Punta de Lanza

La libertad sexual, la seducción, la galantería y el acoso

Por Yildalina Tatem Brache

En algún lugar leí, que “Nada es absolutamente argumentable para quien no quiere comprender”. Pienso que esto es precisamente lo que está pasando con la campaña en contra del acoso #Metooo#Yotambiény las personas que no quieren “darse cuenta” de lo que realmente se está exigiendo; entonces tergiversan y malinterpretan. Me duele mucho que ahora en lugar de estar hablando de acoso, estemos “defendiendo” o “atacando” un comunicado de “prominentes” de Francia. Claro, un tema sobre derechos de las mujeres se está posicionando en la agenda pública, hay que buscar distractores para que todo siga igual.   

Hace como 35 años que en mi Imperio de Salcedonia, hubo precursoras de este movimiento: dos historias breves y descarnadas para ilustrarlo...

1)     Acosador: “Muchachita pero que teticas que te están creciendo bonitas pa’ mam…” Respuesta de Cristy: “Ay si, igualitas que las de Laura su hija, que es mi compañera de curso en el colegio”.

2)     Cathy va por la acera, acosador: mirada lasciva, intimidatoria y fija hacia su vulva; pregunta: muchachaaaaaaaa y qué es todo eso? Cathy, se detiene, señala hacia su vulva y responde: eso señor, UN TO…, piiiiiiiii.

¿Por qué estos hombres “prestigiosos de la sociedad salcedence” se atrevían a hacer estas cosas? Es casi seguro que contaban con el miedo de las receptoras. Dos chicas que se atrevieron a responderles, ¿a cuántas se lo habrán hecho? Realmente pensaban que a las chiquillas entre 13 y 15 años les "gustaba" recibir este tipo de "retroalimentación" sobre cómo estaban creciendo y convirtiéndose en "objeto de deseo".

Cristy y Cathy, enfrentaron el acoso y lo narraron, con funestos resultados, les "pidieron" que dejaran eso así, que los hombres son “animales”, que a eso no se le hace caso, ni se le responde… 

Seguimos usando los mismos argumentos: las mujeres son unas exageradas, qué puritanismo y victimismo es ese. Si le dicen algo que usted no quiere escuchar, diga que no, y punto, tanta alharaca. ¿Cómo es eso de que los piropos están mal? ¿Cómo se va a enamorar la gente? ¿Qué va a pasar con la galantería? Ahora resulta que todo es acoso, no se va a poder mirar a las mujeres. Y mil expresiones más, que son excusas para continuar en lo mismo. Porque no se quiere reconocer la verdad, el acoso pasa todos los días en todos los espacios, y no quieren que lo denunciemos. 

Es más fácil opinar que somos unas exageradas. Porque claro que está mal la violación, no se trata de justificarla; pero ¿qué tiene que ver la violación y el acoso, con decirle cosas bonitas, con halagar, con hacerlas sentir “bellas y deseadas”, con el “juego de la “seducción”? Nos cosifican tanto, que quizás hasta es cierto que no logran hilvanar la dinámica subyacente en la idea de creer que pueden abordarnos siempre, en todo momento y en todo lugar.

Ahora han llegado más lejos, reivindican su “derecho a importunar”. No, no me he equivocado de conceptos, se nos solicita que no mancillemos honores de hombres buenos y honorables, que en nombre de la “galantería y la seducción” hayan cometido algún “desliz”. Y, sobre todo, se nos exige que dejemos el histerismo colectivo. Parece que la libertad sexual es que los hombres puedan decir y hacer a las mujeres todo lo que quieran, y que nosotras reaccionemos felices. 

Necesitamos una revolución cultural. Tenemos que lograr el salto cualitativo, que permita la comprensión de la libertad y del respeto de las mujeres, como personas legítimas. ¿Cómo es posible que estemos debatiendo sobre lo “injusto” y el “perjuicio” que pueda conllevar para algunos hombres que las mujeres hayan decidido denunciar el acoso? ¿Por qué se piensa, que los hombres no agresores, se perjudican con la denuncia de los agresores? ¿Por qué para muchas personas, es menos importante proteger a las mujeres acosadas? ¿Por qué quienes tienen tanta preocupación, no han creado un movimiento que exija a los hombres no acosar a las mujeres? ¿Por qué lo que quieren es que las mujeres no denuncien? Hacer justicia a tantas mujeres acosadas y violadas parecería que es menos importante.

¿Por qué no pueden recordar que hubo mujeres en el pasado, que denunciaron, y fueron condenadas al ostracismo y perdieron sus empleos? ¿No les parece motivo suficiente para que otras no se atrevieran a denunciar? ¿Por qué si realmente están tan preocupados por la justicia, no muestran empatía con tantas mujeres que han tenido que soportar calladas el acoso? ¿Las mujeres que han denunciado, no merecen protección y empatía? ¿Se merecen que les digan que quieren vivir como puritanas? ¿Que las “acusen” de montar un show mediático? ¿Soportar acoso es libertad sexual? ¿Exagero si no quiero que me aborde un desconocido que se considera con el “derecho” a valorar si estoy buena, bonita o deseable?

¿Cuál es la galantería y seducción presente en el hecho de que no puedas caminar sin ser abordada y que invadan tu espacio en las calles, en los pasillos, en las salas de espera, en los autobuses, en los carros públicos, en restaurantes y en cualquier lugar? ¿Cuántas relaciones consensuadas y permanentes surgen de la “galantería” de los piropos, o sea, del acoso cotidiano a que somos sometidas las mujeres? ¿De verdad, se piensa que, si vivimos respetando los espacios individuales y no acosamos, no podremos construir relaciones? ¿De verdad?

Que difícil puede ser entender la libertad. Cada vez encuentro más certeza en la expresión: “Cuando estás acostumbrado al privilegio, la igualdad puedes sentirla como tu opresión”. 

Aspiro a que todos los hombres, usen la lógica de Cipriano Algor, cuando se dice a si mismo que “No ha nacido para aprovecharse de circunstancias beneficiosas y comportarse como si un supuesto derecho a las satisfacciones resultantes de ese aprovechamiento, le diera permiso, como si estuviese justificado por las cualidades y virtudes que lo exornan, le fuese igualmente debido por el hecho de que es hombre y haber puesto su atención de hombre y sus deseos en una mujer”

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