenta de la ADP, al señalar que de los problemas pedagógicos el que más preocupa al gremio es la comprensión y correcta implementación del currículo basado en las competencias, dificultad que nota en las propias autoridades para luego explicar de manera eficiente a los actores principales del nuevo modelo educativo, que no son otros que los propios maestros.

En estos siete años el país ha invertido cientos de millones de pesos en el área educativa. Se han construido y rehabilitado miles de planteles; se entregan uniformes, zapatos, mochilas y materiales escolares; se suple desayuno, almuerzo y merienda a millones de estudiantes cada día; se han aumentado de manera sostenida los sueldos al profesorado, hoy en el sector público mejor retribuido que en el privado; se entregan computadoras a maestros y  alumnos y se plantea  llevar la revolución digital al sistema escolar.

¿Qué es lo que ha fallado entonces?  ¿Dónde radican las debilidades del sistema educativo? ¿Es solo en el comprobado bajo nivel de capacitación docente de una gran parte del profesorado?  ¿Cómo es posible que después del cuantioso aporte económico de estos siete años más del setenta por ciento de los estudiantes dominicanos registren bajos rendimientos en la Matemáticas, Lengua Española y Ciencias, es decir en las asignaturas básicas?  ¿Cuándo podremos superar el bochorno de ocupar el último lugar en educación entre setenta y dos países evaluados como acaba de dejar al desnudo la Iniciativa Dominicana por una Educación de Calidad?  ¿Cuáles son los correctivos que estamos urgidos de aplicar?


El tema es de la mas alta prioridad.  La identificación de las debilidades, fallos y carencias de la más apremiante urgencia.  La soluciones de aplicación sin pérdida de tiempo.  El ideal de una educación de calidad establecida como meta del 4 por ciento, asumido como un compromiso de todos sin excusas, banderías políticas ni intereses sectoriales.

Sin perder un solo día ni una sola hora de asistencia al aula, tal como está establecido en el continuamente violado Pacto por la Educación. Sin nada que turbe, entorpezca ni interrumpa la fluidez de la docencia, trabajando en armonía y estrecha colaboración el Ministerio de Educación y la ADP, contando con la colaboración de EDUCA y demás instituciones del sector privado vinculadas a la educación y  con activa participación de los padres como sagrado deber de familia.

El tiempo corre y apremia.  Es cuestión por tanto de no perder mi malgastar un solo instante.