“La Constitución es un pedazo de papel.”
Dr. Joaquín Balaguer
No hay mayor cinismo y desvergüenza que el de los actuales funcionarios quienes, al defender su fraude fiscal, aducen que el 16% de presión fiscal está consignado en la Ley de la Estrategia Nacional de Desarrollo, es decir, el 16% “está en la Ley, es legal, obligatorio.” La pregunta es: ¿no está el 4% del PIB para la educación también en una Ley? ¿Por qué no destacar la violación a esta Ley por todos los gobiernos recientes? Todavía más, ¿por qué mostrarse tan reacios y rebeldes a dar cumplimiento a esta disposición legal que sí tiene enorme aprobación popular? Claramente, hay leyes y leyes, leyes que se reconocen, defienden y cumplen según la Ley de la Propia Conveniencia.
Hay más, hay otras leyes. ¿Cuántas leyes se tuvieron que violar para alcanzar un déficit fiscal de tan enorme magnitud? Hay un principio económico-contable que se conoce desde hace mucho tiempo: toda diferencia entre ingresos y egresos, es decir, todo déficit, tiene que ser financiado. De aquí que Milton Friedman diga con la mayor razón que no hay tal cosa como una comida gratis. La comida la paga el cliente, la paga el mesero o la paga el propietario del restaurante, pero siempre alguien la paga.
El caso del gobierno no es distinto: para gastar por encima de las recaudaciones impositivas, el gobierno tiene que endeudarse, en el país o en el extranjero. La alternativa de liquidar activos, vender empresas medio quebradas, o tierras, quedó en el pasado por la simple razón de que al Estado dominicano ya no le queda nada por vender. Entonces, sólo le queda la ventanilla de la deuda pública. El recurso del “financiamiento inorgánico”, es decir, que el Banco Central imprima dinero para prestárselo al gobierno, está presuntamente proscrito por la Ley Monetaria y Financiera. Pero, ¿no da lo mismo pedirle prestado al Banco de Reservas, un banco comercial propiedad del gobierno de turno? Y luego que el Banco Central y el Banco de Reservas se las arreglen bajo cualquier pretexto y título, una simple triangulación financiera.
El déficit fiscal se convirtió en deuda pública, ése es el hecho. Deuda pública que es deuda de todos y cada uno de los dominicanos, en la proporción en que el gobierno les pueda ir cobrando a unos y otros. Es decir, la deuda la iremos pagando cada uno según se nos aumenten los impuestos individualmente: unos pagarán más que otros. La pregunta es: ¿y no se sabía esto de antemano, que el déficit fiscal se convierte en deuda, y que financiar deuda con deuda es una estrategia financieramente insostenible? Por supuesto que sí. La Ley Orgánica de Presupuesto para el Sector Público, por ejemplo, dice lo siguiente:
“Artículo 44. Las apropiaciones presupuestarias aprobadas por el Congreso de la República constituyen el límite máximo de gasto, sujeto a la disponibilidad efectiva de los ingresos estimados, que podrán disponer los organismos públicos comprendidos en este título con el propósito de cumplir con las políticas, objetivos, resultados y metas previstas.”
Todo en interés de reducir el gasto público al montante de las recaudaciones impositivas, lo que se conoce como el Principio de las Finanzas Sanas. ¿No violó el gobierno saliente esta ley? Por supuesto que sí, pero pásele el expediente a nuestro flamante Tribunal Constitucional y éste encontrará la manera, entre juegos de manos lógicos, retruécanos de la lengua y jurisprudencia extranjera, de decir que no, que pasarle por encima específicamente a esta Ley, o de la manera en que se hizo, no viola la Constitución. De nuevo, hay leyes y leyes, según la Ley de la Propia Conveniencia. Por ejemplo, para alcanzar este record de 180 mil millones de pesos en un solo año, ¿se cumplió con la Ley de Compras y Contrataciones?
“Cada país tiene el gobierno que merece”, dice de Maistre, y ciertamente nosotros no merecemos otra cosa que los políticos gobernantes que hemos tenido, por nuestra incapacidad de conciliación y acción conjunta, nuestra ceguera de no reconocer otro interés o derecho sino el propio y nuestra ciudadanía pasiva, la idea de que son los héroes los que harán. Nada de esto es extraño o fortuito. Si un sistema, el que sea, no se mueve, se encuentra en una forma de equilibrio en que fuerzas opuestas se cancelan. Que haya o no sufrimiento no importa, mientras una fuerza no supere a la otra, el reposo se puede mantener ad infinitum, nuestro malestar puede ser para siempre.
Dice Marx: “No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia.” Tras el ordenamiento jurídico que tenemos (algunos dicen: “avanzado”, “progresista”, etc.) debemos ver el imperio de tres leyes fácticas fundamentales: la Ley del Menor Esfuerzo, la Ley de la Conveniencia y la Ley del Más Fuerte. La última nos iguala a los animales, al decir de Engels; todo lo demás es: “… teatro, puro teatro.” El Dr. Balaguer sabía lo que decía; él mismo dijo que la corrupción –que nunca persiguió- se acababa en la puerta de su despacho. Ciertamente, la Constitución es un pedazo de papel; le faltó decir: “… de baño, usado.”