La columna es lo complicado. ¿Realmente lo es? Te estás poniendo blandito en el mismo centro de donde debería estar tu fortaleza. Si te pones a pensar es en ese centro fofo en donde radica todo: tu debilidad escritural, tu anemia intelectual, rubro bastardo de tu hastío.

Pero hay que trabajar.

Y por ello estoy aquí delante de la piedra retomando esta columna que mantengo por años y que ha servido en ocasiones para el desahogo y en otras para chismear o buscar pelea o para hacer bulliying literario porque claro, uno se convierte en lo que critica, en lo que ofende, en lo que resiste, sino pregúntale a Luke Skywalker, que ni escapándose a la isla dizque a pescar y leer los textos sagrados de la Orden del Jedi, pudo evitar su destino.

¿Es mi destino escribir esta columna? Quizás sí, quizás no. Por ahora, por estos próximos 10 minutos o lo que queda del segundo café del día pensemos que sí, que he nacido para escribir esta columna. Escribir en esta esquina de la vida. Escribir como algo inamovible pero también flexible. Escribir sin pensar en el dinero o en afiliaciones políticas. Todo lo que escribimos es político, pero prefiero seguir haciendo de payaso en este performance del vacío a aparecer con un certificado al lado de un candidato a estas alturas del torneo.

Ninguna literatura, ningún ejercicio escritural necesita eso. Pero hay gente para todo. Escribir esta columna entre los breaks del trabajo. Escribir desde la columna para dejar de fumar, para aprender algo de alguien, de ti, de mi mismo. Escribir la columna aunque te metas en problemas por ella. Sube el telón, te llega un libro, el autor de pide que escribas una reseña de esas tuyas tan audaces que tu haces, escribes la reseña y al escritor no le gusta lo que has escrito, se da cuenta de la maldad e intuye tu veneno. Es la primera vez que recibes insultos por algo parecido pero te das cuenta de que la escritura va más allá de lo que aguanta el papel. Debo ser como el papel y no como el escritor, me digo. Debo hacer como como el papel que lo aguanta todo. Escribir para masajear el ego propio o el de los otros. Escribir la columna. El telón todavía no ha bajado.

Carmen Fotonovelarte y el arte de lo factual: escribo también por envidia porque son pocas las veces que un libro puede llevarte a lugares desconocidos y no sé si estoy siendo leal y real al decir o llamarle libro a esta obra de fotonovelarte. La venerable Josefina Báez, que actúa desde su estrella como un faro moral e intelectual que nos sana y nos llena, nos deleita una vez más con unos de sus proyectos literarios, y así le llamo a esta Carmen ya que todo el trabajo de Báez, por más performance que sea, parte siempre desde un poeboxeo literario con la forma, la estructura, y el habla como una herramienta de enlace entre lo que se dice y lo que se hace. Josefina Báez no sólo propone una conversación entre lo social y lo escrito, sino que transita entre géneros literarios y artísticos sin importarle, y esto me consta, lo que pueda pensar la academia o el vulgo. Ese tipo de libertad artística tiene un precio que pocos pueden pagar, ya que requieren de una voluntad de hierro ante la desidia y el desapego de los arrogantes de la cultura. Esta vez, Josefina Báez propone la pequeña historia de Carmen, una morena orgullosa de serlo en un país que insiste en negar sus contradicciones raciales y sociales. Esta joven Carmen va por ahí con su afro y su soltura. Digamos que esto es justificable ya que si ella es atacada por algo tan intrínseco como su pelo, pues no hay nada más justo que use esto como una bandera de identidad. Sí, identidad, ya que aunque este proyecto es breve, encierra mucho. El buen artista no necesita amplitud para decir mucho. Warhol predijo que con 15 minutos sería suficiente. Muchos han salido decepcionados del Louvre al ver que La Gioconda es más pequeña de lo que imaginaban.

Los lectores que siguen con furor religioso la obra de Josefina Báez podrán confirmar que la capitana lo logra de nuevo y entrega en este libro-transformance una poesía no necesariamente de la palabra sino del habla, de los aspectos más importantes de la memoria y el apego. Escribo esta columna básicamente por envidia porque cuando uno ve proyectos como este uno quisiera estar montado en ese tren o haber soñado con algo parecido. El libro está disponible en formato físico y digital. Este proyecto cabe dentro de una plataforma más amplia que la artista ha denominado Levente Visual y que es una serie basada en diálogos con sus obras y performances anteriores en su bibliografía, textos, videoarte y audiovisuales. Un multiverso en toda regla. La acompañan en este trabajo Carmen Inés Bencosme, quien es fotógrafa; Pilar Espinal, actriz y bailarina; Esther Hernández Medina provee un aparato crítico-teórico al asunto y Kutty Reyes está a cargo del diseño, el layout y la ilustración.

Escribir la columna para elevar el discurso, aunque no sea perfecto. Escribir la columna para escribir, para leer, para pensar, para fracasar otra vez y mejor.